<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718</id><updated>2011-07-30T19:03:26.209-07:00</updated><category term='Pensamientos al aire'/><category term='Introducción'/><category term='El manicomio'/><category term='Es lo que hay'/><category term='El sorteo'/><category term='Siete años'/><category term='El proyecto B'/><category term='Pimkye y Dogger'/><category term='La muerte de Josh Culberson'/><category term='La hora'/><category term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>James Stapleton</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-7005470462349030782</id><published>2010-07-21T10:28:00.000-07:00</published><updated>2010-07-21T10:29:24.163-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte VI)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;“A Pete J. Hawks no se le escapa nadie vivo…”, se dijo a sí mismo el agente mirando por la ventana de su despacho. Usó todas sus influencias y medios a su alcance para dar caza a los tres fugados y al traidor que los había ayudado, respuesta habitual de los que son presa de obsesiones enfermizas, que ven al demonio detrás de cada esquina, en cualquier lado excepto en ellos mismos. Siete dotaciones de hombres, tres helicópteros, dos vehículos acorazados y toda una red de espías formaban el equipo a su mando para la solución del problema, un verdadero ejército, armado y entrenado, para capturar a tres personas indefensas, esta es la desmesura del imperio…&lt;br /&gt;“Winchester Old Tavern, 9:30 a.m.”. Pimkye, Dogger y Preciosa esperaban sentados a una de las mesas del local. A las diez en punto, diez y cinco minutos por el reloj de la pared del pub, entraba por la puerta el agente “bueno”. Michael B. no dio ningún rodeo, se sentó y fue directo al asunto manteniendo la misma cara inerte que, anteriormente, habían visto en el hombre del pelo blanco y les miraba con los mismos ojos inquisidores.&lt;br /&gt;_ Supongo que no sabeís leer, no? Es igual, podeís escuchar… …prestad atención.&lt;br /&gt;Cuando los españoles descubrieron América, encontraron una fuente de riqueza ilimitada con la que financiar el avance sobre el resto de lo que luego fue Europa y del mundo conocido hasta el momento. Cegados por una leyenda sobre una ciudad de oro, exploraron intensamente todo el continente en su búsqueda. No obteniendo resultados a corto plazo, tomaron la decisión de exprimir a los nativos. Las torturas fueron habituales. Un gran jefe inca, destrozado por el dolor y el sufrimiento de su pueblo, reveló el secreto de unas piedras mágicas, herencia del antiguo imperio maya. Esas piedras generaban hombres y mujeres a partir de animales. Para los españoles, esas piedras eran un tesoro de incalculable valor, mucho más valiosas que el mismo oro, con ellas podrían “fabricar” un ejército infinito para la guerra y tener mujeres fértiles con las que aumentar la población del imperio.&lt;br /&gt;En el traslado a España, el galeón que las transportaba fue atacado por la piratería inglesa que se apoderó del botín. En la isla tardaron algún tiempo en descubrir el uso de las piedras, pero terminaron por comprender su valía.&lt;br /&gt;Años más tarde, Inglaterra llevó de nuevo las piedras a América para aumentar su ejército y aplastar la sublevación independentista. Aún así, no lo consiguieron, ese tipo de guerras se ganan o se pierden en función de la pasión, no del número de hombres que formen los batallones. Vencidos, los ingleses se retiraron del continente dejando las piedras.&lt;br /&gt;Tiempo después, estalló la guerra civil entre el norte y el sur. Fue una guerra cruenta y salvaje y las bajas, militares y civiles, ingentes, hasta el punto que la población disminuyó tanto que amenazaba seriamente la continuidad del joven estado de estados. Abraham Lincoln decidió recuperar las piedras de su escondite y repartirlas por todo el país para incrementar el censo de manera rápida, todo esto en el mayor de los secretos para no tener problemas con sus detractores, que eran muchos, todo hay que decirlo. A este respecto, existe una anécdota que cuenta que fue un gato persa transformado en hombre el que mató al presidente cuando descubrió el secreto.&lt;br /&gt;Desde entonces, han estado por ahí dispersas las piedras hasta que la CIA encontró el modo de localizarlas para retirarlas de circulación. La de Paradise Hills ha sido la última. Muchos años han sido los que han estado las piedras generando contribuyentes a partir de animales. Este es el verdadero origen de nuestra nación y la única manera de entender nuestro presente.&lt;br /&gt;_ Joder! Oírte hablar es como si escuchara chino…_ dijo Dogger, que de historia humana andaba un poco escaso, la verdad.&lt;br /&gt;_ No importa, tú no tienes que entender nada, quien ha de entenderlo, si llega el caso, es el redactor jefe del Washington Post. Aquí teneís un informe completo con todo lo que acabaís de escuchar y un dossier con decenas de casos reales en el que se incluye el relato de Elvis, que, no sé si lo sabeís, seguro que no, era un pavo.&lt;br /&gt;_ Y esto, para qué?_ preguntó Preciosa.&lt;br /&gt;_ Os he ayudado, ahora espero que me ayudeís vosotros a mí. Teneís que volver a la granja y hablar con el agente Pete, el que os interrogó, bueno, por decir algo… Debeís obligarle a declarar sus delitos presionándole con llevar estos papeles al periódico.&lt;br /&gt;_ Y qué ganamos nosotros con esto?_ volvió a preguntar Preciosa.&lt;br /&gt;_ Vivir! Y con suerte, algo más…&lt;br /&gt;Aquel hombre misterioso salió del local inmediatamente después de terminar la conversación dejando, prácticamente intacto, el té con limón que había pedido. No podía permitirse el lujo de estar más tiempo fuera del cuartel. Si por algún casual, alguien allí lo echaba de menos en pleno despliegue por la búsqueda de los fugados, no tardaría mucho en relacionarlo directamente con el hecho y eso supondría su “pasaporte” definitivo.&lt;br /&gt;Tardó escasos diez minutos en regresar y fingir sorpresa por lo sucedido, pero esos pocos minutos son muchos cuando al mando hay una mente retorcida que sospecha hasta de sí mismo cuando se mira al espejo. El agente Michael fue llamado al despacho de su superior. Allí le esperaba un gabinete de crisis que evaluara la situación y fijara los operativos pertinentes, o al menos eso fue lo que le dijeron. En la sala estaban el jefe de grupo, el agente Pete, su lacayo y sombra el agente John y un cuarto hombre vestido con traje caro, sin duda alguna un halcón de Washington. Michael B. entró con claros gestos de preocupación y dispuesto a aportar ideas con las capturar de nuevo a los fugados, pero su iniciativa y su ímpetu no sirvieron para evitar la tormenta desatada por un “traidor” fulminante que gritó Pete Hawks. “Lo sabemos todo, Michael, nunca fuiste una lumbrera… …olvidaste la micro cámara del techo del almacén… No encontraremos impedimento para acusarte de alta traición y condenarte por ello!”.&lt;br /&gt;El plan del agente Michael se hundió. No solo no había conseguido su principal objetivo, que era acabar con Pete, sino que además le había encumbrado delante del hombre de Washington, sumando a esto que sería ejecutado. Solamente un milagro podría salvarle de aquel destino injusto, un milagro como que tres perros gestionen con éxito un chantaje a toda la inteligencia americana.&lt;br /&gt;Aún en la vieja taberna, Pimkye, Dogger y Preciosa permanecían sentados a la mesa intentando asimilar todo lo escuchado. No era algo simple y todo adquiría un matiz tenebroso al tener que añadir el desarrollo de un plan muy arriesgado. Muchas mentes criminales e inteligentes habían intentado sin éxito una empresa así, por qué ahora tres mentes inmaduras iban a conseguirlo? También podrían olvidar el tema y desaparecer para vivir una vida humana, cosa poco probable cuando la CIA te está buscando como si fueras el enemigo público número uno. Fuera como fuese, las probabilidades de morir eran muy altas y cuando esto es así, lo mejor es hacerlo en plena acción y no con el plomo por la espalda mientras se huye.&lt;br /&gt;Pimkye, seguro de sí mismo y apoyado en su contundente liderazgo, dijo “ya está, iremos allí, hablaremos, bueno, hablaré yo, y ya está…”, aunque esa no era idea que sedujera a su amigo Dogger. Éste quería elaborar un poco más el plan. Su idea fue copiar el informe y distribuir las copias por distintos lugares para no perderlo nunca, tal y como solía hacer cuando era perro y su familia le regalaba un hueso que lo troceaba y lo repartía por todo el jardín. Una vez hecho esto, encararían al tipo del pelo blanco con cierta seguridad de que no les mataría, no al menos sin pensárselo un par de veces antes. Sin argumento alguno, tan solo porque no había salido de su boca, Pimkye ridiculizó el plan de Dogger. Era inadmisible que la expedición liderada por él siguiera planes que no se hubieran cocido en su cabeza. Burlándose de su amigo y sin pensar mucho, desestimó la actuación y les obligó a seguir su idea, “no hay más que hablar…”, dijo, “vamos a solucionar esto!”.&lt;br /&gt;El interfono del despacho del jefe de grupo sonó. Un “están aquí otra vez” se escuchó. La orden fue clara y concisa, “que suban inmediatamente!”. Fueron escoltados y dirigidos hasta allí.&lt;br /&gt;La tensión se mascaba en el interior de la sala. Los hombres de negro miraban con desprecio a los tres elementos peligrosos, con el mismo desprecio que se mira a una cucaracha o a una rata. Dentro de un silencio sepulcral, Pimkye dio un paso al frente y habló con una autoridad que él mismo se había otorgado: “tenemos algo que les podría hacer daño… Si lo quieren, han de darnos lo que pidamos!”. El tipo del pelo blanco levantó una ceja, dibujo una sonrisa en su cara y dijo “Eso que tienen en su poder, por casualidad, no serán esos papeles que lleva en la mano…?”&lt;br /&gt;_ Sí, estos son!_ respondió Pimkye con orgullo.&lt;br /&gt;_ Dígame algo, amigo_ continuó Pete_ por qué razón yo no podría, ahora mismo, pegarle un tiro en la cabeza y recuperar mis papeles?&lt;br /&gt;Toda la altivez y la prepotencia del líder se vinieron abajo. Pimkye, tan seguro, tan valiente y decidido, se tornó en un muñeco de trapo, débil e indefenso, sin argumento alguno con el que contestar. Dogger le miró y sonrió. A pesar de tener la muerte muy cercana fue toda una satisfacción ver cómo su “líder” sentía todo el peso de su torpeza y de su ignorancia sobre sus hombros, torpeza e ignorancia perdonables en errores domésticos, pero nunca cuando la vida está en juego o cientos de millones de dólares.&lt;br /&gt;El agente Pete y sus compañeros también sonreían. Era más que claro, cristalino, que eran ellos los que manejaban la situación y que tenían solucionado el problema sin tener que gastar el dinero del contribuyente en un despliegue masivo. Fue en el momento idóneo, justo cuando el agente John se disponía a coger su arma reglamentaria de la cartuchera, cuando Dogger habló: “esperen un momento señores! Una copia de estos papeles están en poder una persona que los llevará a cierto periódico si no salimos vivos de aquí… Como ves, Pimkye, yo también hago cosas a tu espalda…”&lt;br /&gt;Esa frase cambió el panorama radicalmente. Revisados los papeles que obraban en poder de los tres perros, la situación no era para actuar a lo loco, habría que medir mucho cada movimiento. El hombre de Washington, desde el fondo del despacho, visiblemente enfadado por tener que hacerlo, claudicó, “qué quieren?”, preguntó. Pimkye fue a hablar y exponer sus peticiones pero Dogger le paró con su brazo y dijo, de manera arisca, “no, tú no, ahora hablaré yo!”, cosa que Preciosa, como mujer inteligente, supo apreciar.&lt;br /&gt;_ En primer lugar_ expuso Dogger_ queremos que liberen al agente Michael y que escuchen todo lo que tiene que decir sobre los métodos de su colega aquí presente, el agente del pelo blanco. Investíguenlo y comprobarán que este hombre es un vulgar delincuente…&lt;br /&gt;El agente Pete Hawks, fuera de sí, a punto de ser descubierto, con un movimiento realmente profesional, agarró a la mujer por el cuello y le puso su pistola en la sien. “ Atrás, ni un paso… …todo lo he hecho por la patria, por la bandera! No pueden prescindir de mí porque tres tarados me acusen, no pueden!!” Fue una declaración de culpabilidad en toda regla que el hombre del gobierno supo leer. Bastante mala fama soportaba ya la inteligencia como para tener que cargar con un escándalo así. Miró al jefe de grupo que, a su vez miró al agente John. Éste, sin esperar orden alguna, disparó a la cabeza de su colega.&lt;br /&gt;Era una situación muy complicada el tener que seguir negociando con personas que no dudaban en apretar el gatillo, aunque Dogger continuó. “Hay más. Queremos saber si hay posibilidad de retroceder la acción de la piedra. Quizá deseemos volver a ser perros… En cualquier caso, queremos total inmunidad. A cambio, ofrecemos la devolución de los papeles y de la copia y nuestro silencio absoluto”.&lt;br /&gt;El halcón del gobierno sacó un cigarrillo de su chaqueta, lo encendió y, con resignación dijo “jefe Whitaker, su turno. Hable!”&lt;br /&gt;_ Sí, señor_ obedeció el jefe de grupo_ Existe un programa, “Silencio seguro”. Nuestros científicos han desarrollado una máquina que deshace el camino de transformación…&lt;br /&gt;_ Y eso, por qué, si puede saberse…_ preguntó el halcón.&lt;br /&gt;_ Señor, en caso de conflicto bélico complicado, transformaríamos a miles de animales. Luego volverían a sus estados originales para que no pudieran hablar nunca de la órdenes que recibieron y para evitar el molesto problema de los veteranos descontentos. Tengo que informar de que el proceso es largo y doloroso, así que les sugiero a ustedes se lo piensen con calma.&lt;br /&gt;Tratados con mucha amabilidad, fueron llevados a otra sala donde no faltaba de nada, comida, bebida, sofás cómodos, televisión por cable… Allí podrían meditar tranquilamente. Después de mucho pensar y de sopesar todas las posibilidades, Dogger, al que Pimkye ya no miraba a la cara, se levantó de uno de los sofás y habló:&lt;br /&gt;_ Yo no volveré a ser perro! Como perro mi vida era fácil, pero siempre he tenido que estar a tu sombra Pimkye. Como humano, he descubierto que se me da bien eso de pensar y que lo hago mucho mejor que tú, por lo que es una vida nueva, sí, pero libre de tu egocentrismo y solamente eso ya merece la pena. A tu lado, Pimkye, solo existe una manera de estar contento y es estar siempre por debajo de ti. Eso ni es amistad ni es nada y he decidido que ya no quiero compartir nada contigo. Además, amo a Preciosa y deseo, necesito pasar con ella miles de años juntos siendo consciente de ello y eso solamente es posible viviendo como humanos…&lt;br /&gt;_ He de decir algo_ interrumpió Preciosa_ y es que yo también te amo. Eres mil veces más hombre que otros… Me tratas con cariño y te has preocupado por mí… Sí, yo también te quiero.&lt;br /&gt;Pimkye rompió a llorar. La graduación superior que ostentaba había desaparecido y ya no tenía nada que mandar ni nadie a quien mandar, que era lo que realmente le hacía sentir bien. “Y qué coño hago yo ahora? Qué hago yo…??”, preguntó con rabia mirando al techo.&lt;br /&gt;Cuatro horas después, por la puerta principal y una vez devueltos los papeles y la copia, una pareja salía, con la cabeza bien alta y cogidos de la mano, mirando con alegría a un pastor belga risueño que jugueteaba a su alrededor con devoción. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-7005470462349030782?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/7005470462349030782/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-vi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7005470462349030782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7005470462349030782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-vi.html' title='Pimkye y Dogger (parte VI)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-1267705528754671473</id><published>2010-07-15T10:30:00.000-07:00</published><updated>2010-07-15T10:31:01.058-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte V)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Para obtener algo de alguien se puede hacer como hizo Preciosa, pero me temo que la CIA no usa esos métodos. Tampoco golpea, no sea que se enfaden los demócratas amantes de la falacia esa de los derechos humanos. Su arma es mucho más temible y demoledora: juega con el tiempo. Uno puede ser o no partidario o fanático de ellos, pero, seguidor o detractor, hay que reconocer que dominan a la perfección el arte de manejar el tiempo que usan como un peso ingente que presiona las conciencias de sus objetivos. Pimkye, Dogger y Preciosa permanecieron en aquella sala vacía el tiempo suficiente como para que desapareciera cualquier rasgo de cordura o dignidad antes de que alguna persona les dirigiera una sola palabra. Esa persona fue Pete Hawks, un agente de la vieja escuela, alto, no guapo pero atractivo, con el pelo blanco muy poblado, un individuo temido incluso entre sus colegas que, según decían, sabía tantos secretos que el mismísimo presidente, fuera el que fuera, le rendía pleitesía. La desestabilidad emocional de los perros junto con la altivez del agente hicieron que la entrada en la sala fuera, en sí misma, ya un triunfo. No tuvo la necesidad de tener que preguntar o de usar datos confusos y manipulados para hacer hablar a sus presas. Es cierto que el tal Pete no sabía por qué estaban allí aquellos tres individuos, solamente conocía el hecho de que habían golpeado a un agente para obtener información y eso, para un granjero, es síntoma de que eres un ente indeseable y peligroso al que hay que exprimir hasta las últimas consecuencias. Apartó la silla de la mesa con desprecio y se sentó delante de ellos con los brazos apoyados en el borde y los dedos de ambas manos cruzados entre sí, en una clara actitud de espera de declaraciones.&lt;br /&gt;Ese hombre provocaba mucho temor en los encerrados. Les miraba como si pudiera ver más allá de sus cuerpos, más allá de la carne y los huesos y observara directamente sus almas. De ser esto posible, ya sabría que no se trataba de personas sino de perros, lo que le abriría las puertas a cualquier brutalidad que se le pasara por la cabeza con la impunidad que proporciona el vacío legal entorno a la violencia contra los animales. Seguramente terminarían sus días tirando de un carro en alguna mina, rodeados de pit bulls sanguinarios, todo ello sin haber cambiado de cuerpo… Estaban desvariando. Lo que decía, el aislamiento al que fueron sometidos hizo que tuvieran miedo hasta de lo más insignificante, que tuvieran miedo incluso de ellos mismos.&lt;br /&gt;En un alarde de cordura, algo totalmente inusual en ese tipo de salas, Pimkye supo que no tenían más opción que mostrar sus cartas y esperar consecuencias. Aún dentro del peligro que conllevaba, siempre era eso mejor que seguir devanándose los sesos con visiones de realidades ficticias. Miró a sus compañeros, miró al hombre del pelo blanco, tomó aire, exhaló con fuerza y se autoproclamó portavoz de la expedición. Entonces, se incorporó en la silla y habló.&lt;br /&gt;El soliloquio se alargó durante horas. Narró, con todo lujo de detalles, todos y cada uno de los segundos transcurridos desde el encuentro con la maldita piedra y el momento en que pusieron un pie en Virginia: habló de su casa en el jardín, del magnífico muslo de su ama, de los mil y un usos de la mano humana, de la casa abandonada y embrujada, habló de Paradise Hills, de la mujer del motel y de todo lo que hizo con ella, del viejo, de lo buena que es la comida de los hombres, del bicho volador… Incluso, en un ataque de sinceridad, llegó a contar, delante de él, que mintió un par de veces a Dogger para poder disfrutar de Preciosa a solas, antes y después de ser mujer. Ya estaba todo dicho, solo restaba esperar las reacciones del agente allí presente. Éste ni se inmutó, no movió un solo músculo de su cara después de haber escuchado el relato. Así era imposible descifrar qué impresión podría haber causado la experiencia relatada en él o qué pensaba al respecto. Lo único claro era que aquel tipo, y la organización a sus espaldas, estaban al tanto de la existencia de la piedra y no lo ocultaban. Para él hubiera sido realmente fácil reírse de Pimkye para ridiculizarle y poder tildarle de loco, deshaciéndose así de un pequeño problema, pero no se rió, no dijo nada, simplemente se levantó de la silla, miró a un gran espejo en un lateral de la sala y salió de allí cerrando de nuevo la puerta detrás de él. El agente Pete se dirigió a una sala contigua donde tres compañeros suyos, dos agentes y el jefe de grupo, observaron todo lo sucedido. El jefe, como responsable, preguntó a Pete “bueno, tú dirás… qué hacemos con ellos?”&lt;br /&gt;_ Sin duda alguna, jefe, matarlos…_ respondió, impasible.&lt;br /&gt;_ No creo que sean una amenaza, Pete_ intervino uno de sus colegas.&lt;br /&gt;_ No? Son ingenuos, sencillos e inocentes, eso les convierte en la mayor amenaza para esta asociación y para el país!&lt;br /&gt;_ Y desde cuando esos rasgos son una amenaza?_ repitió pregunta su colega.&lt;br /&gt;_ Desde siempre! Un ingenuo pregunta sin reparo alguno a cualquiera que se cruza en su camino, incluso al mismo diablo, sin importarle, por ignorancia claro, el riesgo que pueda correr; un hombre sencillo piensa con sencillez y ése es el principal camino para entender el sistema que nos mantiene en lo alto de la pirámide. Esto no nos conviene; un inocente no tiene nada que perder, es fuerte y seguiría husmeando hasta el final; todo esto combinado en una misma persona es un misil directo a nuestro corazón… Hay que matarlos, jefe, los muertos no meten sus narices en ningún asunto…&lt;br /&gt;_ Y tú John (el cuarto en la sala), qué opinas?_ preguntó el jefe.&lt;br /&gt;_ Yo… …yo estoy con Pete, inyección letal y a Sonora!&lt;br /&gt;_ Bien!_ dijo el hombre al mando_ decidido por dos votos a uno. Dispónganlo todo, ha de hacerse hoy mismo.&lt;br /&gt;Los cuatro tipos salieron de la sala y avanzaron por el pasillo rápidamente para atender con prontitud las órdenes recibidas. Uno de ellos, el agente discrepante, un tal Michael B. mostraba claros signos de pesadumbre. Él había visto lo mismo que los demás, tan solo a tres individuos asustados que habían tenido la mala suerte de toparse con la piedra. Sí, eran perros, pero también personas, matarles era un asesinato en toda regla… Pero ahí estaba Pete y su sed de sangre sin límite y su lacayo John apoyando todo lo que salía de la boca de su amo, más por temor que por otra cosa. Pobres diablos, buscando ayuda se encontraron con la muerte porque nadie que ha sido condenado oficiosamente en la granja ha salido con vida.&lt;br /&gt;En algún otro lugar del monstruoso edificio, el agente Pete Hawks, encargado de dirigir el operativo, solamente tuvo que mirar a uno de sus subordinados para que éste supiera lo que había que hacer. Sí, amigos, en la granja las formas son idénticas que en la mafia, nada de papeles, nada de órdenes por teléfono, todo se hace de palabra o a través de miradas si lo que se está ordenando ya está cocido de antemano. El subordinado, sin cuestionar ni una sola coma de la orden recibida, fue a un departamento cercano y cogió tres jeringuillas llenas de un líquido espeso y amarillento. Podría decir que, para llegar hasta ese departamento, ese chico tuvo que pasar dos controles de seguridad, introducir sus huellas digitales en un artefacto sofisticado anclado en la pared y poner uno de sus ojos en un lector de retinas para abrir la última puerta que daba acceso a la habitación donde se guardaban las jeringuillas aquellas y más de quinientos utensilios, químicos o no, que servían para acabar con la vida de forma silenciosa y sin dejar rastros que el FBI pudiera seguir, pero no fue así. La habitación no estaba vigilada por nadie y, una vez dentro, con abrir un cajón bastaba para tener camino libre al líquido letal. Del mismo modo que uno guarda la ropa interior en un lugar cómodo y accesible de la casa, en la CIA, las “cosas de matar” se guardan en lugares de rápido acceso. Es una cuestión de pragmatismo, lo habitual y cotidiano ha de estar “a mano”…&lt;br /&gt;Con las inyecciones dispuestas e incluso etiquetadas con los nombres “perro I”, “perro II” y “perro III”, se activó el protocolo de operaciones de segundo grado referente a intervenciones con resultado de muerte en las propias dependencias, artículo cuarto, párrafo décimo del reglamento interno, de conocimiento obligatorio para agentes y operarios de la CIA. Esto conllevaba dos hombres fuertes que sujetaran al condenado, dos hombres armados que vigilaran a sus acompañantes, un médico que suministrara la química y cuatro mozos provistos de bolsas de plástico que almacenaran los cuerpos a la espera de traslado. Yo me pregunto por qué se empeñan estos agentes tan secretos y tan eficientes en el arte de matar en hacer las cosas tan difíciles. Digo yo que hubiera sido más fácil que el propio Pete hubiera sacado su pistola y les hubiera pegado un tiro, no? Supongo que actuar de manera tan protocolaria les hace creerse más profesionales. Aún así, sigo pensando que es absurdo comportarse como los malos en las películas de James Bond, que tardan una eternidad en liquidar al bueno narrando sus maléficos planes lo que les hace perder una oportunidad de oro que no volverán a tener. Con tanto reglamento y tanto artículo, la comitiva de la muerte también perdió su oportunidad. Cuando abrieron la puerta de la sala hermética donde se encontraban los elementos peligrosos a eliminar, éstos ya yacían inertes en el suelo.&lt;br /&gt;_ Agente P.! Alguien ha hecho el trabajo por nosotros antes de que llegáramos…_ dijo el médico hablando al reloj que llevaba en su muñeca izquierda.&lt;br /&gt;_ Bueno, el camino no importa, sólo el resultado y es el esperado… Deshaceos de los cuerpos!&lt;br /&gt;Los tres cuerpos, fríos y pálidos, fueron metidos en las bolsas de plástico y llevados al almacén. Una vez allí, habría que activar el protocolo de actuación de tercer grado, traslado de deshechos incómodos a lugar seguro e ilocalizable, artículo quinto, párrafo primero del reglamento, lo que tardaría alrededor de diez minutos, el tiempo necesario para que la orden descendiera por la cadena de mando. Nueve minutos, treinta y ocho segundos, luz verde al traslado. Lo usual era usar el vehículo frigorífico de doble fondo con publicidad de industrias cárnicas “Jones”, un pequeño trayecto hasta el helipuerto secreto a las afueras de Virginia y de ahí, por aire, a Sonora. Se dice que, en unos diez años aproximadamente, ese desierto dejará de ser yermo y pasará, paulatinamente, a ser un bosque debido al numeroso “abono” humano que hay enterrado en su subsuelo, contribución generosa de los servicios secretos americanos y de los narcotraficantes mexicanos.&lt;br /&gt;Todo se desarrolló con minuciosidad justo hasta el momento de descargar la “carne” para pasarla al helicóptero. Fue ahí donde, por caprichos del destino o por torpeza de los mozos, una de las bolsas cayó al suelo rompiéndose la cremallera que la cerraba. El agente John, al mando de ese protocolo por expreso deseo del agente Pete, pudo ver el contenido de la bolsa. Sí, era un muerto_ en la granja guardan muchos_ pero no era el muerto que debía ser. Se comprobaron los otros dos bultos y tampoco coincidían. Sin tiempo que perder, había que informar al mando, “Mr. Pete, tenemos un problema…”.&lt;br /&gt;Una hora antes, la puerta de la sala hermética se había abierto y el agente Michael había cruzado su umbral. Michael B. llevaba años trabajando para los servicios secretos americanos. Desde su ingreso siempre mantuvo la fe en el sistema y en que su empleo servía para proteger el modo de vida americano, hasta que se cruzó con Pete Hawks. Sus métodos sanguinarios no cuadraban con el concepto que Michael B. tenía de seguridad del estado y esto sirvió para que se le cayera la venda de los ojos y pudiera ver con objetividad la realidad de la asociación para la que trabajaba. Ese día, hastiado ya de ver morir a gente, inocente y no inocente, su conciencia dijo “hasta aquí” y decidió actuar conforme a lo que su corazón dictaba, que no era otra cosa que parar los pies a su odiado y despreciado colega, Pete. Así que entró en la sala. Antes se había encargado de las cámaras de seguridad interna. Con premura, explicó a los tres detenidos la situación y les convenció para suministrarles una inyección, otro tipo de inyección, una que quitaba la vida igualmente pero que la devolvía pasados unos minutos, una herramienta diseñada para facilitar la huida de políticos en caso de que se vieran comprometidos por los pesados esos de los defensores de los derechos humanos. Luego salió de allí y fue al almacén donde esperó. Tuvo nueve minutos y treinta y ocho segundos para dar el cambiazo. Para cuando se descubrió el engaño, los chicos ya habían “resucitado” y, vestidos de operarios de la granja, salieron del edificio por la puerta principal sin mirar atrás. En sus cabezas revoloteaba el miedo y unas palabras que su salvador les había dicho antes de dejarles: “Winchester Old Tavern, 10:00 a.m.”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-1267705528754671473?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/1267705528754671473/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-v.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/1267705528754671473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/1267705528754671473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-v.html' title='Pimkye y Dogger (parte V)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-1316943308733538213</id><published>2010-07-06T09:34:00.000-07:00</published><updated>2010-07-06T09:35:14.708-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte IV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Efectivamente, no se equivocaron y la zona residencial donde antes vivían no había cambiado, lo que, por otra parte, es totalmente normal porque unos pocos días no dan para mucho, pero, teniendo en cuenta que eran perros y que su esperanza de vida, en el mejor de los casos, es de catorce o quince años, también es normal pensar que su percepción del tiempo es radicalmente distinta a la humana y que esos pocos días que llevaban fuera del hogar y lejos de sus amos para ellos fuera como toda una estación.&lt;br /&gt;Todo estaba en su sitio: la casa de los Morrows en la esquina de Oak Ave con Moonlight Terrace; el viejo Nero, el san Bernardo de los Giggs, tumbado en el jardín delantero viendo el mundo pasar; el caserón embrujado con la misma maleza cubriendo la fachada; la señora Baltimore barriendo, seguramente por enésima vez en el día, el porche que su marido le construyó en su vigésimo aniversario… Era enriquecedor pasear por esas calles y sentir la armonía estable y segura que reinaba en aquel lugar y que lo hacía el mejor lugar del mundo. Pimkye pensó que, de finalmente tener que quedarse como humano, que era más que probable después de lo que el viejo del campo les dijo, buscaría un trabajo cerca y se compraría una casa en ese lugar de la que hacer su hogar. Pensó también que, ya que sería vecino suyo, con disimulo y sin levantar sospechas en su amo macho alfa, se haría amigo de su ama para poder estar cerca de ella. Era muy buen pensamiento, uno de esos que te hacen dar gracias por estar vivo, aunque lo mejor sería, no sabía cómo, volver a ser perro en cuerpo y alma y no tener que enfrentarse a problemas humanos que no eran suyos.&lt;br /&gt;Hacia el final de Moonlight Terrace, Preciosa se separaría de sus amigos (amigos, por decir algo, porque solamente la quieren para una cosa). Ella debería tomar Rose Ave a la derecha para llegar a su antiguo hogar mientras que los otros dos deberían tomar, un poco más adelante, Butterflies Ave a su izquierda. Antes de esto, acordaron volver a encontrarse en la casa abandonada una vez hubieran visto a sus familias.&lt;br /&gt;Habiendo dejado atrás a su compañera, los dos amigos siguieron adelante con la excitación creciendo en su interior a medida que se iban acercando a sus hogares. Era por la tarde y los niños estarían jugando en el jardín delantero, con lo que podrían verlos desde la distancia de la calle, sin tener que llamar a la puerta con alguna excusa nimia. Inconscientemente, frenaron sus pasos, sin duda alguna a causa de los nervios, pero es igual, porque despacio también se llega a todas partes, así que, llegaron hasta la linde y se pararon detrás de un viejo árbol que separaba las dos parcelas de los chicos. Y sí, los niños corrían por el jardín, los amos niños de Pimkye y los de Dogger, juntos, como buenos amigos y vecinos. Sus papás charlaban en el porche entre mirada y mirada a sus pequeños. La visión era justo la que esperaban ver, aunque algo no marchaba como ellos esperaban, había algo diferente, una pieza que no terminaba de encajar en el puzle familiar, un no sé qué que les hacía sentir como si estuvieran en una realidad paralela, en otro universo donde existía ese mismo barrio pero donde no había ni vestigio de ellos. Los niños reían como nunca lo habían hecho y el suelo estaba lleno de juguetes caninos nuevos. De la tristeza, el llanto amargo, los carteles recompensando la información del paradero, ni rastro. Todo esto no se da cuando el lugar que alguien dejó ya no está vacío. Dos cachorros de bóxer, preciosos y graciosos, correteaban torpemente entre las piernas de los niños, ése era el algo extraño, esas dos “cosas” pequeñas…&lt;br /&gt;La punzada en el corazón fue letal, únicamente comparable al pinchazo profundo y doloroso que se siente (o que se debe sentir, nunca tuve la desgracia) cuando uno sube la escalera de su casa y, al entrar en su habitación, ve a su mujer “retozando” con ese tipo que conoces y que odias. Paralizados, desearon la muerte. Estaban olvidados, muertos y enterrados, ellos, que eran parte activa de esas familias, ellos, que eran los mejores amigos de sus críos, ellos, los mejores guardianes, liquidados, eliminados, borrados de sus vidas a las primeras de cambio. El cruel destino, no contento aún con lo que les había reservado, tuvo un último gesto desagradable para con los muchachos, gesto éste que precipitó el llanto desconsolado tan habitual en estos casos de “desamor”: los pequeños bóxer se llamaban Pimkye y Dogger. El mundo, ese mundo del que tuvieron consciencia en el mismo momento de tener cerebro humano, se les vino encima, sin casa, sin familia, sin nombre… …sin su cuerpo canino, tan atlético y lleno de pelo… Era tan salvajemente doloroso que no habría postura que practicar con su amiga Preciosa que les pudiera quitar esa pena del corazón. Por haber perdido, habían perdido hasta la misión que se traían entre manos, porque, para qué iban a volver a ser perros, para terminar en una perrera a la espera de inyección letal? Todo se vino abajo, todo perdió la importancia. Entonces, Dogger, no el cachorro, el hombre, inusualmente maduro y entero dijo “no, me niego!! Yo volveré a ser el perro que era y recuperaré a mi familia! Recuperaré mi lugar!”, y fue tan emocionante que Pimkye lloró de alegría, aunque no se notó porque como ya estaba llorando de pena y las lágrimas son iguales en ambos casos…&lt;br /&gt;Como dos novios abandonados, dieron media vuelta y dejaron su escondite detrás del árbol con la esperanza de hacer suyo ese lugar, otra vez, en un futuro, pero la esperanza es como un orgasmo, en un determinado momento te proporciona una subida excitante que te hace tocar el cielo para después bajarte de golpe a la más profunda desolación terrenal. En la casa abandonada, ya desaparecida la emoción, no había ningún motivo para seguir soñando, tan solo había pesar de corazón y vacío. Además, era absurdo pensar en que podrían deshacer el camino de transformación, ya lo dijo bien claro el viejo. Deberían aceptar la situación con entereza, pero ahora explícales tú a dos perros qué es la entereza… Aún llorando hundidos en la más profunda y oscura de las miserias, lejos de asumir las cosas y mirar hacia delante, una vocecita suave todavía insistía en intentar volver a ser perros dentro de sus cabezas. Lástima que estos dos no conocieran a Marco Aurelio, “perseguir imposibles es de locos…”&lt;br /&gt;Preciosa llegó un poco más tarde que ellos a su cuartel. Ella no lloraba ni se la veía triste, razón ésta por la cual se asombró mucho al ver a sus compañeros cabizbajos. Se conoce que no debió sentir el olvido por ninguna parte en su antiguo hogar, muy al contrario, vio a su amo sentado en el porche con la mirada fija en el infinito envuelto en un manto de melancolía, sin duda a causa de la pérdida de su magnífica perra labrador. Preciosa, enternecida por la visión, se dejó llevar por el profundo amor que profesaba a su amo y, no reparando en su aspecto actual, se acercó hasta él y le abrazó cariñosamente. Yacieron. Yacieron sólo un poco, pero yacieron. Si a un hombre de cincuenta y tantos se le acerca una jovencita de muy buen ver y con sus carnes muy bien repartidas y abundantes y le abraza estrujando el rostro del hombre en su turgente pecho, teniendo en cuenta que ella no es ni su hija, ni su sobrina, ni su vecina, ni siquiera la hija de un amigo lejano, sino una perfecta desconocida que entra en ebullición con tan solo oler la testosterona y que es mayor de edad (porque Preciosa es mayor de edad), lo normal es que yazcan aprovechando que el ama, la esposa del amo, que además hace siglos que no deshace la cama, está fuera del hogar en alguna reunión de señoras de la iglesia local. Habida cuenta de la extraordinaria experiencia, entra dentro de lo normal que ella no entendiera la postura deprimida y deprimente de sus compañeros de aventura, que continuaron llorando hasta que no soportaron más el dolor de cabeza.&lt;br /&gt;Horas más tarde, ya no había tiempo para llantos autocompasivos y tampoco había lágrimas que soltar. Era el tiempo de hacer algo, de moverse, de salir del agujero, y lo más inmediato, lo que tenían más al alcance era seguir con el plan establecido de recabar información sobre las tres letras, después, claro está, de escuchar el relato de la experiencia de Preciosa con su amo y actuar su la representación en tres actos. El objetivo, el macho alfa amo de Dogger, mejor dicho ex amo de Dogger, un tipo corriente, con barriga de cervezas a destiempo y calvicie galopante, al que, aparentemente, no sería difícil sonsacar información, pero a Pimkye le daba en la nariz que esa cosa de las tres letras no era algo con lo que uno puede andar jugando, nada de juegos con gente que tiene un bicho volador… No podían correr ningún riesgo innecesario, por lo que propuso ser contundentes, nada de ir a preguntar con educación, nada de “por favores”, secuestro “express” y punto, rápido y limpio. Así lo hicieron.&lt;br /&gt;Esa misma noche, ya casi de madrugada, volvieron al antiguo hogar de Dogger, en el que no encontraron obstáculos para entrar, y raptaron al tipo. Nadie en la casa se dio cuenta, ni siquiera su mujer que cuando dormía pareciera que moría. De vuelta en la casa abandonada, sentaron al hombre en una silla y le ataron fuertemente a ella. Un par de bofetadas ayudaron a que terminara de despertar. La pregunta fue concisa, “CIA, dónde?”. El tipo no respondió, no se sabe si por no entender la pregunta o por esconder bajo la facha de vulgaridad a un experto agente de esos que aguantan todo antes de soltar alguna palabra, que, generalmente, suele ser un “que te jodan” muy sonoro seguido de un esputo ensangrentado. Frente a un muro así, no es de extrañar que llegaran los golpes. Tuvieron que hacerlo, la violencia es lo que aparece cuando alguien no consigue lo que se propone y está cegado por la desesperación de no avanzar. Así que fueron cayendo primero las bofetadas, luego los puñetazos, más puñetazos en las piernas, un cabezazo en la cara (eso es rotura de nariz segura…) pero el calvo no decía nada. Sería posible que no supiera nada? Algo así debió preguntarse Dogger porque no era muy normal que un tipo corriente, su ex amo, alguien que lamía el tomate kepchup del plato después de chorrear de su hamburguesa, pudiera aguantar tal castigo sin siquiera emitir un grito de queja… “Este tipo no sabe nada de nada, Pimkye”, dijo. Exhaustos y vencidos, los dos amigos ya no sabían qué hacer. Su condición de macho les decía que si después de hacer daño no se tiene lo que se quiere, ya no hay más que hacer. Afortunadamente para ellos, en la sala había una hembra. Ellas, cuando quieren algo, lo consiguen sí o sí y sin usar violencia física (la psicológica es otra cosa). Preciosa sabía perfectamente que aquel tipo protegía algo y se propuso sacárselo, “dejadme ahora probar a mi…” les dijo a los muchachos. Se plantó delante de él, le miró fijamente a los ojos, se abrió la camisa y sonriente dijo “si me dices lo quiero saber, te daré todo lo que tú quieras…”. El tipo aquel, dolorido y ensangrentado, plantó sus ojos en la gloriosa visión y se dejó llevar por la lascivia. Aceptó. Hay que decir que hubiera aceptado incluso si Preciosa no se hubiera abierto la camisa porque, en realidad, estaba encantado con todo lo que estaba sucediendo, golpes incluidos. Él era un agente de la CIA y siempre pensó que correría aventuras, que le perseguirían espías rusos y que compartiría habitaciones de hostales en Berlín Oeste con guapas agentes dobles… pero lo que único que había visto en veinte años de profesión era una oficina gris y un teletipo que soltaba papeles encriptados todo el tiempo con absurdos mensajes de algún enviado a Sri Lanka o por ahí. Ese día, Dios le vino a ver. Le raptaban, le golpeaban, él no decía nada y, además, le seducía la jefa mala del comando comunista_ porque eran comunistas, todos los malos son comunistas_. Era genial, maravilloso, una historia triunfante que contar en la oficina y vacilar frente a los compañeros. Claro está que no contaría nunca que terminó hablando y diciendo mucho más de lo que los chicos necesitaban saber. Entre algunas “prendas” que el calvo soltó por la boca se encontraba lo del micro pene de su hermano Paul, que su esposa Susan escondía una botella de vodka en la planta del hall de la que él también bebía a escondidas y que un día tuvo que “descomer” en la oficina y limpiarse con lo primero que salió del tele tipo que resulta que eran unos papeles que decían algo de no sé qué de un Palacio de la Moneda y que, por su culpa, Henry Kissinger tuvo que retrasar lo de Chile. Lo importante también lo dijo, fue lo primero de todo: Pete Hawks, Virginia. Pimkye y Dogger aprendieron dos cosas esa noche: que si uno no golpea bien se puede hacer más daño que el que espera hacer al golpeado y que más vale ingenio que fuerza bruta, que se consiguen más cosas con rosas y vino que a golpes.&lt;br /&gt;El siguiente paso en su empresa era evidente, desplazarse hasta Virginia y preguntar por el nombre que habían obtenido pensando que les sería de ayuda, influidos, sin duda alguna, por la antigua y trasnochada creencia de que una institución gubernamental está ahí para ayudar y servir al ciudadano y, aunque eran perros y no ciudadanos su aspecto era como el de uno de ellos y podrían pasar inadvertidos.&lt;br /&gt;Pisando ya suelo de Virginia, a la que llegaron sólo Dios sabe cómo, únicamente tuvieron que pronunciar la palabra “granja” para que algún vecino les indicara el camino al cuartel general de la CIA. En los Estados Unidos se conoce como “granja” a ese cuartel y, por lo tanto, los agentes son los granjeros. Cuando algún enemigo escucha que los granjeros de Virginia acabarán con él, generalmente se echa a reír pensando que le atacarán paletos desdentados armados con útiles del campo, pero la sorpresa es mayúscula en el momento en que se ve acorralado por los mismos paletos pero con subfusiles UCI.&lt;br /&gt;Los muchachos tenían miedo, no por las armas de fuego sino por el simple hecho de que fueran granjeros, habida cuenta de que es sabido que cualquier animal doméstico los teme porque son personas que los obligan a trabajar hasta la extenuación y que no dudan en matarlos cuando la eficiencia baja, exactamente igual que los empresarios.&lt;br /&gt;La granja era un edificio brutalmente grande, descomunal, que impresionaba solo con verlo de lejos. Dentro era aún peor. Había miles de personas de un lado para el otro, todas ellas con una pistola bajo la axila, recepcionistas incluidas. Era un lugar temible, un sitio de esos que es mejor no saber que existe, lleno de ambición y amor al poder, donde todas las miradas escondían sospechas y desconfianza. Estar allí, para los chicos, era como estar en pleno ártico, entre orcas, siendo una foca pequeña y desvalida, o, mejor dicho, no era como, es lo que era en realidad, estar entre granjeros siendo tres perros desvalidos.&lt;br /&gt;Cruzaron el amplio hall hasta llegar a un mostrador. Allí preguntaron a una señorita por el tal Pete Hawks. “Esperen un momento ahí sentados, por favor…”, les respondió la jovencita que, inmediatamente después, cogió un teléfono rojo y, sin marcar número alguno, dijo “están aquí”. No más de treinta segundos más tarde, siete hombres vestidos de negro les rodearon y le “invitaron” a acompañarles. Fueron metidos en un ascensor tan silencioso que no pudieron saber si subían o bajaban. Caminaron por un pasillo largo y se les empujó a una sala fría y hermética donde fueron encerrados. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-1316943308733538213?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/1316943308733538213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/1316943308733538213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/1316943308733538213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/07/pimkye-y-dogger-parte-iv.html' title='Pimkye y Dogger (parte IV)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-8580982187754196662</id><published>2010-06-22T10:47:00.000-07:00</published><updated>2010-06-22T10:49:18.392-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte III)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Contadas ya todas las andanzas nocturnas y habiéndose lamido todo el cuerpo a modo de aseo personal_ el baño de la ducha, pagado y sin usar_ salieron del motel hacia el campo de recreo. Tenían todo el día por delante y la ayuda de la perra, nada podía fallar, a excepción de que ésta se distrajera con algo, una mariposa, una deposición de otro macho. Para que eso no ocurriera, compraron un buen saco de alimento canino, calidad “deluxe”, para tenerla bien contenta y agradecida. Creyeron que sería suficiente pero lo cierto es que Dogger tuvo que aplicarse de nuevo con ella detrás de un matorral para apagarle el celo. Los labradores son perros listos, no hay nada como estar bien comido y mejor fo… para afrontar un duro día de trabajo con garantías de éxito.&lt;br /&gt;Cinco horas después de haber llegado a Paradise Hills y habiendo peinado ya un buen montón de acres, pulgada por pulgada, Preciosa, que así era como llamaba Dogger a la perra desde que intimaron, encontró algo junto a un riachuelo a los pies de alcornoque medio seco. Los dos muchachos corrieron hacia allí y, arrodillados, escarbaron en la tierra humedecida con la uñas, llenos de ansiedad. Entonces, una voz profunda y grave habló:&lt;br /&gt;_ Yo, en vuestro lugar, no haría eso…!&lt;br /&gt;Un viejo decrépito y sucio estaba sentado en una piedra, bajo una sombra, justo detrás de ellos. Tenía una gran barba grisácea, muy enredada, y las manos cuarteadas y encallecidas, como alguien que ha vivido largo tiempo a la intemperie. Su ropa no se puede decir que fuera ropa, más bien eran harapos, restos de prendas que otrora fueron, seguramente, el orgullo de algún hombre pero que ahora no pasaban de simples trapos sucios y raidos. El viejo mantuvo su mirada clavada en los dos hombres arrodillados una vez dijo lo que dijo, esperando claramente que la curiosidad hiciera efecto en alguno de ellos y preguntara el “por qué” de rigor, pregunta esta que, a un cerebro humano que siempre fue humano hubiera llegado al instante, tardó en aparecer más de tres minutos en los cerebros de los chicos, tres minutos, ciento ochenta segundos en los que los tres individuos permanecieron en silencio mirándose fijamente, Justo en el segundo ciento ochenta y uno, Dogger, otra vez él, por delante de su líder, preguntó por qué.&lt;br /&gt;El viejo misterioso, lleno de satisfacción por saber algo que otros no sabían y tener la oportunidad de contarlo y ser escuchado, sacó una pipa vieja como él de un agujero que seguramente usaba a modo de bolsillo, la golpeó contra la roca en la que se sentaba, la llenó de unas hiervas que sacó de otro agujero y las prendió fuego chupando con insistencia al mismo tiempo. Efectuado el ritual del nuevo personaje en escena que se dispone a revelar al lector un secreto que arroje algo de luz sobre el cuento, el anciano habló:&lt;br /&gt;_ La roca es caprichosa… Hace lo que quiere y es totalmente impredicible…&lt;br /&gt;_ Y qué quiere decir con eso?_ replicó Dogger muy excitado y enfadado.&lt;br /&gt;_ Quiero decir que si volveís a exponeros a su luz rosácea, es posible que, esta noche, os convirtaís en a saber qué…&lt;br /&gt;_ No volveremos a ser perros??&lt;br /&gt;_ Ah…!! Sois perros…!? Muy curioso… si señor, muy curioso… Os puedo decir que yo era un toro. En mil novecientos veinte esto era un campo de pasto para ganado vacuno y yo era el semental. Un día, pastando, me topé con esa cosa salida del mismísimo infierno y me transformé en lo que soy ahora, mucho más joven, claro está… Pensé como vosotros, que exponiéndome de nuevo podría dar marcha atrás… Qué iluso…! Lejos de volver a ser el toro fuerte que fui pasé a ser hurón… Repetí y repetí la operación hasta dar con la solución… Nada. De hurón a cabra, de cabra a cerdo, luego gallina, ornitorrinco, caballo percherón, gacela Thomson, cucaracha… Por fortuna, algo en mi cabecita me decía que no debía moverme de al lado de la piedra, porque después de pasar por el cuerpo de cientos de animales, la maldición hizo que fuera una cuchara de madera, luego exprimidor, billetera usada, vacía por más señas, y espumadera, cualquier cosa que os imagineís excepto toro. Un día, no sé ni cómo ni por qué, ni si mucho tiempo después o poco, volví a ser hombre y decidí quedarme en ese estado, que más vale ser un humano que no una cabra o un exprimidor, no? Llevo sesenta años cerca de la roca intentando descifrar el misterio que la envuelve para encontrar el modo ser toro semental de nuevo…&lt;br /&gt;_ Dios Canino Santo, Pimkye…!!_ exclamó Dogger_ nunca volveremos a ser perros…!&lt;br /&gt;_ Nunca, lo que se dice nunca, tampoco, amigo mío_ dijo el viejo_ Quiero pensar que hay un modo, necesito creer en ello para poder seguir viviendo… Ahora bien, que tardará, eso dalo por hecho, así que, lo mejor que se puede hacer es intentar divertirse lo más posible mientras se es hombre.&lt;br /&gt;_ Yo ya me divierto mucho solo _interrumpió Pimkye.&lt;br /&gt;_ Ya, comprendo… pero solo no lo óptimo. Sé que es bueno y satisfactorio, pero amigo, con compañía femenina es glorioso…!&lt;br /&gt;_ Ahí tienes razón, abuelo…_ aseguró el belga dibujando una media sonrisa pícara en su cara_ Pero de dónde sacaremos hembras con las que pasarlo bien?&lt;br /&gt;_ Todavía no usaís el cerebro humano como debeís, no? Tenemos la piedra, tenemos una perra… me seguís?&lt;br /&gt;Pimkye entendió al momento la propuesta del viejo y era de su agrado, estaba muy bien pensado y era absolutamente lógico que mucho mejor era pasarlo bien en esas circunstancias que estar llorando o lamentándose, que no les conducía a ninguna parte. Y para esas alturas, él ya sabía que lo mejor de ser hombres, mucho mejor que el calor de la ropa o los sabores de las comidas variadas residía en yacer con una hembra.&lt;br /&gt;Casi aceptada la propuesta, hubo un pequeño inconveniente. No todos los machos estaban en la misma sintonía. Dogger se levantó del suelo, puso a Preciosa bajo sus piernas y con furia gritó “a Preciosa ni tocarla…!!” Su postura era coherente, él no había catado hembra humana, tan solo hembra perra y hasta ese momento, para él, eso era lo mejor que existía en la faz de la Tierra, unido esto a que realmente le había cogido afecto a su querida labrador. Era un problema tal actitud, pero ya digo que pequeño. Dogger no tardó mucho en ceder, se conoce que no debía tenerle tanto afecto como yo pensaba, o eso o que su deseo sexual humano era infinito. Más bien lo segundo porque fue a lo que apelaron los dos otros dos machos para convencerle. Una última frase del viejo terminó por hacer caer la furia celosa de Dogger: “y no te preocupes por mí, amigo, a mi edad, casi con mirar me conformo…” La diversión estaba a punto de llegar. Ordenaron a la perra que escarbara en la tierra en busca de la piedra y así lo hizo, obediente ella como la habían educado, sin mucho esfuerzo, acostumbrada como estaba, y como están todos los perros, a excepción de esos que parecen ratas y que alguna mujer con aires de grandeza lleva siempre en brazos, a enterrar y desenterrar objetos valiosos para ellos y algún resto de comida. Pocos segundos después apareció la piedra, reluciente, resplandeciente por tener cerca a Preciosa que permaneció allí el tiempo que los machos estimaron suficiente para que las radiaciones hicieran su trabajo.&lt;br /&gt;Ya solamente restaba esperar. Y como el que espera, desespera, los tres hombres desesperaron lo suyo sintiendo cada segundo como si fuera una eternidad. Bien es verdad que podrían haber practicado su “hobby” mientras la noche llegaba y, ciertamente, fue algo que pasó por la cabeza de los dos jóvenes, no por el hecho de estar esperando y desesperando sino porque era algo que siempre pensaban, estuvieran en la situación que estuvieran, pero el viejo, sabio como el diablo, supo refrenar el ímpetu juvenil con un argumento definitivo: la autosatisfacción agota el cuerpo y lo conveniente era aguantar y guardar fuerzas para cuando la perra fuera mujer. Ante un planteamiento así, nadie, ni aún dos sacos de testosterona en ebullición, puede decir “no”.&lt;br /&gt;Con las doce en el reloj llegó el esperado resplandor que traería el regalo, una mujer guapa y gordita, de carne blanca como la leche y pelo rojizo, completamente desnuda. Quizá por el recuerdo de lo último que su olfato olió, estupefacta y asustada, Preciosa corrió a los brazos de Dogger. La tranquilizaron como buenamente pudieron y, con premura, la pusieron al tanto de lo que había ocurrido. También le contaron cosas que podría hacer de ese momento en adelante con su nuevo cuerpo humano, cosas buenas y agradables, para que no se deprimiese, Lejos de hacerlo y como si el celo canino aún hiciera efecto en ella, se puso manos a la obra con una de las cosas que le habían dicho hasta que los machos jóvenes no pudieron más. Y sucedió lo normal en estos casos, ella quiso más, pero hay un punto en el que ya no hay nada que hacer por mucho que el cerebro diga que sí. Enfadada y decepcionada, Preciosa fijó su mirada lasciva en el viejo. Éste había estado mirando con atención el espectáculo desde la roca en la que le encontraron y al ver acercarse a la mujer desnuda se dijo a sí mismo sin pensar mucho en ello “qué carajo! Voy a intentarlo…!”. Muy animado, quiso emular a sus compañeros y se tumbó en el suelo dejando que ella se pusiera encima. Aquellas caderas comenzaron a moverse suntuosamente y fueron demasiado. El viejo falleció, y falleció, permítanme, por gilipollas, porque hay veces, y con ochentaymuchos es una de esas veces, en las que hay que escuchar al corazón en vez de a la cabeza, y si el corazón, por agotamiento o por lo que sea, dice que no, es que no y punto. Es duro, incluso cruel, que la cabeza, tenga la edad que tenga, mantenga su lívido activa, por eso es recomendable que los ancianos se centren en le dominó y en la brisca, para que no piensen en lo que ya no deben pensar. No obstante hay que decir que, aún muerto, el viejo no dejaba de sonreír.&lt;br /&gt;El cuerpo inerte del anciano no fue algo que asustara o que desanimara a la audiencia allí presente. Para los perros la muerte no tiene el mismo significado que para nosotros, ni siquiera se llama muerte, simplemente se llama “nada”, el viejo se fue y ya está. No lloraron o lo lamentaron, se limitaron a lamerle un poco en señal de afecto. Preciosa por su parte siguió encima de él contoneándose, lo que se empieza hay que terminarlo…&lt;br /&gt;Un par de horas después del incidente, el justo y necesario para recobrar el empuje que les permitiera retozar con la mujer una vez más, Pimkye y Dogger se disponían a repetir, por décima vez, pero algo les hizo replantearse su decisión. La piedra empezó a emitir un pitido agudo y desagradable. Qué era eso? Estaría llamando a alguien? Quizá a sus dueños, unos extraterrestres malvados o una bruja malhumorada de cuento de hadas? Fuera lo que fuese, ese ruido era, claramente, una señal, un reclamo, un aviso dirigido a alguien. Los tres se escondieron rápidamente detrás de un matorral, no fuera a ser que ese pitido fuera el modo por el cual la roca esa actuara a distancia y terminaran sus días como plato hondo o como colibrí. No tuvieron que estar mucho tiempo allí acurrucados esperando a descifrar qué era el sonido aquel porque, detrás de un estruendo ensordecedor, apareció en el cielo una especie de mosquito gigante que escupía luz y se posó en el suelo. El bicho ese daba mucho miedo y no dejaba de hacer ruido. De su interior salieron dos tipos embutidos en unas armaduras blancas y cogieron la roca con unas pinzas muy largas. La metieron en una caja de hierro de paredes muy gruesas y volvieron al estómago del mosquito. Igual que aparecieron, desparecieron en el aire dejando detrás de ellos oscuridad y silenciosa paz.&lt;br /&gt;“Qué coño era eso?”, se preguntaban entre ellos. Nadie tenía una respuesta, ni siquiera alguna ocurrencia, por loca o absurda que fuera, que les diera un indicio de lo que esa cosa pudiera ser. Tan solo Preciosa pudo aportar algo de interés. Ella había visto, entre la polvareda que se había formado, algo inscrito o pintado en un lateral del bicho volante, quizá fuera una información útil. La inscripción eran las letras “C”, la “I” y la “A”, con puntos entre ellas.&lt;br /&gt;Ahora, creo que debo de dar una explicación, al menos hacer un comentario. Que una perra labrador recién transmutada a mujer reconozca caracteres humanos admito que es cuando menos improbable. Hay tomarlo como un misterio que, en este cuento donde hay una piedra que transforma animales en humanos, es totalmente posible. Además, necesito que la perra sepa leer o que sepa que ciertos símbolos son letras porque, la verdad, no se me ocurre otro modo de que tres perros con cuerpos de hombres, entendiendo “hombre” como especie, tengan un hilo del que tirar a raíz de haber visto al helicóptero del gobierno. Le he dado vueltas y vueltas, pero nada, solamente encuentro este camino, así que lo dicho, Preciosa sabe leer o reconoce las letras y no hay que darle más vueltas al tema. Si en Hollywood pueden hacer que un tipo, diez años después, haga mella en Vietnam con un fusil y un cuchillo de campo, cosa que no pudieron hacer más de medio millón de soldados con maquinaria pesada, o si pueden amenazar primero la Tierra con un meteorito gigantesco para luego salvarla con un puñado de artificieros de la minería al frente, si ellos pueden hacer eso, yo me permito el lujo de hacer que una perra sepa leer y me quedo tan tranquilo…&lt;br /&gt;“C”, “I” y “A”, “C.I.A.” fue exactamente lo que Preciosa vio. Qué significaría eso? Estaba claro que era algo que seguir, un hilo del que tirar (aquí está el hilo) para llegar hasta el lugar donde resolver todas sus dudas e inquietudes. Ahora bien, dónde irían? A quién preguntarían? No hay un lugar en los barrios donde se pueda leer en su rótulo exterior “C.I.A.” para ir y preguntar por la solución de enigmas, “hola buenos días, quisiera información sobre el asesinato de JFK…”, “Buenas… …sería tan amable de enseñarme los dosieres acerca de la invasión de Panamá…?”. Esto no existe, como es lógico. Debería, si es que eso de la democracia y de que el pueblo es soberano es cierto, que ya queda claro que no es cierto, al menos en la práctica. Así que, no existiendo ese lugar, iba a ser un problema grande el encontrar información de esas tres letras. Preciosa las escribió en la arena para que sus compañeros pudieran saber de qué estaba hablando cuando nombraba a las tres letras y eso fue determinante. Dogger cerró sus ojos para estrujar mejor su memoria buscando algo en algún rincón de su cerebro. Permaneció así varios minutos, procesando datos, haciéndolos pasar a toda velocidad por delante de sus ojos y, de repente, dijo suavemente “sigue, sigue…” y todo lo que estaba viendo en su recuerdo se desvaneció. Cómo recordar algo con Preciosa agachada frente a uno…!! No hay problema, por grande que éste sea, que impida a dos o más humanos tener sexo, mucho menos si la hembra está receptiva o si, mejor aún, es ella quién lo propone_ todos sabemos ya, excepto algún Casanova fanfarrón, que hay sexo si ellas quieren_.&lt;br /&gt;Entretenido en la tarea, justo en el clímax, en el momento en el que empiezan a salir palabras de la boca sin que necesariamente el cerebro lo haya ordenado, Dogger gritó “mi amo, mi amo…” y terminó. Luego, mucho más relajado y visiblemente satisfecho, aclaró sus palabras: “Mi amo adulto, él tiene papeles blancos con esas cosas que Preciosa vio. Hemos de volver!”.&lt;br /&gt;Solventado el pequeño problema de la desnudez de Preciosa (hasta ahora la muchacha había estado un buen número de horas como Dios la trajo al mundo, mejor dicho, como la piedra la trajo al mundo), los tres pusieron rumbo a su ya antiguo barrio. Se les veía nerviosos por el hecho de ver de nuevo a sus amos y sus hogares, como un muchacho que ve a su ex tiempo después. Habría pocos cambios. Sus familias seguirían allí, haciendo las cosas habituales y mostrando claros síntomas de tristeza por la pérdida de sus “amigos”, que era lo que el trío consideraba que eran para sus amos, amigos más que mascotas o animales de compañía. Sí, sería bonito verles, aunque también sería duro porque tener delante a seres queridos que sufren y no poder correr hacia ellos a estrecharles en tus brazos para aplacar su pesar es algo que necesariamente marca el corazón. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-8580982187754196662?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/8580982187754196662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/06/pimkye-y-dogger-parte-iii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8580982187754196662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8580982187754196662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/06/pimkye-y-dogger-parte-iii.html' title='Pimkye y Dogger (parte III)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-8688509348294832043</id><published>2010-06-10T09:48:00.000-07:00</published><updated>2010-06-10T09:49:15.973-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;De vuelta en su casita del jardín, esperó a Dogger. Eran pocos minutos los que restaban para la salida del sol y su compañero aún no había regresado. Estaba nervioso, la incertidumbre le tenía consumido como lo haría con cualquiera. El no saber si se va ser hombre o perro puede desestabilizar la mente más estable. Y Dogger que no llegaba…&lt;br /&gt;_ Pero Dogger, cuánto tardas!! Estás loco?&lt;br /&gt;_ Es que he tenido que evacuar…&lt;br /&gt;_ Y dónde lo has hecho??&lt;br /&gt;_ Dónde lo voy a hacer? En el jardín!&lt;br /&gt;_ Ahora eres humano capullo!! Has de usar lo que ellos usan!&lt;br /&gt;_ Uff…! Demasiado difícil… Me hubiera equivocado de mueble blanco seguro…&lt;br /&gt;El primer rayó de sol apareció y con él, el momento de salir de dudas. Será perro? Será hombre? Los dos amigos se miraban con los dedos cruzados, “que sea perro, que sea perro…!”, repetían en voz baja como si de una letanía se tratase. La luz natural iluminaba ya todo el vecindario haciendo que las farolas de la calle se apagaran y no ocurrió nada. Era absurdo seguir esperando, ya tenían respuesta: hombres.&lt;br /&gt;Dogger no pudo contenerse y lloró. Tampoco demasiado, no había tiempo para lamentos, tendrían que salir de allí antes de los amos adultos o los amos infantes descubrieran a dos tipos desnudos en la casita del perro. “Llora todo lo que quieras pero llora corriendo”, le dijo Pimkye a Dogger y corrieron como locos, desnudos, con la ropa de sus amos en las manos, en busca de un lugar seguro donde poder refugiarse, al menos hasta que pudieran vestirse, a salvo de alguna voz que dijera “maricones” y que les condenara. Ese lugar tenía nombre, el viejo caserón, una casa abandonada al final de la calle donde nadie entraba nunca porque decía la leyenda que allí habitaban los fantasmas de tres niños asesinados por el antiguo dueño. Fuera verdad o no la leyenda, ellos se metieron allí porque son mucho más temibles los vivos armados que cualquier ánima. Una vez dentro, se enfrentaron a sus verdaderos enemigos, el terrible pantalón y la despiadada camisa. Los niños tardan en aprender a vestirse solos, la pregunta es, cuánto tiempo tardarían en aprender dos perros? Hay respuesta para esa pregunta, treinta y cinco horas seguidas usando el método “ensayo y error” hasta la desesperación. Lo que quedará para la leyenda junto con los tres niños y el dueño asesino es el cómo aprendieron a abrocharse los botones de las camisas. Quizá sí hubiera fantasmas en la casa abandonada y les echaron una mano en vez de asustarles, tres pequeños “Casper”, amables y risueños, que no dudaron en ayudar a dos hombres en apuros. La verdad, no sé cómo fue, lo que sí sé es que a las veintisiete horas de haber empezado a intentarlo, los dos hombres se volvieron hacia una de las paredes del salón y comenzaron a ladrar, lo que me lleva a pensar que, efectivamente, allí había fantasmas que fueron percibidos por el sentido canino aún latente dentro de esas cabezas humanas. Me imagino a los espíritus desesperados, diciéndose entre ellos “joder, qué animales…! Anda, vamos a ayudarles que me están dando pena…”. Aunque, cuando sí que debieron desesperarse de verdad fue en el momento en que Pimkye y Dogger, ya vestidos correctamente y hasta con la camisa por dentro del pantalón, volvieron a desnudarse para dar rienda suelta, una vez más, a sus manos, a ambas manos. Y como allí estaban tranquilos y anochecería en poco tiempo, decidieron hacer noche en aquel salón.&lt;br /&gt;El despertar la mañana siguiente fue todo un calvario. Esos cuerpos humanos que ahora usaban estaban consumidos después de un gran número de horas sin alimentarlos, así que la prioridad, muy por encima de cualquier otra cosa, era comer. Tenían los papeles verdes, solamente restaba encontrar un buen lugar. El supermercado del centro comercial era una opción aceptable, con su surtida sección de alimento canino dispuesto en sacos industriales tan pesados que bien podrían hacer volcar los carritos, pero era muy posible que ese alimento no fuera el adecuado para sus nuevos cuerpos, qué humano necesita que su pelaje del lomo brille o ser desparasitado? Además estaba el tema del aparato digestivo que podría dañarse ingiriendo comida para perros, aunque, después de todo, cuando hay hambre, hay hambre, y no creo yo que ningún estómago humano vacío vaya a hacer ascos a cualquier cosa que le llegue por el esófago, ni siquiera si lo que llegara fueran tuercas de acero inoxidable de paso ancho. Pero, la verdad, teniendo dinero y la posibilidad de ir a cualquier sitio, para qué liarse con las opciones. Lo mejor sería acudir a un lugar de alimento humano y comer allí lo que les sirvieran, por mal que supiera. Después de llenar el estómago ya tendrían tiempo de buscar el camino para resolver el embrollo en el que se habían metido.&lt;br /&gt;El lugar escogido fue Buddy´s. Era el mejor de la zona, un montón de comida al más puro estilo inglés, que bien serviría como única toma del día, por poco más de cinco dólares, cinco cuarenta y cinco para ser exactos. Los chicos tomaron dos desayunos cada uno sin que se notase demasiado su poca habilidad con los cubiertos entre la clientela del local, más aún, se podía decir que los usaban incluso mejor que algunos de los clientes, este es el país de la hamburguesa y del perrito caliente, aquí se usan las manos hasta para la sopa china… Pimkye y Dogger probaron el café. No les gustó en absoluto, cosa ésta normal cuando no se añade azúcar, pero bueno, tampoco vamos ahora a exigir a dos perros en cuerpos de hombres que conozcan todos los protocolos a la hora de tomar café. Aunque lo hubieran añadido, igualmente no les hubiera gustado porque alteraba sus corazones y los hacía sentir como si el mundo girara un millón de veces más rápido de lo que lo hace. Aparte de esto, el balance como humanos se puede decir que era bueno: los huevos fritos, bien; el calorcito de la ropa, bien; sus hábiles manos llenas de dedos, muy bien…&lt;br /&gt;“Pimkye, he pensado…”, dijo Dogger mirando al infinito a través del ventanal del local de Buddy. Esto dejó perplejo a su compañero que desde que eran humanos no había visto a su amigo actuar o decir nada con un mínimo de sentido, pero lo cierto es que realmente había hecho un ejercicio mental totalmente lógico y coherente que no suponía comportarse como un animal e ir orinando por todos los árboles del barrio para marcar el territorio. Dogger habló: “mira, el día que encontramos la roca también estuvo allí la labrador aquella con la que flirteabas, lo recuerdas? Con un poco de suerte, ella sigue siendo perra y nos puede ayudar a buscar con su olfato, no? Qué te parece?”.&lt;br /&gt;A Pimkye lo costó reconocerlo_ a los líderes, y Pimkye lo era, como humano y antes como perro, les incomoda mucho que sus supuestos subordinados piensen, mucho más que lo hagan mejor que ellos_ pero la ocurrencia de su amigo era brillante. La perra es cierto que estuvo allí y que merodeó cerca de la piedra, pero no lo suficiente como para que las radiaciones le afectaran, con lo que era más que probable que mantuviera su estado canino original. Y además estaba localizada. Era la perra de los Smith, un matrimonio mayor de un par de calles más para allá de donde vivían ellos. Simplemente tendrían que ir allí y raptarla. Luego le dirían el “busca, busca…” tan efectivo con los perros para que les llevara hasta el lugar donde habían enterrado la maldita piedra.&lt;br /&gt;No tardaron mucho en llegar a la casa de los Smith. “Mira, Dogger, está ahí…”, dijo Pimkye. La labrador correteaba por su parcela detrás de una pelota de tenis. El hecho de que Pimkye, cuando era perro, estuviera a punto de copular con ella_ de no haber sido por el descubrimiento lo hubiera hecho con total seguridad_ no suponía que supiera su nombre, algo que sucede también entre algunos humanos. Silbó, gritó, chasqueó los dedos, pero nada, la muy perra no hacía ni caso, maldita fidelidad canina!! Los métodos “limpios” estaba claro que no servirían, así que se vieron obligados a usar el método “sucio” o “callejero” que consiste en agarrar, sujetar el hocico para que no ladre o muerda y correr. Era algo fácil, pero también peligroso. Si tuvieran la mala fortuna de ser vistos por el amo de la perra o por algún vecino metijón tendrían que salir corriendo de allí, y correr muy rápido, mucho más que las balas que les precederían (sé que uso demasiado esto de disparar pero esto es América, aquí las cosas se arreglan así y el más tonto hace blanco en una lata de Pepsi a seiscientos pies). Pero tendrían que arriesgar, no tenían otra opción, bueno, no tenían otra opción hasta que a Pimkye se le encendió una lucecita. Le pidió a su compañero que se fuera, que le dejara solo delante del la parcela de los Smith y que le esperara en su cuartel general, la casa abandonada. Quince minutos después, el pastor belga encerrado en un cuerpo humano apareció con la perra caminando a su lado como si él fuera su verdadero amo. También quince minutos después, la señora Atkinson, que miraba por la ventana de su cocina enfrente de la casa de los Smith, cayó al suelo víctima de un infarto.&lt;br /&gt;_ Pero Pimkye, cómo lo has hecho?_ preguntó Dogger totalmente sorprendido y lleno de admiración por su líder.&lt;br /&gt;_ Mira, amigo_ respondió_ desde que tengo este cuerpo, estoy en celo continuo… Tú también, debe ser un rasgo del macho humano… Me baje la tela que llevamos en las piernas de atrás y dejé que la perra me oliera el trasero. Sus hormonas han hecho el resto…&lt;br /&gt;Sin un segundo que perder, obligaron, ordenaron más bien, a la perra que buscara. “Busca, busca…”, le decían una y otra vez los dos al unísono. Insistían e insistían y el animal únicamente les miraba y ladraba un par de veces como queriendo decir, supongo yo, en su idioma perruno un más que coherente “pero qué coño busco??”. Fue dos horas más tarde cuando a uno de los dos compañeros de aventura se le ocurrió añadir la palabra “piedra” a uno de los “busca” disipando con ella cualquier tipo de duda que pudiera, y que de hecho estoy seguro que tenía, la labrador. Por cierto, es de justicia decir que el que tuvo la idea de pronunciar “piedra” fue Dogger y sí, eso irritó de nuevo al líder belga al ver que era buena y que funcionaba.&lt;br /&gt;“Paradise Hills”, hasta allí condujo el olfato al animal, ese era el lugar donde antes, como perros, jugueteaban algún domingo que otro y donde estaba enterrada la cosa ésa que les había traído la desgracia, ahora bien, la pregunta del millón de dólares era dónde estaba enterrada? Aquel lugar era inmenso, una gran parcela verde que daba cabida cada fin de semana a miles de familias y sus monovolúmenes. Los dos transformados no es que tuvieran muchos recuerdos de su etapa canina y la perra tampoco era un robot al que podían exprimir sin que su físico lo notara. Además, el sol empezaba a retirarse cansado ya de iluminar y dar calor a aquella parte del mundo. Lo mejor, lo más sensato, dentro de lo que dos perros puedan considerar sensato, era irse y volver al día siguiente con fuerzas renovadas y con muchas horas de luz por delante para cometer la ardua tarea de encontrar la roca. Sin más, dieron media vuelta y volvieron a la ciudad.&lt;br /&gt;Ya en el asfalto civilizado, el hambre poseyó de nuevo a los muchachos y una brisa fresca les invitó delicadamente a buscar un lugar cálido y bajo techo donde dormir. Tenían su cuartel, pero les quedaba un tanto retirado y, después del día que habían tenido, estaban realmente cansados como para seguir caminando hasta allí. Era posible que cerca de donde estaban hubiera alguna otra casa abandonada o que alguien estuviera interesado en coger unos cuantos papeles verdes por cobijarles una noche, los humanos estaban locos por ese tipo de papel y hacían cualquier cosa por tenerlos, no era tan descabellado. Preguntaron a un tipo que pasaba paseando por el lugar que no les contestó y que, además, salió corriendo. Esperaron a otra persona a la que poder preguntar. Tardó exactamente veintidós minutos en pasar. Era un hombre joven que olía realmente mal, cosa esta que no alteró ni lo más mínimo a ningún miembro de la expedición, acostumbrados a oler de muy cerca heces de sus congéneres. También estaba sucio, pero aún así, mal oliente y sucio, no huyó como el anterior y, amablemente, les indicó el lugar donde había un pequeño motel. La amabilidad fue porque a cambio de la información les pidió un dólar y Pimkye, antes de que hablara, sacó de su bolsillo un papel y se lo dio, un papel de cien. Les hubiera arropado si se lo hubieran pedido…&lt;br /&gt;El motel estaba bien, habitaciones por horas, ducha, se podía decir que estaba limpio y contaba con dos locales cerca de comida casera pero donde las patatas francesas son congeladas. Solamente encontraron algo que no era de su agrado pero que tuvieron que aceptar porque no les quedaba otro remedio. Eso que tanto les dolió fue un cartel en la puerta que decía “Perros no permitidos”. Después de esconder a la labrador, entraron y cogieron una habitación doble con dos camas y baño. Podían haber cogido la misma habitación con una sola cama por medio dólar menos, pero eso no es dinero para nadie y mucho menos para alguien que no es consciente de lo que es medio dólar y contando que el acompañante era Dogger, mejor dormir separados…&lt;br /&gt;“Quédate aquí y no te muevas…”, le dijeron a la perra y salieron de la habitación para dirigirse a uno de los dos locales a cenar, tres hamburguesas dobles cada uno y un puñado de patatas que Dogger recogió del suelo caídas de las otras mesas. La verdad es que los humanos comían mucho mejor que ellos cuando eran perros. Su comida tenía sabor y era mucho más variada que el pienso ese que ingerían antes, que sí, tenía tres millones de vitaminas y un montón de cosas más beneficiosas para los perros de cualquier edad, pero todo eso no era nada en comparación del placer que supone paladear tres o cuatro sabores a la vez en la boca. Este era otro aspecto bueno de ser hombres.&lt;br /&gt;Terminada la cena, la suya y la que dejaron en las mesas los demás comensales, la camarera, sonriendo, le ofreció una copa. “Una copa? Qué cojones es eso?”, pensó Pimkye, pero como era belga y eso conllevaba ser abierto a nuevas experiencias y aventurero_ si no lo creeís, preguntad en el Congo_ no dudó y dijo que sí a esa “copa”, fuera lo que fuera. La camarera, al no recibir orden acerca de qué sería la copa, decidió servir la que a ella le diera la gana: whiskey_ había un cincuenta por ciento de posibilidades de que fuera whiskey. La otra opción era vodka. Estas son las bebidas de este tipo de locales, tampoco queramos ahora que además de servir comida a las doce de la noche también sirvan “Babana Split” o “Daiquiri”_&lt;br /&gt;El líquido estaba fuerte, quemaba la garganta pero tenía algo que hacía que no pudieran dejar de beberlo, por eso hubo una segunda y una tercera copa. Entonces fue cuando una mujer sentada en la barra del local miró a Pimkye a los ojos y sonrió.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, pronto y con la cabeza a punto de explotar, Pimkye salió de la habitación de la mujer de la barra y fue hasta la suya a buscar a su amigo.&lt;br /&gt;_Dogger! Venga, vámonos al campo ese…&lt;br /&gt;_ Espera, espera…! Qué prisas son esas? Antes tendrás que contarme qué tal con esa humana, no?&lt;br /&gt;_ Sinceramente, fantástico!! Este cuerpo humano está lleno de posibilidades…!&lt;br /&gt;_ Pero dime, cómo fue? Qué te dijo? No sé, cuéntame…&lt;br /&gt;_ Pues tomamos más copas de esas… Por cierto, que tuve que ser yo el que soltara los papeles verdes… Luego fuimos a su habitación y allí, sin mediar palabra, metió su lengua en mi boca. Eso me aceleró el corazón. Agarró mis manos y las hizo coger dos bultos que tenía en el pecho, bultos magníficos!!. En ese momento pensé en preguntarle si querría lamerme tal y como solíamos hacer antes entre nosotros, pero no hizo falta, ella misma, a voluntad, se agachó y lamió.&lt;br /&gt;_ Uff…! Y qué tal?&lt;br /&gt;_ Superior!! He aprendido que no sólo se lame, sabes? También hay que metérselo en la boca entero y moverse hacia atrás y hacia delante… Yo con esto ya estaba más que contento, la verdad, pero se ve que ella no y me ordenó que hiciera yo lo mismo con ella… Por supuesto que lo hice, pero eché de menos mi antigua lengua…&lt;br /&gt;_ Sigue, sigue, qué más?&lt;br /&gt;_ Gritaba mucho. Yo me asusté pero, al parecer, eso hacen algunas mujeres humanas. De repente me dijo “házmelo por detrás, estilo perro” y yo le dije “nena, esa posición la bordo…”&lt;br /&gt;_ Y qué hiciste?&lt;br /&gt;_ Hacérselo, copular!! Sabes? Siendo humano es mucho mejor que siendo perro. Los gritos de las hembras son por placer, incluso yo llegué a gritar… y lo hacen por gusto, no para procrear… Pero lo mejor de todo es que cuando terminas no te quedas enganchado a ella, sale solita y, escucha, un rato después, puedes repetir!!&lt;br /&gt;_ Sí, ya sabía que se puede repetir…&lt;br /&gt;_ Lo sabías? Cómo?&lt;br /&gt;_ Bueno, verás… …estaba aquí solo… …la labrador me miraba, yo la miraba a ella… …y es que está buena… qué te voy a contar que tú no sepas ya…! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-8688509348294832043?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/8688509348294832043/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/06/pimkye-y-dogger-parte-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8688509348294832043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8688509348294832043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/06/pimkye-y-dogger-parte-ii.html' title='Pimkye y Dogger (parte II)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-8137702172708994302</id><published>2010-05-31T11:07:00.000-07:00</published><updated>2010-05-31T11:18:39.515-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pimkye y Dogger'/><title type='text'>Pimkye y Dogger (parte I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Desde pronto en la mañana, Pimkye, el pastor belga de los Whitten, estaba en la puerta del porche esperando a alguno de sus tan amados amos agitando el rabo y balanceándose de un lado a otro. Era buena familia la suya, no podía tener queja alguna, le limpiaban, le alimentaban bien y jugaban con él posiblemente hasta más de lo que él mismo desearía. Le querían tanto que incluso le habían preparado una buena casa en el jardín amplia y caliente, donde podía dormir tranquilamente y recibir visitas, especialmente la de Dogger, su gran amigo pastor alemán de la familia de al lado, que le visitaba muy a menudo para disfrutar juntos del fantástico placer que supone el rascarse detrás de las orejas.&lt;br /&gt;Una vez se habían levantado y desayunado la familia, Pimkye recibía los primeros mimos del día por parte de los niños justo antes de que Albert, su padre, les llamara desde el coche para acercarlos al colegio. Corto pero intenso, era un buen momento de su día, muy feliz a pesar de que el macho alfa humano no tuviera ningún gesto amable para con él. Con ella, con la hembra alfa, era distinto, otra cosa absolutamente opuesta. Bethany era una esposa clásica, de las de estar en casa y ocuparse de las flores entre copa y copa de vino blanco. Ella sí que le mimaba y le acariciaba, le llamaba “amor”. Para Pimkye Bethany era su ama por encima de los demás, después de todo era con ella con quien pasaba casi todo el día y era ella quien ponía la comida en el cuenco, gesto éste que los perros observan y aprecian mucho.&lt;br /&gt;Las tardes eran más divertidas que las mañanas jugando con los niños en el jardín. La pelota y perseguirse en círculos era lo que más le gustaba al belga y lo pedía con insistencia ladrando sin parar hasta que se lo concedían. Por cosas como esta era por lo que los Whitten presumían en el vecindario de mascota inteligente. Su Pimkye era casi una estrella en la zona, para muchos incluso por encima de algunas personas.&lt;br /&gt;Cuando llegaba la noche, se despedía de su familia y se tumbaba enfrente de la puerta del salón en el porche con el modo “alerta” conectado un par de horas. Comprobado el perímetro y que todo estaba tranquilo, se retiraba a su casita a descansar.&lt;br /&gt;Así un día y otro y otro y otro más… …todos iguales, todos perfectamente parcelados y totalmente dependientes de sus amos y sus horarios, todos excepto uno a la semana en el que las estaciones del día cambiaban radicalmente. En ese día de oro, toda la familia salía junta de casa en su monovolumen con Pimkye embutido en el maletero. Se hacía duro estar ahí metido pero el sufrimiento merecía la pena. Cuando se abría el portón trasero y la mascota volvía a tener espacio libre, se le daba la oportunidad de correr por lugares extraordinarios, por campos verdes y amplios donde también encontraba tiempo para relacionarse con perritas guapas que olían fenomenal, muchas de ellas con disposición por encima de lo normal por no cumplir sus amos con los periodos de celo. Su amigo Dogger solía estar allí también y juntos disfrutaban como críos aprovechando su condición de pastores de la que se valían para gobernarlos a todos, principalmente a todas. Esos días eran los mejores días.&lt;br /&gt;Fue en uno de esos días excepcionales cuando Pimkye, jugando a hacerse el remolón con una labrador muy receptiva, encontró la piedra. En realidad no la encontró, más bien se topó con ella por mera casualidad, es decir, que la piedra le encontró a él. Aquello tendría que ser algo fuera de lo normal, algo maravilloso, y no dudó en llamar con un ladrido especial a su amigo, es bueno compartir con ellos las cosas buenas que se encuentran, así como se comparte con ellos, cuando son amigos de verdad, las cosas malas. La roca brillaba como el sol, emitiendo rayos luminosos rosados solamente cuando alguien o algo se arrimaba mucho a ella. Los dos pastores nunca habían visto nada igual, ni aún en el “megastore” del centro comercial “Pets´r´us” donde había utensilios asombrosos como el acariciador automático para familias con poco tiempo o el set de manicura francesa para mascotas queridas como a un hijo no apto para gatos ariscos. Esa piedra rosa brillante era mejor que todos los juguetes del mundo, mejor que le peluche de la niña, ese que era grande y que daba buena talla para…, mejor que la goma larga del jardín de la que sale agua de vez en cuando, era mejor que todo eso, era un tesoro y como tal, debían enterrar. Y así lo hicieron los dos amigos, la enterraron para no tener que compartirla con nadie inadecuado o incómodo como la labrador aquella, que era buena perra y que incluso llegó a ver la roca pero no disfrutaba de la confianza suficiente como para dejar que la olisqueara. Permanecería allí enterrada para que sólo ellos pudieran poseerla.&lt;br /&gt;En el camino de vuelta a casa, Pimkye no emitió ningún sonido. Permaneció quieto en su lugar, en parte por lo impresionado que estaba con el descubrimiento, en parte porque, aunque quisiera, no podía moverse en aquel maletero infernal. Tampoco reaccionó como solía cuando le acariciaron al llegar a casa, Se fue directo a beber agua y a ocupar su lugar nocturno en le porche. El sol se fue yendo poco a poco y con la oscuridad sus ojos brillaron de un modo especial al recordar el tesoro que tenía escondido. Esa noche no esperó el tiempo habitual de vigía sino que, despreocupado, se retiró a sus aposentos mucho antes de cerciorarse de que ningún maleante merodeaba por el vecindario.&lt;br /&gt;En la quietud más absoluta de la noche, cuando el reloj marcaba la hora de las brujas, un resplandor proveniente del interior de la casita iluminó todo el jardín por un par de segundos para luego desvanecerse entre las sombras. La casa del jardín pasó de tener dentro un perro a tener un hombre estupefacto que se tocaba todo el cuerpo, incrédulo, y miraba sus manos grandes llenas de dedos con asombro. Era inexplicable, fuera de lo común. Pimkye, el pastor belga más famoso del vecindario de había convertido en un ser humano. Intentando asimilar lo que acababa de ocurrir, si es que se puede llegar a similar algo así, escuchó ruido en el exterior de la ahora pequeña e incómoda casa, unos pies que se movían rápido. Súbitamente, como salido de la nada, un tipo rubio se asomó por la puertecita con la misma cara que seguro tendría alguien que hubiera visto al diablo, asustando mucho al anfitrión, tanto que incluso le hizo gritar. Los dos tipos, uno rubio y otro moreno, se quedaron mirándose como si fuera la primera vez que veían un humano.&lt;br /&gt;_Do… Do… Dogger?_ preguntó el moreno.&lt;br /&gt;_Pimkye?&lt;br /&gt;_Sí, Pimkye…_ dijo con resignación.&lt;br /&gt;_Joder, Pimkye! Qué nos ha pasado? Qué es esto? Dios Canino santo! Qué hemos hecho? Por qué a nosotros?&lt;br /&gt;_Cállate Dogger! No te pongas histérico!&lt;br /&gt;_Pero cómo que no me ponga histérico? Sabes qué nos ha pasado? Sabes qué? La maldición del perro hombre, eso nos ha pasado… …que no me ponga histérico dice…&lt;br /&gt;_Ni hablar! Ni perro hombre ni nada! Eso sucede si te muerde otro perro hombre y yo no he visto a ninguno nunca… Además, quién te ha dicho que volveremos a ser perros por la mañana? Quizá nos quedemos así…&lt;br /&gt;_Joder! Eso es mucho peor! Tener que trabajar, no poder volver a montar a la dulce Lassie… Yo quiero volver a ser perro, necesito volver a ser perro…!&lt;br /&gt;_No grites, coño! Sólo nos faltaba que alguien nos viese…!&lt;br /&gt;_Ok, ok, no grito… pero dime qué cojones hacemos??&lt;br /&gt;_No lo sé! Ha debido de ser la maldita piedra que enterramos, algún rayo o algo parecido… Menudo tesoro…!&lt;br /&gt;_Muy bien! Correcto!! La piedra…. Pues volvemos allí, la desenterramos y le pedimos que nos vuelva perros…&lt;br /&gt;_Ya, y quieres ir ahora, en plena noche, a oscuras y justo cuando acabamos de perder nuestro antiguo olfato, no?&lt;br /&gt;_Tienes razón, Pimkye… Iremos cuando seamos perros de nuevo por la mañana!&lt;br /&gt;_Vale, y en el caso de que eso suceda, que volvamos a ser perros digo, cómo te libraras de tus amos? Qué les dirás? Guau guau, guau guau…??&lt;br /&gt;_Joder Pimkye, eres un pastor belga pero tienes la ironía de un buldog británico…&lt;br /&gt;_Mira, escúchame. Lo primero que vamos a hacer es ponernos alguna tela de esa que usan los amos porque yo estoy helado, no sé tú…&lt;br /&gt;_Y de dónde la sacamos?&lt;br /&gt;_De los amos…? De dónde la vamos a sacar…!! Entramos en silencio y cogemos algunas cosas de los machos alfa. Y ya que entramos, por lo que pueda pasar, cogemos también papeles verdes de esos que tiene ellos para conseguir cosas. Es posible que lo necesitemos…&lt;br /&gt;_Qué listo has sido siempre, Pimkye!!&lt;br /&gt;_Es porque soy belga. En Bélgica somos todos muy listos…&lt;br /&gt;Los dos amigos pasaron algunas horas más hablando y explorando su nuevo cuerpo. Llegaron a la conclusión de que era un mal cuerpo, muy limitado físicamente, sin apenas pelo y un pozo sin fondo en lo que a alimentación se refiere porque no tenían ni cuatro horas como hombres y ya tenían hambre, y sin haber hecho ejercicio… Además, había que sumar a la larga lista de defectos el peor de todos, el defecto que más coartaba su libertad individual: no llegaban a lamerse los genitales. Pimkye, muy aficionado a esto, bastante más que los demás perros, pensó que, no llegando él mismo, su amigo Dogger le podía echar una mano, una lengua mejor dicho. “No sé, chico, esta mañana no me lo hubiera pensado, pero ahora que soy humano me da un poco de grima…”, respondió Dogger sumido en un mar de dudas a causa del conflicto interno al que se enfrentaba. Por un lado, eran perros en cuerpos de hombres y querían actuar como perros; por otro lado, el cerebro humano que ahora ocupaba sus cabezas vertía galones y galones de encimas que provocaban sentimientos de lo más extraño en sus corazones, sentimientos humanos que les impedía disfrutar de lo antes era su pasatiempo. Era cierto que Dogger había lamido infinidad de veces los genitales de Pimkye y que lo había hecho con todo el placer del mundo perruno. Siendo hombre, la cosa cambiaba. Solamente el hecho de pensar en pasar la lengua por aquel pingajo encogido por el frio le producía náuseas. No obstante, Pimkye, que era belga y como belga, según él, era listo porque en Bélgica todos son listos, resultó ser también bastante obstinado y descubrió, a base de probar, el sucedáneo que suponía su hábil mano derecha, que ya sabemos todos que no es lo mismo ni de lejos, pero es mucho mejor que nada. Dogger, que para ser alemán era un poco, digamos, lento, que más que alemán parecía francés, no tuvo impedimento intelectual en aprender el gran descubrimiento, lo que hace verdad aquello de “querer es poder”, ya que, hasta la más ardua tarea, como que un perro maneje sus recién estrenadas manos humanas con habilidad en pocas horas, se aprende con facilidad si uno quiere. Y como el aprendizaje requiere tanto teoría como práctica, después de haber observado cómo se hacía, el rubio practicó un par de veces más que su maestro, descubriendo a su vez que el exceso de práctica duele.&lt;br /&gt;Había noche por delante para explorar caminos nuevos, pero no tanta como pensaban. Es verdad que “practicando” el tiempo vuela y ya sólo quedaban un par de horas para el amanecer y el despertar de los amos. Y no se podían descuidar. Tenían que llevar a cabo el plan del belga y agenciarse los útiles humanos por si su caso no era el típico.&lt;br /&gt;Para Pimkye no fue difícil entrar, la puerta corredera del salón siempre quedaba abierta, cerrada junto al tope pero sin el pestillo, con lo que un pequeño empujón servía para hacerla deslizar. Es algo peculiar de este país el que las personas, por motivos de seguridad, prefieran dormir con un magnun cuarenta y cinco bajo la almohada en vez de cerrar con llave las puertas de las casas. Supongo yo que en el subconsciente colectivo americano prima el deseo de liarse a tiros por encima del deseo a proteger a la familia. Por el motivo que sea, el caso es que Pimkye se valió de tal peculiaridad y accedió sin esfuerzo alguno. Ya dentro observó a su alrededor. Todo parecía distinto, más pequeño, y con el cambio de perspectiva descubrió muebles y rincones qie anteriormente no conocía. Fue a la cocina e intentó beber agua como un humano. Misión fallida. Había aprendido a usar su mano para satisfacerse a sí mismo pero no para abrir el grifo del fregadero, menos aún para desenroscar el tapón de las botellas de agua mineral de la nevera. Sin ruborizarse o avergonzarse lo más mínimo, se puso de rodillas y bebió de su recipiente habitual con su lengua. También pensó en comer algo pero no tenía tiempo para ello. Con sigilo, subió arriba, a la habitación de sus amos adultos. Era arriesgado y peligroso, pero no quedaba más remedio que hacerlo, allí estaba el armario con la ropa de él y un cajón que guarda papeles verdes. Entró. Sus amos dormían como niños. Él estaba boca abajo y bufaba como un bisonte; ella, boca arriba, semitapada con las sábanas, dejando al descubierto una de sus piernas. Pimkye se quedó un rato al pie de la cama observándola. Para él, aquella mujer era su verdadera ama, la persona con la que estaba la mayor parte del tiempo, la mujer que le servía la comida. Cuando estaba con ella, el perro sacaba su lengua perruna y agitaba el rabo con alegría. Ahora que era hombre y la miraba con ojos de hombre, también. Como humano, deseaba a esa hembra y su cuerpo se lo indicaba enviando sangre por galones a la zona sur. Tuvo la tentación de ejercitar aún más su mano allí mismo, mejor aún, tuvo la tentación de ejercitarse con ella allí mismo, pero, inexplicablemente, Pimkye supo refrenar su instinto sexual salió de la habitación antes de cometer alguna tontería no sin antes agenciarse lo que iba buscando. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-8137702172708994302?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/8137702172708994302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/pimkye-y-dogger-parte-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8137702172708994302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8137702172708994302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/pimkye-y-dogger-parte-i.html' title='Pimkye y Dogger (parte I)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4598191708921211403</id><published>2010-05-18T11:07:00.000-07:00</published><updated>2010-05-18T11:10:42.970-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La hora'/><title type='text'>La hora</title><content type='html'>Corrían las diez de la mañana en el reloj cuando entró por la puerta. Era un tipo alto, moreno, de mirada profunda y manos grandes, vestido con un abrigo negro cruzado que le llegaba hasta los tobillos. Todos en la cafetería se quedaron mirándole fijamente un buen rato, el mismo rato que tardó aquel hombre en avanzar y dejar que la puerta se cerrara detrás de él. Se extendió la sensación de que el hombre en el abrigo negro era alguien conocido, alguien familiar, pero no por ello bien recibido, como uno de esos primos o tíos que se tienen y que viven lejos y que un día aparecen para fanfarronear acerca de sus vidas aventureras llenas de peligros maravillosos que no solo te cuentan sus hazañas sino que, al mismo tiempo, te están diciendo lo desgraciado y pobre que eres. El recién llegado no hizo caso de las miradas y mantuvo sus ojos en el frente, hacia ninguna parte. Avanzó y se sentó en un taburete del final de la barra, al lado de otro tipo que estaba allí y que daba vueltas a la cucharilla de su café con insistencia.&lt;br /&gt;La cafetería era grande y fría, con un gran botellero enfrente de los clientes que les invitaba a consumir los licores que exponía, consiguiéndolo en la mayoría de los casos, cosa que agradecía el dueño del local, el mismo tipo que servía y que barría el suelo cada noche.&lt;br /&gt;El hombre del abrigo permanecía erguido en el taburete, mirando al botellero, en especial a una botella de Justerini and Brooks medio llena, la primera de una fila de botellas iguales. “Ya picó otro encandilado por mi maravilloso botellero…”, pensó el tendero dueño, nada más lejos de la realidad. En un tono bajo y plano, sin llegar nunca a mirar al camarero, el tipo nuevo dijo “café con leche templada en un vaso de cristal, largo de café… Y no tardes Joe…!” Era sorprendente. Aquel hombre nunca había entrado allí y sin embargo conocía el nombre del dueño, algo que verdaderamente le asustó. Quién podría ser? Un inspector de hacienda? Un sicario de la mafia por no pagar el impuesto del capo del barrio? Un detective pagado por su ex mujer? Tembloroso, sirvió el café tal y como había sido ordenado y se fue a su rincón de esperar las peticiones de los clientes, casualmente muy cerca de una pequeña pantalla donde se podía ver lo que grababan las cámaras de seguridad del local, principalmente, la instalada en el lavabo femenino.&lt;br /&gt;El tipo nuevo se sirvió dos cucharadas de azúcar y empezó a dar vueltas al café con la misma velocidad y mismo sentido que su acompañante de barra, siempre mirando al frente, impasible. Como es natural, el tipo de la barra se empezó a poner nervioso, como nerviosos se ponen todos los que son imitados, no se sabe muy bien si por la incomodidad que supone el saberse “no únicos” o por ver lo ridículos que son sus actos cuando los pueden observar desde fuera. Por una razón u otra, o por las dos a la vez, el imitado paró de remover su café y miró a su izquierda buscando una explicación. “Y qué…?”, preguntó con muy malas pulgas a aquel que había venido a interrumpir su cafetero momento de paz. Éste, el hombre de abrigo oscuro hasta los tobillos, bebió un sorbo pequeño, dejó el vaso en el plato y lo agarró con toda la amplitud de su mano aprovechando el calor que despedía para volver a tener movilidad. Con la misma postura, sin mirar a su derecha (ni a su izquierda), en voz baja y muy despacio respondió la pregunta: “Ha llegado la hora… …Sabes de qué te estoy hablando, no?”.&lt;br /&gt;_ Pues no señor, no sé de qué está hablando…&lt;br /&gt;_ De tu hora Garret, tu hora…!&lt;br /&gt;_Pero qué está usted diciendo? Está loco?&lt;br /&gt;_ Por las cosas que he visto debería estarlo, pero no lo estoy. He venido a por ti, para llevarte conmigo…&lt;br /&gt;_ Qué? Llevarme?? Dónde?&lt;br /&gt;_ Al otro lado.&lt;br /&gt;Garret Morrison, el hombre de la barra, comprendió. No se lo tomó muy mal, simplemente respiró hondó y aceptó, como si fuera algo que esperara más o menos pronto a pesar de su no muy madura edad.&lt;br /&gt;_ Y ha de ser ya? No se puede posponer algún tiempo?&lt;br /&gt;_ No, amigo… Eso que llevas dentro avanza rápido y te está comiendo… Qué dijeron los médicos? Tres meses, cinco? Es igual, el tiempo es ahora.&lt;br /&gt;_ Yo confié en mi dios para que me diera algo más de tiempo y sigo confiando, él sabe quién soy y lo que he hecho por Él…&lt;br /&gt;_ Bueno, que sabe quién eres, vale. Que hiciste algo por él, discutible. Que te dará más tiempo, ni hablar! Si estoy aquí ya no hay vuelta atrás…&lt;br /&gt;Los dos hombres permanecieron callados un buen rato, el uno al lado del otro, ajenos al resto de gente del local, que seguían con sus murmullos o leyendo la prensa. En el final de la barra se podía cortar la tensión con cuchillo. Los latidos de Garret casi se escuchaban, graves, acelerados, tan solo atenuados por el leve sonido que hacía el misterioso hombre del abrigo negro con la cucharilla en el vaso. Removía el café con clase, elegantemente, como si fuera un experto en protocolos ingleses en los que es de muy mal gusto golpear la porcelana con las herramientas en las comidas, cenas o meriendas. Mantenía un ritmo uniforme con la cabeza de la cucharilla en el fondo del vaso, imitando el movimiento necesario para batir un par de huevos. En cada giro, un único “clin”, giro “clin”, giro “clin”, giro “clin”, “clin”, “clin”, “clin”, “clin”… Garret Morrison se estaba poniendo nervioso. Parecía como si estuviera rezando con su mano agarrando una pequeña virgen de oro que llevaba al cuello, sin duda alguna, pidiéndole a su querido dios que le librara de aquel trago, al menos ese día y como es normal cuando necesita estar concentrado, el “clin, clin” le sacaba de sus casillas.&lt;br /&gt;_ Por favor, basta ya!!&lt;br /&gt;_ Basta? El qué?&lt;br /&gt;_ El ruido, me molesta…&lt;br /&gt;_ Mira, rezar no te va a servir de nada… En cambio, podrías seguir bebiendo tu último café… Es bueno!&lt;br /&gt;_ Ok, ok…! Y dime, dolerá?&lt;br /&gt;_ Dolerá, dolerá… Siempre preocupados por el dolor físico, como si fuera lo peor que existe… Cuando veas donde te voy a llevar desearás mil latigazos en la espalda, créeme…&lt;br /&gt;_ En el paraíso? En la divina y santa presencia de dios? Me espera el descanso eterno, por eso puedo mantener la compostura.&lt;br /&gt;_ Cómo? La presencia de quién? No, amigo, no, te estás equivocando. En mi lista pone que tú vas a otro lugar, nada de descanso y paz y todo eso…&lt;br /&gt;_ No puede ser! Yo soy un siervo suyo, me he ganado el cielo!&lt;br /&gt;_ Y desde cuando el cielo se gana? El cielo está ahí y uno va si cree…&lt;br /&gt;_ Yo creo, yo creo…! Dios sabe que creo!&lt;br /&gt;_ Amigo, a hipocresía no te gana nadie… Creer conlleva actuar en consecuencia. De nada sirve decir que se cree si lo que se hace dice lo contrario. Tu muerte se adelanta porque es hora de sufrir un poco. El cáncer terminará con tu cuerpo, pero lo que inclina la balanza hacia un lado o a otro, hacia el cielo o el infierno, son tus actos. Causa y efecto, matemática pura, hago esto y consigo esto, hago aquello y consigo aquello. Por lo que sé, y es bastante, infierno es lo que hay para ti…&lt;br /&gt;_ No, no puede ser, por aquello de los bonos a plazo fijo…? No es para tanto, no hice mal alguno… Hay miles de personas haciéndolo continuamente y no les sucede esto, por qué a mí?&lt;br /&gt;_ Por qué, por qué? La famosa pregunta del hombre cuando se ve al borde del abismo. Hay un por qué, naturalmente, y tú lo sabes…&lt;br /&gt;_ No lo sé! Sólo pequé en esa inversión que te he dicho!&lt;br /&gt;_ Vaya, vaya…! El señor Garret Morrison solamente pecó una vez… Un santo! Te aconsejo que no juegues conmigo al ignorante inconsciente o el tránsito será duro para ti. Busca en tu interior, en algún rincón escondido de tu cabecita, en lo más profundo de tu corazoncito… Ahí está el por qué…&lt;br /&gt;El hombre agachó su cabeza y comenzó a sudar. Su cerebro procesaba datos rápidamente, buscando alguna respuesta, alguna situación, cualquier cosa que fuera el terrible por qué que le condenaba al fuego eterno. Miró al botellero y pensó que necesitaría una ayuda, ayuda que le proporcionaría la botella de vodka Absolut. Después de engullir un par de tragos largos y con la garganta bien caliente, decidió hacer un pequeño balance de su vida adulta_ a pesar de lo que algunos mantienen, de niño no se peca_ para dar con lo que buscaba. Era claro, cristalino, que algo debería haber ya que uno no busca si está convencido de que no hay nada y este no era el caso de Garret. Repasó su juventud y su madurez aún vigente y encontró nada más que asuntos veniales, al menos para él: el ya citado tema de los bonos, una inversión fraudulenta en la que vio cómo aumentaba su capital privado; o aquel tema de la ayuda a ese político amigo suyo que llegó a ostentar un cargo público y más tarde devolvió el favor con informaciones privilegiadas; o el asunto un tanto oscuro de las grabaciones domésticas en probadores de tiendas de ropa, pero aquello fue mucho antes de ingresar y las mujeres nunca supieron que eran grabadas, con lo que si no hay conocimiento, no hay daño… Claro que había temas y situaciones pecaminosas, pero no como para tener que ir al infierno por toda la eternidad. Eran asuntos totalmente normales, de persona normal que lleva una vida rutinaria en un mundo lleno de lobos y en el que hay que hacer, de vez en cuando, alguna cosilla para poder darse un capricho… Seguía pensando que era injusto. Había banqueros, políticos, predicadores, robando continuamente a todo el mundo, destrozando vidas y familias y no les ocurría nada parecido a aquello. Todo lo contrario, eran felices, famosos, y vivían cien años teniendo la oportunidad de conocer a sus nietos y verles crecer… No era posible que dios se comportara así con él, que le tratara con tanta dureza cuando él había empleado muchos años en su obra…&lt;br /&gt;_ No le des más vueltas, amigo… La autocompasión nunca salvó a nadie de nada y es un error… En tu caso, no sólo es un error sino que además es una herejía… Buscas y buscas y no encuentras… Es porque buscas mal, dando por sentado que eres inocente, puro, limpio de corazón… Te ayudaré un poco, ok? Mírame!&lt;br /&gt;Garret Morrison giró su cabeza hacia su izquierda y miró fijamente los ojos del tipo con abrigo negro hasta los tobillos. Inmediatamente después sintió cómo su corazón se encogía, como si se secara y se convirtiera en una uva pasa, arrugada y deshidratada. Un millón de agujas pincharon su pecho obligando al hombre a soltar la virgen de su pecho e intentar sujetar su corazón, gesto éste que repiten todos aquellos que sienten aproximarse un infarto y que, sin resultados como es obvio, pretenden parar así lo inevitable desde fuera. El dolor era intenso y profundo. Oprimía sus pulmones dificultándole la respiración y Garret intuyó que era el momento del viaje, que ya partía el tren, pero lejos de ser el principio del fin, ninguno de sus órganos vitales sufrió daño alguno, ya que no eran causas reales de muerte sino sensaciones, sentimientos que ese hombre del abrigo quería que Garret sintiera y que produjo con su mirada fría.&lt;br /&gt;_ Vas entendiendo, amigo? Te ayuda esto a recordar? El miedo, la angustia, el dolor, el ahogo… No te resultan familiares…?&lt;br /&gt;La memoria humana es algo extraordinario o lo hacemos extraordinario. Recordamos todo lo bueno y parte de lo malo, la parte correspondiente al mal que nos hacen, pero raras veces recordamos aquel mal que nosotros hacemos a los demás. Éste lo guardamos en el último cajón de nuestra cabeza, en el más recóndito e inaccesible para que, con el tiempo, parezca que nunca se produjo y poder decir así, con la cabeza bien alta, eso de “yo no, nunca hice daño a nadie”. Pero no es cierto, aunque nos empeñemos en ello. Hacemos daño, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, y el dolor para el que lo sufre es el mismo de una manera o de otra. Es solamente bajo presiones externas cuando reconocemos que hicimos daño y a quién, cuando movemos mil cajas en nuestros trasteros mentales y desempolvamos las viejas cajas del fondo. Garret fue presionado con ese fin. Era necesario que abriera sus cajas viejas y que mirara en su interior para dar con el por qué de su destino, habida cuenta de que no lo haría nunca por su propia voluntad. Y la presión dio resultado. El hombre comprendió. Las sensaciones físicas que sentía tuvieron caras, tuvieron lugar y fecha en el calendario, fueron ubicadas en algún lugar de su vida rellenando huecos que, deliberadamente, fueron vaciados en el pasado. Encontró un porque para el por qué.&lt;br /&gt;_ Ya! Ya lo viste, eh? Eso es por lo que irás al puto infierno, eso y no lo del dinero… Pero quiero algo más, esto sí que te lo has ganado por hipócrita… Quiero que confieses, quiero que me lo cuentes en voz alta… No te gusta tanto la confesión? Pues confiesa ahora, padre Morrison!&lt;br /&gt;Garret Morrison, sacerdote desde hace veinte años, dejó caer dos lágrimas de sus ojos enrojecidos. Sacó fuerzas de algún lado, supongo que del vodka, y habló, balbuceando, con la voz entre cortada, sin levantar su mirada del suelo.&lt;br /&gt;_ Sí… …yo, el padre Morrison… …Usé el confesionario pa… …para dar rienda suelta a mis… …a mis… …depravaciones. Hace años, cuando aún los feligreses eran muchos y muchas mujeres piadosas venían a confesar, yo usé sus secretos y las… …las chantajeé para conseguir sus… …sus… …favores sexuales… Tuve que, tuve que… …. La señora White y Patricia Malltoe se revelaron, dejaron de temer que sus pecados se supieran… Tuve que matarlas… Años después, con la iglesia casi vacía, desvié mi atención a los niños del orfanato… Ab… abus… abusé de muchos… los pegué… …los pen… …penetré… a uno de ellos lo mat…&lt;br /&gt;El hombre se derrumbó y rompió a llorar como un crio. De repente, el sufrimiento de todas esas mujeres y de los niños cayó sobre él hundiéndole en la miseria sin escapatoria posible.&lt;br /&gt;_ Sabes? Soy la muerte y mi aspecto habitual deja mucho que desear, pero lo tuyo, lo tuyo da verdadero asco, no sólo por ser un cerdo nauseabundo, también porque para ti los temas de dinero son más importantes que las personas, como todos los religiosos… De verdad pensaste que tus pecados eran los putos bonos antes que violar a mujeres y a niños? De verdad pensaste que Dios te abriría el paraíso después de haber hecho lo que hiciste? Dios santo! Y todavía hablabas de injusticia…&lt;br /&gt;_ Por favor, acaba ya con esto…&lt;br /&gt;_ Acabar? No ha hecho más que comenzar… Multiplica por un millón lo que sientes ahora y será lo que sentirás toda la eternidad, amigo… Apuesto que prefieres ahora esos mil latigazos?&lt;br /&gt;El hombre del abrigo terminó su café, encendió un cigarro_ el café sin tabaco no es nada_ y sopló en el oído del hundido Garret, que cayó al suelo desde el taburete, desplomado, como un saco de patatas, provocando un estruendo que hizo estremecer al resto de clientes del bar. Todos allí clavaron sus miradas en el hombre de negro y sintieron el miedo que despedía volando por encima de sus cabezas. Se levantó, estiró su abrigo negro hasta los tobillos, colocó las mangas ajustándolas a sus muñecas y caminó hasta la puerta provocando que todas la cabezas le siguieran. Llegó a la puerta, agarró el pomo con su mano derecha y lo giró. Antes de abrir se paró y levantó su cabeza como si hubiera olvidado algo. “Joe!”, dijo sin apartar su mirada de la puerta, “buen café… …y quién de ustedes es Paul Winston?”. Un tipo gordo que estaba sentado a una mesita levantó su mano con mucho miedo.&lt;br /&gt;_ Muy bien! Paul, mañana te veo. Yo estaré aquí, me gusta el local. Si no vienes, da igual, te encontraré, así que, por favor, ahórrame tiempo y ven.&lt;br /&gt;Paul Winston palideció y su corazón se aceleró como un reactor en el despegue aumentando las pulsaciones a un número que rozaba lo inhumano. Al borde del colapso, Paul intentó levantarse y llamar a un médico, pero no hizo falta, ya que el hombre del abrigo negro, la mismísima muerte, puso su mano en el pecho del gordo y dijo “he dicho que mañana… …hoy estate tranquilo… …Estén todos tranquilos, ninguno de ustedes tiene hoy cita conmigo, pero llegará… les aseguro que llegará…”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4598191708921211403?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4598191708921211403/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/la-hora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4598191708921211403'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4598191708921211403'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/la-hora.html' title='La hora'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-8875225997392456906</id><published>2010-05-10T11:14:00.000-07:00</published><updated>2010-05-10T11:31:27.729-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Es lo que hay'/><title type='text'>Es lo que hay</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Desde la atalaya del tiempo, el águila calva todo lo siente, todo lo percibe. Levanta el telón tricolor de la patria y ve a todos, hacinados en las esquinas, abriéndose hueco con los codos, exagerando su importancia en el colectivo para hacerse notar por encima del resto… Allí están todos: los banqueros, los judíos más cristianos y los cristianos más judíos, los sustitutos de Dios en la Tierra, disponiendo las vidas ajenas para que encajen, cual puzle, en la palma de sus manos y así controlarlo todo, lo alto y lo bajo, la derecha y la menos derecha, los de delante y los de atrás, todos entran en sus ilimitadas manos de dedos largos que llegan hasta el último rincón del alma. Nada sucede sin que ellos lo sepan, nada ocurre sin que ellos digan la última palabra al respecto, nada se hunde sin que ellos lo quieran por muy podrido que esté; están los políticos, los de allí y los de aquí, todos ellos, sin excepción, de traje caro y multinacional bajo el brazo, empeñados en gustar a todo el personal con sonrisas falsas y buenos gestos inocuos pero exprimiéndoles para beber el jugo que apague la sed infinita de sus egos, protectores de su bien privado, pidiendo, pidiendo aunque pocas veces dando; los grandes empresarios, aves carroñeras para los que todo es poco, jugando al ajedrez social con la impunidad de saberse siempre ganadores con sus reyes a buen recaudo en Suiza o Barbados y sacrificando peones a miles que crean en sus fábricas de desesperación; los jueces, escondidos debajo de sus togas, pugnando los unos con los otros por ver quién sodomiza primero a Justicia a la que hace tiempo se le cayó la venda de los ojos; las esposas de los anteriores, putas de baja estofa enfundadas en vestidos de grandes señoras decentes, conduciendo sus cuatro por cuatro, entrando y saliendo del quirófano con los pechos cada vez más grandes y buscando muchachos fornidos con los que desfogarse entre copa y copa; están los oficiales militares y su gran método de combatir a las moscas con cañones de gran calibre que justifica su ingreso en las nóminas de los fabricantes de misiles, tan ensimismados con el brillo de sus condecoraciones que hace tiempo olvidaron los valores que dicen defender, si es que laguna vez los conocieron; los soldados, juventud cercenada por el cuchillo de la pobreza, muchachos americanos reconvertidos en muñecos de primera línea a cambio de un plato de rancho rancio, ignorantes y salvajes, defendiendo causas que desconocen; están los predicadores bautistas, gritando mensajes de salvación blanca por parte del dios que bendice sus campamentos familiares de la Milicia, atrincherados detrás de las biblias pero empuñando subfusiles con los que combatir a todo aquel que no piense como ellos y que llaman diablo; los cantantes y las cantantes pop, guapos y guapas, ricos y ricas, maravillosos, estupendos, perfectos productos salidos de la cadena de montaje discográfica, creados para ocupar el vacío en las cabezas adolescentes dispuestas a gastar lo que haga falta para ser populares; los analistas de mercados financieros, grandes gurús de la economía moderna, observatorios fiables de las macrocifras, que solamente hablan cuando las cosas van bien pero que se esconden cuando hay “cracks” que no vaticinaron, quizá porque sean ellos esbirros de los culpables; los periodistas, inflados por creerse los cuartos cuando en realidad son lacayos de los primeros, defensores y heraldos de la verdad que más dinero produzca; los raperos negros y sus sonidos alienantes, con decenas de chicas explosivas colgadas en sus cuellos, tan hastiados de sexo y dinero que han encontrado divertimento en matarse entre ellos; los vicarios católicos, siempre de negro profundo, anunciando más muerte que vida, exigiendo a los demás con sus bocas lo que sus genitales no pueden hacer, creando otro harem bajo el nombre de orfanato donde dar rienda suelta e impune a la obsesión que se esconde detrás del celibato de Roma; está la Asociación Nacional del Rifle al completo, con el decrépito y huidizo Charlton Heston a la cabeza, predicando las bondades de las armas de fuego en casa, imprescindibles para defenderse de los peligros que acechan a la patria, especialmente la gran amenaza que supone el temible Bambi que corretea por nuestros bosques pudiendo pisar algún pequeño pie de los niños…; los psicólogos, judíos todos ellos posiblemente por aquello de tener que vender humo, elocuentes y millonarios, expertos adivinadores del pasado pero incapaces de diagnosticar a una sociedad enferma; los moteros, libres como el viento, sin un palmo de piel que no lleve tatuado una esvástica, símbolo éste de indudable libertad; están los hispanos afincados en el norte, ocupando parques públicos y haciendo de ellos sus cuarteles generales, midiendo su hombría por el calibre de sus pistolas que usan también, casualidad de casualidades, para defenderse del pequeño ciervo en pleno centro de Nueva York; los hispanos afincados en el sur, familias trabajadoras y decentes, entendiendo esto último como ser más conservador que los conservadores, fanáticos republicanos para con aquellos que ahora, como ellos mismos antes, quieren cruzar al otro lado en busca de una vida mejor; los seguidores de Elvis, pantalones campana y pelucas de tupés imposibles en ristre, peregrinando a su Meca particular en busca de sanidad; los saudíes, árabes sí, pero árabes con petróleo, lo que les convierte, automáticamente, en amigos con los que sentarse a hablar. Pareces ser que están cerrando otro negocio con Carlyle por el que embolsarse varios cientos de millones de dólares a cambio de dos o tres mil vidas humanas; la mafia italiana_ hay que especificar porque aquí hay muchas mafias, cada una con su particular rasgo_ y sus sindicatos de basureros, vistiendo trajes tan caros como horteras que están manchados de sangre, empeñados en no vocalizar cuando hablan y en repetirlo todo un millón de veces; están los muchachos y muchachas de Harvard y Yale, futuros líderes horneándose al calor de la fortuna familiar, aprendiendo mucho no para mejorar lo que ya existe sino para saber mantener un sistema injusto que sus abuelos crearon y por el cual ellos siempre estarán en la cima, ardua tarea ésta por insostenible; Disney, produciendo uno de sus manuales para niños de “cómo ser el más popular de tu colegio y pasar por encima de los demás antes de que ellos pasen por encima de ti”, engullendo a cualquiera que se atreva a entretener sin pedirles permiso; está Angelina Jolie, rodando otra película sin guión basada en ella posando con doscientos modelitos, siempre con la misma cara de diva divina; la policía, buscando negros a los que apalear después de hacer un poco más ricos a los fabricantes de donuts; los veteranos de cualquier guerra, con sus miembros amputados, maldiciéndose a sí mismos por no haber dicho “No” en su momento; los cubanos anticastristas, cortando la cocaína de todo Florida, esperando a que muera el dictador para poder cantar “Viva Cuba Libre” desde Miami mientras los burdeles en su isla rinden beneficios; los niños en los colegios, suspensos en “matemáticas” pero doctorados en “limpieza y montaje de la veretta”, preocupados prematuramente por lo que hay bajo la ropa interior influidos por las series donde treinta añeros interpretan a adolescentes, dispuestos a seguir a cualquiera que les diga lo que quieren oír; Hollywood, la industria de los sueños, donde los informáticos han sustituido a los guionistas, buscando el enésimo enemigo del planeta con una nueva arma con la que terminará con la vida y que sucumbirá, por supuesto, ante la belleza arrebatadora del protagonista, porque, todo el mundo lo sabe, los héroes son siempre guapos y los malos feos; los jugadores de las Vegas, jugando a ser otra persona distinta a la que son en su realidad el tiempo que dure la instancia, para volver a sus grises, aburridas y cristianas vidas sin un dólar que gastar; los homosexuales del Castro, haciendo gala de su condición sexual con orgullo, ignorantes de que eso les distancia aún más de la tan deseada normalidad, aunque, después de todo, quizá ya lo saben y se sientan cómodos viviendo una semiclandestinidad que les sirve de justificación para otros asuntos…; los vaqueros de Texas, machos sudorosos y rudos, tipos fuertes moralmente anclados en los cuarenta, defendiendo cualquier posición belicista de los políticos siempre y cuando sean los chicos negros los que vayan a luchar y no ellos; los cosmopolitas de Manhattan, la élite de la élite, el animal más a la vanguardia del mundo, amantes del asfalto, hombres y mujeres del siglo XXI pero con la mitad de neuronas que los hombres y mujeres del siglo IXX, creyendo que viven a salvo de todo los que les rodea; la gente de los gimnasios angelinos, esculturales, perfectos, rindiendo culto al cuerpo y soñando con que sus músculos les lleven, un día, al éxito: la televisión, el cine, quizá ser gobernador de California…; Paris Hilton, follándose a todo el gran estado de Oklahoma; están los enterradores, obedeciendo el mandato de arriba por el que trabajan a destajo y a escondidas para que nadie tenga tiempo de contar los ataúdes que meten en los hoyos llegados de la otra parte del mundo; las animadoras, expertas bailarinas y acróbatas, calentando las camas de los muchachos entre partido y partido, sopesando seriamente la posibilidad de cambiarse al cine porno, donde harían lo mismo pero por mucho más dinero; los Kennedy, muriendo en extrañas circunstancias; los Amysh, en su planeta; están los abogados invocando a su patrón en el aquelarre, buscando la manera de retorcerlo todo para sacar tajada amparados en una legislación sustentada por mondadientes; los padres de las niñas de los concursos de belleza infantiles, ambiciosos y sin escrúpulos, capaces de truncar la infancia de sus hijas por tapar su propia miseria fracasada; los científicos de la Nasa y sus caras ocurrencias, buscando la forma de recolectar una piedra de tres pulgadas en Marte que los permita seguir viviendo a costa de los contribuyentes; los swingers, presumiendo de ser los únicos que conocen el verdadero amor, cuando la realidad es que no son más que personas libres asociadas para ayudarse a encontrar sexo gratis con terceros; el KKK, cobardes e ignorantes, obsesionados por defender una supremacía que sólo existe en sus trastornadas cabezas; el Museo de Arte Moderno de Nueva York, un intestino grueso gigante lleno, casi en su totalidad, por deshechos, diciendo que es arte solamente aquello que les reporte beneficios; los agentes de la CIA, asesinos legales, haciéndole la guerra a cualquiera que se atreva a insinuar que no está de acuerdo con ellos, americanos incluidos; los creacionistas y su “One Nation Under God”, intentando imponer su fanatismo religioso a todos para hacerlo tan grande y poderoso que les permita combatir, con garantías, contra otros fanatismos igual de peligrosos que el suyo; están los médicos, aumentando sus cuentas bancarias sirviéndose de la enfermedad pública, extirpando tumores y practicando transplantes de hígado aunque matando de infarto a la hora de pagar la cuenta…&lt;br /&gt;Sí, ahí están todos ellos, mirándose el ombligo, esforzándose para sí mismos, pensando que nada es posible sin su participación como si fueran imprescindibles.&lt;br /&gt;Afortunadamente, hay más gente debajo del telón, mucha más, millones más, anónimos, solos, no incluidos a voluntad en grupos de presión, millones de personas soportando sobre sus hombros el peso de todos los anteriores, hombres y mujeres que son el motor por el cual el imperio avanza. Éstos también están bajo el manto y siempre estarán, pero nunca ocuparán portadas en Europa o cabeceras de noticieros, nunca nadie empleará un minuto de su tiempo en debatir sobre ellos en el parlamento y todo porque los que viven una vida regalada, llena de alegría y de dólares, dan por hecho que trabajar es su obligación para con la patria, que están ahí simplemente para hacer que la nave navegue en el rumbo que ellos marcan.&lt;br /&gt;Los millones y millones de desconocidos no exigen su parte del pastel (como sí exigen otros que no hacen nada gratis), no pasan facturas bajo presiones de escándalo, tan solo luchan por sacar a sus familias adelante y lo mínimo básico que se les puede dar, después de recibir todo lo que ellos producen, es justamente lo que se les niega porque es algo que amenaza, directamente, un sistema financiero y social que ampara y protege a todos los nombrados anteriormente. Y qué puede ser eso tan peligroso que los millones demandan? Justicia, Libertad, Seguridad y Educación_ la Sanidad no es negociable, no es una recompensa, es un derecho fundamental_.&lt;br /&gt;Y todos están, los nombrados y los anónimos; unos, los más, dispuestos en círculos engranados entre ellos formando la maquinaria precisa del reloj americano; los otros, menos, muchos menos y muy ricos, sentados a horcajadas en las manillas, cabalgando sobre ellas, dificultando, cada vez con más intensidad, el funcionamiento del reloj porque el peso, ya excesivo, desde hace mucho tiempo excesivo, obliga a esforzarse más y más a la máquina interna que empieza a mostrar síntomas de cansancio. Pero todo da igual, mientras el reloj dé la hora, mientras siga girando en el sentido correcto, no hay por qué temer nada y habrá quien continúe ocupando puestos prominentes sin merecerlo defendiendo “su verdad” por encima de “La Verdad”.&lt;br /&gt;Desde la atalaya del tiempo, el águila calva protegerá la bandera y seguirá observando debajo de ella todo lo que hay: millones de personas que siguen produciendo millones de dólares que otros seguirán embolsándose sin esfuerzo. Y todos seguirán pensando que esto durará eternamente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-8875225997392456906?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/8875225997392456906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/es-lo-que-hay.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8875225997392456906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8875225997392456906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/es-lo-que-hay.html' title='Es lo que hay'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-7392079235125372573</id><published>2010-05-05T07:55:00.000-07:00</published><updated>2010-05-05T07:57:04.179-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La muerte de Josh Culberson'/><title type='text'>La muerte de Josh Culberson</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Josh Culberson fue pateado hasta morir. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y fue la justificación ideal al odio de un puñado de animales. Ninguno de ellos sabía cómo se llamaba o dónde vivía. Fue ésta la razón por la que no fue ayudado o, quizá, por todo lo contrario, por ser demasiado conocido.&lt;br /&gt;Retrocediendo en el tiempo, llegamos hasta la infancia de Josh. Se puede decir que fue normal, tan sólo sacudida por su prematuro amor por Amy Smith. Contaba doce años y ya amaba como un adulto. No se trataba de querer acariciar la mano de la chica o de acompañarla a casa después de la escuela. Josh soñaba con cosas muy distintas, impropias de su edad y educación. Contactos sexuales, procreación, construir un hogar, era lo que Amy inspiraba al muchacho. Demasiada televisión.&lt;br /&gt;Él siempre creyó que la joven Amy, de trece años, pensaba igual y sentía igual pero, si ya es raro que un preadolescente sienta así, mucho más lo es que dos preadolescentes de la misma ciudad, de la misma escuela, sientan de manera similar. Logicamente, Amy llevaba sus pensamientos y sentimientos por lugares muy lejanos a los de su amigo Josh.&lt;br /&gt;Como cualquier niño, o cualquier treintañero inmaduro enfermo de “peterpanismo”, el chico demostró una gran impaciencia y no pudo, no supo y no quiso acallar sus deseos más arcanos y conformarse con los paseos y el, simplemente, estar juntos en clase. De este modo, una tarde que ensayaban canciones de bandas pop en el garaje, Josh confesó su amor adulto a Amy, esperando que ésta lo entendiera, lo compartiera y lo correspondiera con la misma madurez que él había mostrado. Demasiado esperar era aquello. La chica tuvo miedo. De repente era como si estuviera con su profesor de matemáticas en vez de con su amigo. Quiso irse de allí, pero Josh no la dejó. La agarró con fuerza, la tiró al suelo y abusó de ella haciendo oídos sordos a los alaridos angustiados que la muchacha gritaba, como si fuera un objeto de su propiedad. Una vez hubo terminado y no soportando el llanto amargo y ahogado de su “amada”, la golpeó en la cabeza con una barra de uñas acabando con su vida al instante.&lt;br /&gt;Siendo menor y, por lo tanto, vulnerable, un juzgado determinó que el culpable del delito fue un cantante famoso de Rock y la influencia negativa que tenía sobre los hijos inocentes de las personas decentes. Josh Culberson fue llevado a un centro de menores durante dos años donde no aprendió que su acto fue salvaje sino que jugó al beisbol. Después de aquello, nunca más volvió a la ciudad.&lt;br /&gt;Boston, Massachusets.&lt;br /&gt;En un callejón que salía de Summer St. Estaba el pub de Zack. Era un agujero oscuro condenado al fracaso de no ser por unos miembros de la mafia irlandesa que lo tomaron como “sede” por ofrecerles todo lo que necesitaban: soledad, discreción y la mejor Guiness de todo el estado tirada al modo del viejo Dublín.&lt;br /&gt;Zack era un tipo listo. Sabía lo que tenía en su pub, que con aquella gente debería ver, oír y callar y era justamente lo que hacía. Era como un fantasma en su propia casa, pero no le importaba mientras pagaran las pintas para poder comer.&lt;br /&gt;Una noche de jueves, mientras los muchachos engullían cerveza entre fanfarronadas y tocamientos a dos fulanitas que llevaron, seguramente después de haber hecho alguna visita de cortesía a algún deudor del barrio, sucedió lo que nunca antes había sucedido: se abrió la puerta y entró un cliente no habitual. Que se abriera la puerta de noche no era extraño siempre y cuando quien cruzara su umbral fuera la policía que acudiera allí a recaudar su tajada. Ese jueves no fue la pasma sino un tipo gris, pequeño y calvo. Todas las miradas se clavaron en él como cuchillos, miradas elocuentes que decían “no eres bien recibido…”. Ajeno a la tensión que creció en el local, el tipo gris se sentó en la barra, sonrió a Zack y dijo en un tono muy jovial “eh, amigos! Vaís a negar una buena Guiness a un padre de familia?”&lt;br /&gt;El tendero dejó de secar vasos en el final de la barra cerca de la entrada a la cocina y sirvió una pinta de negra con su trébol dibujado en la espuma, inequívoco mensaje de “ésta y te vas” que el cliente supongo que llegó a entender.&lt;br /&gt;Roony O´Driscoll, uno de los mafiosos, el más curioso de todos los presentes, preguntó al hombre su nombre. Era un pub “familiar” donde se conocía todo el mundo. El hombre gris respondió_ muy previsible…!_ “Josh Culberson”. Zack giró su cabeza y fijó su mirada en los ojos del cliente, apretó los dientes y, lentamente, cogió una escopeta de cañones recortados que guardaba bajo la barra. Anduvo por su lado de la barra hasta la altura del calvo padre de familia Josh Culberson y pegó los cañones a su frente. “Dónde naciste, Josh Culberson?”, preguntó. El hombrecillo gris y pequeño, helado de miedo, respondió balbuceando “de muy lejos de aquí señor… D… Du… Durham, señor… no me haga nada…” El tendero Zack frunció el ceño, se acomodó la escopeta al hombro para que no le hiciera daño con el retroceso y dijo muy despacio “aquí yo soy Zack, pero en realidad me llamo Michael_ más previsible aún_, Michael Smith, hermano de la difunta Amy Smith…”.&lt;br /&gt;O´Driscoll, que ya tenía su automática apuntando a la nuca del tipo de la barra, exigió al barman una explicación, no porque tuviera algún tipo de problema con apretar el gatillo sin más, sino porque le gustaba saber a quién estaba matando y por qué. Zack habló sin quitar su vista de su objetivo y abreviando, violación y muerte de su hermana pequeña. La verdad es que el propietario había sido un buen anfitrión durante años, solícito y discreto, y merecía alguna atención extra por parte de los muchachos, algún favor como agradecimiento a su labor, al menos esto fue lo que pensó O´Driscoll, y si lo pensó él, también lo pensaron sus secuaces. “Déjalo chico, tú no te manches las manos… Esto es cosa nuestra que ya sabemos qué hacer…”&lt;br /&gt;Josh Culberson fue pateado hasta morir. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y fue la justificación ideal al odio de un puñado de animales. Ninguno de ellos sabía cómo se llamaba o dónde vivía. Fue ésta la razón por la que no fue ayudado o, quizá, por todo lo contrario, por ser demasiado conocido.&lt;br /&gt;Los nudillos de una mano femenina golpearon la puerta e interrumpieron el sueño convulso del muchacho. “Vamos Josh, levántate!”, gritó la voz desde el otro lado. El chico se incorporó empapado en sudor y nervioso, como si creyera que aún estaba inmerso en la pesadilla que contaminó su descanso. Una vez se ubicó, fue consciente de que aquello era una señal de que estaba llevando demasiado lejos su fijación por su amiga y compañera Amy y se estaba convirtiendo en una obsesión perjudicial que podría empujarle a hacer alguna tontería brutal tal y como la que acaba de soñar, en la que había matado a su amor después de haberla violado y años más tarde fue vengado por su hermano mayor. Josh era un chico frío y calculador, la mezcla maquiavélica de cerebro de adulto en cuerpo de niño. Es por esto que lo que más le agobiaba era el tema de la venganza, no el hecho de hacer daño a la niña, haciendo gala de uno de los rasgos más temibles de los enfermos psíquicos peligrosos en los que jamás ven dolor alguno en ninguno de sus actos pero sí en los de los demás. El niño Josh, como desequilibrado mental que era, entendía como sobredimensionada la respuesta del hermano.&lt;br /&gt;Por miedo a morir, decidió que debería terminar con Amy_ estaba bastante desequilibrado, porque nunca empezó nada_ y que lo mejor para ello era desaparecer, salir de la ciudad, irse a otro lugar y empezar otra vida lejos de amenazas donde poder encontrar alguna muchacha a su mismo nivel de edad mental. También haría todo lo posible para olvidar la pesadilla, tan vívida y detallada que aún temblaba de miedo como si realmente lo hubiera llevado a cabo. Sin embargo se mantuvo sereno y supo que no debía hacer una montaña de aquello, que, después de todo, tan sólo había sido un sueño, un espejismo en su cabeza, aunque hay quién dice que los actos que uno ejecuta en un sueño son actos que también ejecutaría en la realidad, es decir, que la personalidad es la misma tanto dormido como despierto, de ahí viene el dicho “es malo hasta durmiendo…”. De cualquier manera, con la capacidad de hacerlo en la realidad o no, el sueño era algo que solamente él sabía que había tenido lugar y que, por lo tanto, nadie en su casa o en su escuela podrían jamás sospechar absolutamente nada de las cosas que ocupaban su mente. Así, esa misma mañana iría a clase como cualquier otro día y el resto de alumnos, incluida Amy, le mirarían y se comportarían con él con total normalidad. El resto de días hasta que pudiera salir de la cuidad a otra escuela interno y convenciera a sus padres, él también se comportaría con naturalidad, como el chico de doce años que era.&lt;br /&gt;Josh Culberson salió de su casa y fue, como siempre, caminando a la escuela; en el trayecto se encontró con Paul Honey y con Kate Gilly, como siempre, con quienes compartió viaje; llegó a la puerta y, como siempre, esperó la llegada de su amada Amy; cuando llegó la chica, Josh la saludó y la acompañó a la taquilla y a clase, como siempre; antes de ocupar él su pupitre, fue al lavabo a refrescarse y, como siempre, quitarse la excitación que le producía la cercanía de la joven Amy; como siempre, esperaría allí a que comenzaran las clases y poder salir al pasillo vacío lejos de miradas curiosas y posteriores comentarios; como nunca, en el pasillo le esperaban seis muchachos de algún curso superior encabezados por Michael Smith.&lt;br /&gt;A empujones le metieron de nuevo en el lavabo y le acorralaron en una de las esquinas del fondo, lo más alejado posible de la puerta de acceso que permanecía vigilada por una de los mayores. El cabecilla agarró al niño Josh por la pechera y le levantó un pie del suelo. Pegó su frente a la del muchacho y mirándole fijamente a los ojos le dijo “he tenido un sueño… En él, tú hacías algo de escalofrío. Ahora adelantaré acontecimientos y me aseguraré de que ese sueño no se cumpla…”.&lt;br /&gt;Josh Culberson fue pateado hasta morir. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y fue la justificación ideal al odio de un puñado de animales. Ninguno de ellos sabía cómo se llamaba o dónde vivía. Fue ésta la razón por la que no fue ayudado o, quizá, por todo lo contrario, por ser demasiado conocido. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-7392079235125372573?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/7392079235125372573/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/la-muerte-de-josh-culberson.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7392079235125372573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7392079235125372573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/05/la-muerte-de-josh-culberson.html' title='La muerte de Josh Culberson'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4892350116155393641</id><published>2010-04-26T12:00:00.000-07:00</published><updated>2010-04-26T12:01:07.959-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El proyecto B'/><title type='text'>El proyecto B</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Casa Blanca, Washington D.C.&lt;br /&gt;_ Secretarios de estado, consejeros míos, amigos… _ dice el presidente desde su sillón presidencial en el despacho oval _ Tengo a la clase empresarial subida a mis espaldas exigiéndome medidas que “estimulen” sus negocios… …más ventas, más ayudas políticas, más producción… …siempre quieren más, todos queremos siempre más! No debemos olvidar que ellos nos pusieron aquí, que ellos pagaron nuestro triunfo… Así que, justo es que hagamos aquello que esperan de nosotros, porque si a los empresarios les va bien, a la gente le irá bien, al país le irá bien. Tengo los oídos bien abiertos. Os escucho. Hablad!&lt;br /&gt;Todos los asistentes a la reunión agachan sus cabezas y hunden sus narices en manojos de papeles manoseados y escritos por las dos caras. Leen, releen, pasan hojas con ansiedad. Su presidente, El Presidente ha expresado un deseo, una necesidad y esas personas estrujan sus cerebros de Yale para satisfacerle como enanos en alguna corte europea de la Edad Media. Ése es su fin, su meta, su objetivo final para el que se han estado preparando largos años de estudios. “Es agradable servir al emperador” piensan con una sonrisa en la boca.&lt;br /&gt;Un joven sentado en la tercera fila de sillas, enfundado en un traje caro, elegante pero dejando ver su desparpajo juvenil en el primer botón de su camisa desabrochado, se levanta y pide la palabra.&lt;br /&gt;_ Señor presidente, Ross Bolton, de la oficina del director para asuntos internos federales.&lt;br /&gt;_ Dígame, hijo, qué tiene esa oficina para mi? _ pregunta el presidente con desconfianza.&lt;br /&gt;_ Señor, Comandante, hace meses que desarrollamos un plan, un proyecto, en colaboración con el consorcio de transportes y las oficinas de relaciones públicas de nuestros municipios. Es un proyecto ambicioso que requerirá fondos…&lt;br /&gt;_Hijo, hijo… No ha empezado a hablar y ya me está pidiendo dinero? _ comenta el Comandante arrancando una sonrisa a los más veteranos de la sala.&lt;br /&gt;_ Señor, disculpe, señor! La gente. El contribuyente, el ciudadano es nuestro objetivo. En ajedrez, delante de las autoridades, del rey, están los peones, peones a los que se maneja y se sacrifica según las necesidades de su señor y siempre al amparo del triunfo, del bien de la corte. Nuestro proyecto se basa en convertir a los ciudadanos en peones de la corte. Es por el bien de la nación, así que lo entenderán.&lt;br /&gt;_ Pero no se calle!! Continúe por favor!&lt;br /&gt;_ Verá, señor, el ocio sabemos que genera beneficios a algunos de nuestros amigos, pero es una realidad que también hace disminuir la capacidad de producción del trabajador porque ese ocio está ligado al despreciable alcohol. Hemos de, no eliminar el ocio, sino generar otro tipo de ocio más adecuado para nuestra gente. Pensamos en la oficina que el nuevo ocio deberá ser el descanso en silencio: qué mejor cosa que llegar a casa después de un duro día de trabajo y estirar las piernas en el hogar viendo el partido del lunes noche!! Se impone la necesidad de extender el amor por el silencio y no hay manera mejor de generar amor desde el odio a su opuesto. Tendremos que aumentar los decibelios en las ciudades y en los entornos del trabajo hasta límites agobiantes, desquiciantes, para que cada trabajador valore lo bueno que es el silencio, el descanso que supone.&lt;br /&gt;Una vez conseguido esto, se tenderá a buscar lugares de residencia silenciosos, lugares que nosotros proporcionaremos, claro está. Zonas residenciales silenciosas donde los niños jueguen en paz en sus jardines delanteros, lejos del bullicio urbano. Para apuntalar la nueva decisión de nuestras gentes de mudarse, se fomentará la delincuencia en las grandes urbes. No, no se asusten, es un mal menor, créanme. La cuidad será para los negros e hispanos y sus bandas armadas de jóvenes criminales. Los blancos vivirán al margen de todos ellos, lejos de ellos. No duden en que todos terminarán por mudarse.&lt;br /&gt;_ Y por qué tanto empeño en desplazar a nuestros blancos? _ pregunta un señor viejo sentado al lado del presidente, un tipo al que nadie conoce muy bien y que nadie sabe a qué se dedica realmente.&lt;br /&gt;_ Ya lo he dicho. Las zonas residenciales estarán lejos, muy lejos de los centros de trabajo ubicados en la cuidad, obligando a los trabajadores a desplazarse. El desplazamiento será el caldo de cultivo óptimo para nuestro propósito. Nos esforzaremos en construir autopistas que unan los hogares con la cuidad, autopistas de calidad, amplias. Igualmente tendremos que ofertar un deficiente transporte público, y caro. Haremos del coche una necesidad primaria, con lo que, dicho sea de paso, estaremos ayudando al mercado automovilístico. Sí, no me miren así, hay un truco… Las autopistas, aunque amplias y buenas, no serán nunca suficientes para tragar millones y millones de coches diariamente. Inevitablemente, habrá atascos, embotellamientos, tapones, llámenlos como quieran. Se llamen como se llamen, nos darán los peones que necesitamos.&lt;br /&gt;_ Explíqueme cómo?&lt;br /&gt;_ Evitando que se comuniquen entre ellos fuera del trabajo. La comunicación entre iguales es peligrosa, muy peligrosa diría yo. Cuando lo hacen, cuando hablan, terminan cogiendo confianza y cuando hay confianza se atreven a criticar aquello que detestan o aquello que les oprime, pudiendo encontrar opiniones similares y dando pie a colectivos díscolos. Si no tienen confianza los unos en los otros, cuando hablan, lo hacen del tiempo o del partido de hockey de la noche anterior, de temas inocuos. Con el proyecto de mi oficina, garantizamos que la comunicación íntima terminará porque no tendrán contacto suficiente como para entablar relaciones de amistad: viven en casas unifamiliares; en el trabajo, trabajan; y entre la casa y el trabajo, atascos donde viajan solos en sus coches, dos horas mínimo al día, ida y vuelta… Los que opten por el transporte colectivo caerán antes en la red, simplemente porque estarán más tiempo en el desplazamiento: unos se dormirán, otros escucharán música, algunos, los menos, leerán algo, si es algún periódico mejor, que lean lo que nosotros queremos que lean… En fin, que no habrá escapatoria para nadie decente y con poder adquisitivo. Por cierto, muy importante es gastar algo de dinero en potenciar el desarrollo de nuevas tecnologías que aíslen más que los que tenemos actualmente, equipos diminutos pero potentes de música, computadoras portátiles, quizá unos teléfonos que se puedan llevar en los bolsillos y que estén al alcance de todos… no sé, cualquier cosa que les permita hablar con conocidos lejanos pero que les impida comunicarse con los de su alrededor.&lt;br /&gt;_ Nos está usted diciendo que un simple atasco ayudará a nuestro desarrollo? _ pregunta el presidente entre asombrado y dubitativo.&lt;br /&gt;_ Exactamente! Atascos monumentales que aíslen y fomenten la docilidad de las personas. Retrasos salvajes en los trenes que desesperen a los muertos y que hagan desaparecer cualquier resquicio de humanidad y sensibilidad.&lt;br /&gt;_ Pero no siempre habrá atascos, digo yo… _ Indica hábilmente el viejo de la derecha.&lt;br /&gt;_ Se provocarán. Averías, obras públicas, fallos informáticos, cosas que todo el mundo ve como posibles, inevitables, imprevisibles. Uno viaja en carretera y ve un camión averiado en medio de la calzada y piensa “vaya, siempre se rompen en los peores sitios…”, pero nunca se pregunta por qué; con las obras, todos suponen que se hacen para mejorar algo o para arreglar algo, pero nadie se interesa en qué se va a mejorar o qué está roto; y los fallos informáticos, qué decir de ellos!! Una mañana cualquiera, sin saber cómo o por qué, las computadoras se apagan y, aunque hemos vivido cientos de años sin ellos, el pueblo va aceptando que dependemos de ellos.&lt;br /&gt;_ Me preocupa que se den cuenta… _ interviene el secretario para asuntos sociales.&lt;br /&gt;_ No lo harán. Otorgaremos muchísima importancia a cosas absurdas para que se distraigan con ellas pensando que se interesan por lo que realmente importa. Deportes, inmigración, la abeja asesina africana que ataca el sur de Florida, temas así… La televisión juega a nuestro favor en esto.&lt;br /&gt;_ Y su oficina cree en la eficiencia total y absoluta del su proyecto?&lt;br /&gt;_ Por supuesto!! El tráfico es nuestra más potente arma, será el medio de desarrollo del mercado que hace posible que el gran sueño americano.&lt;br /&gt;_ Bien, joven _ de nuevo el viejo de la derecha que, curiosamente, está a la derecha de la derecha_ ha solucionado usted el problema de la producción. Ahora los hombres producen y descansan para producir, producen y descansan para producir… Contésteme, cuando compran? Consumo!!&lt;br /&gt;_ Dios mío, señores…! Ya son peones!! Comprarán cuando nosotros les digamos que compren… es decir, siempre. Piénsenlo, qué harán con sus salarios personas aisladas y aburridas? Gastar! Comprar tonterías, cualquier cosa absurda e innecesaria que satisfaga por un momento sus egos maltrechos. Nosotros ayudaremos, claro… En las zonas residenciales no podrá faltar un gran centro comercial, o dos, que tengan de todo, alimentos, ropa, cines, restaurantes, juegos, de todo… Dónde creen ustedes que irán los sábados en la mañana?&lt;br /&gt;Todo esto sin dejar de lado la tan rentable política del miedo que, con nuestro proyecto B, saldrá reforzada: negros, hispanos, comunistas, terroristas… todos ellos queriendo desestabilizar la armoniosa y silenciosa vida de nuestros americanos de bien.&lt;br /&gt;Señores, no le den más vueltas, no hay que buscar fórmulas complejas o abarrotar el sistema de burócratas tejiendo una tela de araña imposible de deshacer… Un atasco alienante hace más que los cuatro mejores economistas de Manhattan pensando en un plan de desarrollo de la producción. Un simple atasco de unos cuantas millas, cada día, en soledad, hacen que el hombre sienta su pequeñez frente al mundo que le rodea, le hace sentir impotente, incapaz, ignorante… …hunde su autoestima hasta el punto de convertirlo en un peón, en un chimpancé, autoestima que, de vez en cuando, le subiremos a golpe de patriotismo para que dos o tres veces al año se sientan orgullosos de pertenecer a esta gran nación. Después de esto, vuelta a la rutina, al atasco, al retraso del tren, a la soledad, a la conversación del tiempo…&lt;br /&gt;El proyecto Bussines funciona. Mi oficina les pone el mundo en las manos por un pellizco en los presupuestos y aún están dudando?? Dudó Mr. Roosvelt al enviar a miles de nuestros muchachos a esas playas francesas? Dudó Mr. Nixon en limpiar nuestra sociedad de rojos subversivos? No dude usted, señor, sea nuestro Comandante en Jefe y potencie nuestro sistema hasta llevarnos de la mano a ser el mayor imperio que jamás haya visto la Tierra, a un imperio que dure mil años… No dude y la historia recordará al Presidente Ronald Reagan como el mejor y más patriota americano!!&lt;br /&gt;_ Me gusta cómo suena eso, hijo… _dice el presidente_ querrá usted dirigir el proyecto desde la secretaría de estado, junto al fiel Alex Haig?&lt;br /&gt;_ Por supuesto, señor!! Es un honor servir a la Patria!. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4892350116155393641?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4892350116155393641/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/el-proyecto-b.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4892350116155393641'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4892350116155393641'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/el-proyecto-b.html' title='El proyecto B'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4964566013426980087</id><published>2010-04-19T08:16:00.000-07:00</published><updated>2010-04-19T08:17:52.907-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pensamientos al aire'/><title type='text'>Pensamientos al aire</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No hay nada más indignante que tener que aceptar la mediocridad como medio de sociabilidad. No hay nada más humillante, nada más decadente, nada más absurdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el fútbol, quién más patadas da es quién más se queja cuando recibe una. Observando las reacciones de las personas frente a las acciones que vive, se descubre su verdadera naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mundo existen muchos mundos. El tamaño de tu mundo es directamente proporcional a tu sabiduría. La globalización, según dicen, hace el mundo pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre occidental se escandaliza de la poligamia del hombre oriental, pero la practica igualmente gracias al invento de la amante. La hipocresía es una cualidad fundamental para ser un "animal social aceptado".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El poderoso San Edrín tuvo miedo del hijo de un carpintero montado a lomos de un burro. Incluso el imperio romano tuvo miedo... Me pregunto por qué la sencillez causa tanto temor en los poderosos. ¿Quizá porque descubre las complejas mentiras que los mantienen?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un dicho que dice "el que da primero, da dos veces" y, basados en él, hay quién muerde primero, aún sin venir a cuento, para tener siempre ventaja. Yo les llamo débiles. Otros prefieren llamarlos políticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que usa, antes que su adversario, un cierto insulto, queda como protegido contra ese insulto. El insultado, para no pecar de pueril, no podrá usar ese insulto de vuelta contra el insultador. Es por lo que los fascistas llaman fascistas a todos los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fascista es un camaleón. Se adapta a todo, absorbe todo, todo lo hace suyo, incluso la democracia, para que sirva a su propósito personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los que más defienden los derechos de los ciudadanos son lo que más se oponen a ciertos derechos humanos. Para el contribuyente y consumidor, todo. Para la persona, nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la era de la información audio-visual, hay quién se afana por relacionar conceptos horribles con imágenes pasadas, para que, en ausencia de éstas, no nos demos cuenta de que vivimos en dichos conceptos. Es por lo que hoy no hay grilletes en ciertos trabajos... Ni en los gimnasios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gran triunfo de internet no reside en la amplitud que ofrece, sino en la posibilidad que da al usuario de ser quien no es realidad. La gente prefiere esforzarse en crear un "alter ego" virtual que en esforzarse en cambiar aquello que no les gusta de su ego real. Hay algo más cobarde??&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los programas de televisión que nadie ve son los que más audiencia tienen, según los medios. Si tienes la necesidad de mentir sobre tus gustos o hábitos es que tienes un gran problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La autoestima de la población es el objetivo primordial de las multinacionales y es inversamente proporcional a los beneficios de éstas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La máxima "el que calla, otorga" es algo que inventó algún tirano para justificar sus propios abusos. De ahí que lo utilicen siempre los poderosos para con los débiles, pero hay silencios que son la peor de las condenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La educación pública es fundamental para los políticos: para unos es mejorar la sociedad y su futuro; para otros, asegurar la continuidad de su descendencia, educada privadamente, a los mandos de la nave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre siempre persigue a otros hombres: a los triunfadores para ser partícipe del éxito ajeno; al derrotado, para culparle de la miseria propia. Tanto si eres triunfador como si eres derrotado, si no tienes la cabeza bien amueblada, es igual, estás jodido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos fijamos en los "ídolos" occidentales y queremos perecernos en todo a ellos. A ese ritmo, el día de mañana, tendrá que operarnos del corazón una top model o un cantante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ricos temen, más que nada en este mundo, el perder su dinero. Lo temen tanto que incluso, a veces, dan su cabeza antes que su fortuna. Pobre Luis XVI...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el infierno hay muchos bancos, habida cuenta de que está lleno de banqueros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iglesia católica, apostólica y romana es la institución religiosa más estricta y radical de la Tierra. Ni siquiera permiten a su dios vivo bajarse de la cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es absurdo rogarle y pedirle a la Virgen aquello que, de concederse, sólo podría hacer Jesucristo. Cuando estoy enfermo, acudo al médico, no a la madre del médico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran carga del hombre occidental es tener que pensar y se aferra a cualquier corriente que los "libere" de tanto peso. Por eso ha cuajado tanto el neoliberalismo en esta sociedad: consumir quita tal carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre es capaz de creer lo increíble y de no creer lo evidente con tal de no hacer frente a sus propias responsabilidades y poder evadirse de su realidad. Son muchos los que rezan a un trozo de madera. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4964566013426980087?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4964566013426980087/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/pensamientos-al-aire.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4964566013426980087'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4964566013426980087'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/pensamientos-al-aire.html' title='Pensamientos al aire'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-368012661337094666</id><published>2010-04-12T10:50:00.000-07:00</published><updated>2010-04-12T10:52:08.279-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>Un paseo por el sur (parte V)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La ruta en bicicleta es mucho mejor. Paseando, sin dar muchos pedales salvo si el camino se empina, se avanza el doble que andando y si te cansas, puedes dejar de mover las piernas y sigues avanzando. Horatio pensó que bien podría haber hurtado una de esas muchos antes, en Magnolia por ejemplo. La de cansancio que se hubiera ahorrado. Pero lo hecho y vivido, hecho y vivido está y no hay que darle más vueltas. Solamente importaba el ahora, el presente con su máquina a pleno rendimiento. Ya no tendría que parar y entrar en el siguiente pueblo que encontrara sino que podría elegir dónde se paraba. Todo dependía del nombre del lugar, de si le gustaba o no, o si le daba buenas sensaciones o no. Saltville, no, que suena a salado y con la sed que tenía solo el hecho de pensar en sal le ponía de los nervios; Honaker, tampoco porque no y punto. Bueno, si acaso de noche, cuando nadie le viera, para buscar algo de comer y beber; War, ni loco. Dios mio, cómo puede llamarse un pueblo War…!; Gary, no, no, nada, ahí no entró. Le recordó a Gary Cooper, al que siempre tuvo mucha manía, quizá porque su esposa estaba locamente enamorada de él cuando eran novios y Horatio tenía celos; Pocahontas, en el que entró para aprovisionarse. Pensó si el pueblo se llamaría así por la muchacha de la leyenda. Tal vez no, quién sabe. Quizá la zona fuera la que se llamaba así de antes y el cuento popular nombrara a la india porque se producieran allí los hechos. Tampoco es que le importara mucho , era mera curiosidad. De haberle importado, supongo yo que habría preguntado a algún habitante para salir de dudas, pero no lo hizo. Buscó en sus basuras y siguió su camino con su bicicleta. Ahora que sabía dónde conseguir alimento gracias a Harry y que tenía medio de transporte gratis, no necesitaba a nadie, excepto para charlar y escuchar relatos; Oakvale, aquí tampoco, mucho mejor el siguiente, Peterstown, que vio en un cartel; Peterstown, ahí, le gustó el nombre, la ciudad de Peter. Se preguntó si existiría el tal Peter y si sería el dueño de todo aquello. En tal caso, no querría conocerle porque, de existir, seguro que se enojaría al ver a Horatio hurgar en su basura y exigiría algún tipo de canon a cambio. Los señores y dueños de las cosas grandes, mejor tenerlos siempre lejos porque suelen ser prepotentes y engreídos y tienden a pensar que como ya son propietarios de algo bueno también los son de todo cuanto les rodea, incluidas las personas, y es inevitable tener un conflicto con ellos. Esto ya lo sabía bien Horatio, que ya tuvo que sufrir a su jefe durante años, que pensaba que como le pagaba un sueldo, su empleado estaba allí para lo que él le pidiera, algo que Horatio nunca aceptó y le llevó a tener más de un altercado verbal con la dirección. Suerte que la mayoría de las veces, sus compañeros estuvieron a su lado y pudieron hacer fuerza juntos, aunque fuera bajo la amenaza constante de ser tildados de comunistas. La dirección nunca lo hizo, llamarles comunistas digo. De haberlo hecho, Horatio hubiera tenido que salir del estado. Pero bueno, en Petrestown no hablaría con Peter y con eso todo arreglado. También buscaría en las basuras de noche porque tan temible podía ser Peter como cualquiera de sus lacayos, ya que donde hay señores, siempre hay siervos y éstos son peores que sus amos en su afán por agradarlos y con la esperanza de heredar en algún momento el puesto deseado de lugarteniente.&lt;br /&gt;Horatio y su bicicleta entraron por la calle principal de Peterstown. La gente le miraba. Él, tranquilo y contento, se sentó en un banco a descansar un poco, ajeno a todo cuanto estaba a su alrededor. Miró al cielo, respiró aire fresco y sonrió. Lo tenía todo. Un coche se paró delante de él, un coche patrulla. Un agente gordo se bajó, se acercó al hombre. Sacó un papel del bolsillo y preguntó “Horatio Beetle?” El hombre, sorprendido y asustado, respondió afirmativamente. “Queda usted detenido por el asalto a la sucursal bancaria de Oakvale. Tiene derecho a permanecer en silencio, todo lo que diga puede ser utilizado en su contra. Tiene derecho a un abogado…”&lt;br /&gt;La celda era pequeña. Estaba limpia y era luminosa para ser una celda, pero era fría y eso hacía que se estuviera allí dentro peor de lo que se supone. Unos cuantos días fuera de casa y ya acumulaba dos delitos. Qué podría haber pasado? Cómo se relaciona a un hombre en bicicleta con un atraco a un banco rural? El hecho de que la policía de Peterstown tuviera en su poder un papel escrito con recortes de periódicos en el que se podía leer “Soy Horatio Beetle y esta es mi bici… vacíe la caja en mi bolsa” simplificaba mucho las cosas. Al parecer, un sujeto entró en la sucursal, entregó el papel al cajero, vació la caja y se marchó dejando allí la nota. Pero era imposible! Horatio no llegó a entrar en Oakvale salvo de noche, cuando todo estaba cerrado.&lt;br /&gt;_Agente, agente!! Ha habido un error…! Yo soy un ciudadano decente…!&lt;br /&gt;_ Sí, sí, un error… Todos decís lo mismo cuando estáis aquí…&lt;br /&gt;Al no tener abogado_ una temeridad en los Estados Unidos_ y estar, curiosamente, ausentes todos los de oficio, la policía dio por buena la opción de que el supuesto atracador se defendería a sí mismo, por lo que iba siendo informado puntualmente de todos y cada uno de los detalles de la investigación. Horatio pudo saber que usó un revolver que nunca llegó a sacar de su cinturón, que se llevó unos doce mil trescientos dólares entre billetes y calderilla y que, de todos los que estaban en la sucursal, tan solo una anciana, dio una descripción del delincuente. La abuela, suponiendo que fuera abuela lo que es más que probable siendo una anciana, vio a un tipo alto, moreno, con barba espesa y desarreglada y una uñas muy sucias… Qué hijo de puta!! Harry H. Bell!!! Ese malnacido utilizó al bueno de Horatio Beetle y era casi seguro que llevaba tiempo practicando lo mismo con otros incautos que hubieran tenido la mala fortuna de cruzarse en su camino.&lt;br /&gt;_ Agente!! Agente Dole!! Han de buscar a Harry H. Bell! Harry Harry Bell! Ha sido él! Él robó ese banco y me incriminó a mí! Él responde a la descripción de la anciana…!!&lt;br /&gt;A la velocidad del rayo para un poli del sur, esto es, como un anciano artrítico que anda con muletas, el agente Dole buscó en las archivos el nombre. Tommy Dole era un buen hombre, no era uno de esos policías que juegan a ser dios y para los cuales todos son delincuentes hasta que se demuestre lo contrario. Algo en su interior le decía que el hombre que ocupaba la única celda de Peterstown era inocente, al menos de aquel atraco, así que se esmeró algo más de lo habitual en sus pesquisas sobre el tal Harry. Levantó el teléfono_ arduo trabajo_ y realizó algunas llamadas. Al cabo de dos días y después de recibir un par de faxes, el agente Dole paró de buscar. “Eh.. Horatio!!”, le dijo, “tu Harry H. Bell está muerto! Falleció hace doce años en Illinois!” Horatio escuchó esas palabras como si estuviera escuchando su sentencia de muerte, peor aún, como si estuviera escuchando su sentencia a diez años en Folsom donde se convertiría en la gatita cachonda de un vicioso tatuado y salvaje. Aquel cabrón no había mentido o sí había mentido usando el nombre de un muerto real para no ser reconocido nunca. De una manera o de otra, había metido a Horatio en un lío tremendo, de esos que no se deshacen con pedir disculpas o pagar una multa.&lt;br /&gt;Pasaron quince días. Encarcelado, humillado, pero con cama y tres comidas al día a costa del tío Sam. El agente Dole acudía todos los días a charlar con él. Le contó muchas cosas sobre él y sobre los habitantes de Peterstown, dejando muy claro que el tal Peter, el dueño de la ciudad, no existía, como era normal. Eran curiosidades muy interesantes pero no lo suficiente como para que el hombre en la celda se olvidara de su amiguito vicioso, tatuado y salvaje de Folsom. Por las noches rezaba para que Dios obrara un milagro y le sacara de allí o para que, en el peor de los casos y si era su Voluntad que ingresara en prisión, el vicioso tatuado y salvaje no fuera como el joven Leroy, ni en proporciones ni en aguante.&lt;br /&gt;Una de las noches de aquellas quince, se levantó un viento poco habitual en la zona. Hizo que cayeran un par de farolas, mal instaladas, por supuesto, por su carácter público, y que alguna cerca de un jardín desapareciera. Pero esto es lo de menos, el caso es que ese viento subió y subió llevando hasta las mismitas orejitas de Dios la plegaria del detenido. Como es lógico, no estoy nada seguro de que fuera así, pero tuvo que ocurrir algo parecido, porque, un día cualquiera, sin que nadie le llamara, se presentó en la comisaría de Peterstown el señor X.&lt;br /&gt;Traje negro, Ray Ban de espejo y una mandíbula que bien podría haber dibujado Stan Lee, ése era el señor X. Dijo que venía de un departamento dependiente directamente de la CIA, que alguien había hecho algunas llamadas pronunciando el nombre de Harry H. Bell y que, en algún lugar secreto del país, en un panel lleno de lucecitas, se había encendido un piloto rojo. Sin ponerse nervioso, echó al agente Dole de su comisaría quedándose a solas con el supuesto atracador. Agarró un silla, se sentó delante de él pero fuera de la celda, claro, sacó una libreta y un bolígrafo y dijo “hablemos”. Horatio respondió con todo lujo de detalles las preguntas que el señor X iba formulando, a los enviados de Dios, porque eso era lo que Horatio creía, había que tratarles con el mejor talante, aunque el dios que enviaba a ese X, más que un dios, era un demonio, habida cuenta de que, si estaba allí era porque todo lo que Harry dijo fue verdad y que era probable que hubiera sido él, ese tal X, el brazo ejecutor de la orden de acabar con la vida de la esposa y de las hijas. Fuera como fuese, el de dentro de la celda no entró a juzgarle y se agarró a él como a un clavo ardiendo. Tres horas más tarde, el señor X tenía tres hojas de su libreta llenas de datos y un retrato robot del aspecto que podría tener en esos momentos el maldito Harry. De no haber sido sicario de la CIA, el señor X bien podría haberse dedicado al arte porque el retrato era realmente bueno.&lt;br /&gt;“Hay que esperar”, le decía todos los días el agente Dole a Horatio desde que el hombre de negro saliera de la comisaría. Se contaban ya cinco días desde aquello y no había nada nuevo que celebrar o que lamentar. Un tiempo después, llegó la citación para el juicio. Era la primera vez en la historia de la justicia americana que se celebraría un juicio rápido. Dios da y Dios quita… …a veces quita más de lo que da, porque el juez que presidía la sala era el honorable juez Rossmond. Dois santo!! El marido cornudo!! Pero no podía ser… estaba en West Virginia y el cornudo marido de la loca ninfómana sólo tenía jurisdicción en Carolina… Por suerte, aquí Dios volvió a dar y el juez Rossmond de West Virginia era un hermano del juez Rossmond de Carolina, lo que no quita para que supiera lo de la violación de la esposa de su hermano, pero ya que Dios dio, dio al completo, y no lo sabía, o sí lo sabía pero le daba igual porque sabía que su cuñada era una enferma a la que él mismo se cepilló, repetidas veces en el cuarto de la limpieza, una noche en la que celebraban una cena en honor del hijo del Rossmond de Carolina porque se había doctorado en Leyes.&lt;br /&gt;Sabiéndolo o no, Austin Rossmond no dejaba de ser un juez delante de un atracador casi confeso y eso le convertía en igualmente temible. Desde el principio estaba dispuesto a enchironarle. Todo apuntaba a que Horatio Beetle fue el autor y lo único a su favor, el testimonio de la anciana, fue desechado, no por maldad del jurado, sino porque la abuela, que seguimos sin saber si era realmente abuela, gastaba gafas de culo de botella y no pudo ver con claridad nada durante el atraco en el banco y tampoco pudo ver nada en la sala de la corte donde chocó, dos veces, con el estrado.&lt;br /&gt;Un hombrecillo gris del jurado se levantó y entregó un papel doblado por la mitad al juez. Éste lo abrió, lo leyó y se lo devolvió al hombrecillo gris. “En pie!”, gritó otro tipo que estaba al lado del juez vestido de uniforme. De repente, otro hombre_ en el sur siempre son hombres, las mujeres cocinan y hacen caridad_ cruzó corriendo la sala, se acercó al juez Rossmond de West Virginia zafándose del hombre del uniforme que intentó placarle y le susurró algo al oído. El juez le miró, puso cara de pocos amigos y, con resignación, dijo entre dientes “estos yankees siempre entrometiéndose…”. Acto seguido, golpeó con su martillo de madera en el estrado. “Horatio Beetle, queda usted en libertad sin cargos”.&lt;br /&gt;El hombre recién liberado no esperó a las palmaditas en la espalda, ni a los comentarios de la audiencia o a los flashes de las cámaras de los reporteros de “Peterstown Herald” y de “Peterstown Journalist”. Salió corriendo de la corte como alma que lleva el diablo, fue a la comisaría, agarró su bicicleta, que no era suya, pero como si lo fuera, y pedaleó al máximo ritmo que le permitía su corazón. No se paró a preguntar por el señor X o por lo que le habría sucedido a Harry, que, por otra parte, era obvio. No le importaba nada excepto salir de aquel pueblo lo antes posible. Ni siquiera se despidió de Tommy Dole, una pena, pero así fue…&lt;br /&gt;A toda velocidad, sumando sus pedaladas y la inercia de una cuesta abajo, cruzó un pequeño bosque sin reparar en lo bonito que era. Siguió corriendo, cruzó Union y se metió de lleno en el Bosque Nacional Jefferson. Muy cansado, paró y se sentó en una roca. Era maravilloso aquel bosque, normal que lo hubieran nombrado parque natural protegido, porque algo tan excepcional como eso hay que cuidarlo de la “asfaltización”. Se respiraba paz en su más amplio sentido, una paz reconstituyente. Qué bien y qué tranquilos debieron vivir allí los indios americanos antes de que llegara la “civilización” a romperles las pelotas!! La brisa bañaba su pelo y el silencio era intenso, tan solo roto por el ruido de las hojas al chocar unas con otras y por el canto de los pájaros. Sintió algo parecido a un susurro y notó la presencia de alguien allí cerca de él. Giró su cabeza y vio un tronco hueco que aún se mantenía erguido. Era como si ese tronco le estuviera llamando con la música que se producía por el pasar del viento entre sus agujeros. Horatio se levantó, se acercó al tronco, puso una mano sobre él y rápidamente supo lo que allí estaba sucediendo.&lt;br /&gt;_ Eres Tú, verdad??_ dijo, tembloroso_ “toda la vida buscándote en iglesias y resulta que te encuentro en el lugar más insospechado… Supongo que no se trata de que yo te busque sino de que Tú quieras ser encontrado… A tu alrededor todo es paz y armonía y no me siento nada ridículo hablando con un tronco. Tú ya lo sabes, pero quiero decirte que siempre he intentado ser un buen hombre, que he querido y quiero a los míos y que me esforzado por querer también a los que no eran míos. Estoy aquí en este parque y no sé por qué, Salí de casa aquella noche y aún no sé para qué, pero salí, y he descubierto muchas cosas en este viaje. Siempre pensé que vivía en un lugar seguro y bueno, pero he descubierto que es peor que todos esos sitios que nos dijeron eran malísimos y todo porque aquí nos creemos poseedores de tu salvación, elegidos por Ti… Estoy convencido de que si volvieras a ser humano y vinieras a los Estados Unidos, te crucificaríamos de nuevo… …por comunista seguramente… Quiero agradecerte la vida que me regalaste. Ha sido una vida plena: me casé, tuve hijos, tuve amigos… pero creo que ya no quiero más. En estos días he conocido, cara a cara, el egoísmo y la indiferencia y puede que hagan que germine en mí algo que nunca hubo como el odio y no quiero nada de eso. Quiero sentir esta paz y esta libertad por toda la eternidad, así que, Señor Jesús, llévame contigo!&lt;br /&gt;Sabes? Ahora sé muchas cosas que no sabía y que sembrarán sin duda alguna la intranquilidad en mí: Sé que nadie es lo que parece, que los decentes y rectos esconden hipocresía y depravación, que muchos buenos sufren por causa de las reglas interesadas de unos pocos malos, sé que la vida que diste no vale nada frente al maldito dinero, que la palabra o los sentimientos del corazón no significan nada… … sé que el sexo por el sexo, sin amor ni sentimiento, te vacía y deshumaniza… Y sí, sentí placer con aquella mujer, no lo niego, pero también sentí la irracionalidad correr por mi cuerpo. Ahora sé que todo es por y para el dinero, que éste mueve el mundo, un mundo que excluye a personas maduras como yo…&lt;br /&gt;Y qué decir de mi esposa…! Mi esposa, la dulce y buena Sarah… Dios santo, pero si conmigo parece la abuela de Caperucita Roja…! No podría seguir viviendo con ella, no podría mirarle a los ojos… Ahora sé que tiene un Leroy, Mike el jardinero, que viene a casa todos los martes y jueves tan solo cuando yo no estoy… ….ahora ato cabos… No quiero vivir en un mundo así, en un lugar donde a mis cincuenta y pocos años he de esconderme para tomarme un trago de bourbon, donde hay que fingir felicidad para poder relacionarte socialmente, donde se desprecia al desconocido… No quiero vivir en un mundo lleno de hipocresía y de miedo… Señor Jesús, llévame ahora contigo, líbrame de este infierno que hemos creado, líbrame de vivir entre hienas… …”&lt;br /&gt;Horatio se tumbó en el suelo a los pies de su tronco y cerró los ojos. La brisa volvió a soplar suavemente y, acariciando su cara, se llevó su alma, dejando un cuerpo inerte con una sonrisa dibujada en su rostro. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-368012661337094666?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/368012661337094666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/un-paseo-por-el-sur-parte-v.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/368012661337094666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/368012661337094666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/un-paseo-por-el-sur-parte-v.html' title='Un paseo por el sur (parte V)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-546355998094894755</id><published>2010-04-05T09:13:00.000-07:00</published><updated>2010-04-05T09:14:31.289-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>Un paseo por el sur (parte IV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Afortunadamente, el bus de línea salió rápido y no hubo que lamentar. La primera parada, Blowingrock, fue desechada por la cercanía con Lenoir. Jefferson, Independence, Troutdale, ninguna parada apagaba el miedo del hombre. La siguiente, Atkins, sería la suya, entre otras cosas porque su billete no daba para más.&lt;br /&gt;En esta parte del mundo, en América del Norte, como supongo que sucede en otros muchos sitios, todo cambia en pocas horas. Es eso que llaman “vida” o, en otros ámbitos, “los caminos inescrutables del Señor”. Cuando uno cree que está seguro, de repente y por un gesto insignificante que hizo sin pensar en ello, se encuentra en un lio imposible de deshacer que le conduce de cabeza al fondo del pozo. Y es algo imprevisible, no hay manera de huir de ello. Se pone un pie en la calle, se cruza con una persona con la que comparte algunas palabras e incluso fluidos, y resulta que esa persona es la locura personificada que te destroza la vida, más aún si esa persona es la esposa de un juez sumido en el odio por los cuernos o dice la famosa y temible frase “ya le llamará mi abogado…”. Horatio no podía creer lo que le estaba pasando, él, un contribuyente honrado que siempre observó las leyes humanas y divinas, estaba buscado, nada más y nada menos, por violación. El sentimiento de desasosiego fue máximo al darse cuenta de que el país en el que vivía no era el país en el que creía que vivía. Los Estados Unidos de Norteamérica era un lugar donde la ley se ponía al servicio de los caprichos de una ninfomaníaca, donde los negros aún debían servidumbre a sus amos blancos si no querían una vida de delitos e inyección letal, y donde, lo peor de todo, en Virginia, las mujeres, no eran virginales ni vestían de época, qué decepción!!&lt;br /&gt;Desde su cómoda y sencilla vida en Jacksonville todo parecía distinto, ordenado y coherente con el sentir de la bandera que habla de trabajo y orgullo, de obediencia a Dios y amor a la patria. En el camino, a pie de obra, las barras y estrellas significan “cuidado, no te conozco y estoy armado”, y lo mejor que se puede hacer es recurrir a los despreciados por la sociedad porque son los únicos que, por vivir alejados del materialismo, aún conservan algo de caridad en sus corazones.&lt;br /&gt;Horatio supo el gran abismo que hay entre le teoría y práctica, que el orden teórico que se vende desde las instituciones por medio de la prensa y la televisión no tienen absolutamente nada que ver con el desorden real de las calles, que si necesitaba ayuda no debería acudir a ninguna iglesia de decentes amantes de la patria sino a cualquier esquina donde hubiera un borracho o una fulana. Lo que aprendió fue nuevo para él, pero no para la Historia. Jesucristo ya supo eso mucho antes que Horatio y, siendo hombre, ya acudió a los desvalidos y desheredados antes que a los fieles religiosos. Bien sabía Él que ésos no eran de fiar y que era mucho mejor tenerlos lo más lejos posible. Tan bien lo sabía que, de hecho, fueron ellos los que lo organizaron todo para matarle. Al caminante podría sucederle exactamente lo mismo si seguía creyendo que los rectos y decentes le ayudarían. Podría topar con algún militante de un grupo armado de los que se organizan en las iglesias bautistas que le llenara el pecho de plomo por ser un individuo peligroso para el modo de vida americano, y este tipo de muerte, ni es dulce ni salada ni nada. Así que, con este nuevo saber en su mente y siendo un gran amante de la integridad de su pecho, en Atkins, Horatio buscó personas fuera del orden establecido, que no sólo estaba convencido que le ayudarían ahora que estaba sin blanca de nuevo, sino que también podrían contarle historias trepidantes para su disfrute. Allí mismo, muy cerca de donde estaba, en la estación de buses donde se bajó, encontró a Harry H. Bell, indigente de manual (barba espesa desarreglada, macuto gigante al hombro y uñas negras como el petróleo) que vagaba de aquí para allá como polizón en buses y trenes.&lt;br /&gt;_Buenas tardes! Soy Horatio Beetle. Podría hablar con usted?&lt;br /&gt;_ No será uno de esos predicadores que buscan redimir almas perdidas?&lt;br /&gt;_ No… …nada de eso… …creo que yo estoy más perdido que usted…&lt;br /&gt;_ Eso téngalo por seguro, amigo, porque yo no estoy perdido, nunca he estado más hallado que ahora! Harry H. Bell, un placer!&lt;br /&gt;_ Igualmente! Y la H.? No será de Horatio? Sería el primero que me encuentro con mi mismo nombre…&lt;br /&gt;_ No! Harry, es de Harry.&lt;br /&gt;_ Harry? Harry Harry Bell?&lt;br /&gt;_ Eso es! El padre de mi padre se llamaba Harry. El padre de mi madre también… Harry Harry!&lt;br /&gt;_ Original… Mire, me encantaría seguir charlando con usted antes de ir al grano pero no puedo… …la necesidad me apremia… Qué hace usted para conseguir comida?&lt;br /&gt;_ Vaya…! Afeitado, limpio… …no parece un tipo de ésos… Comida dice… la cojo sin más…&lt;br /&gt;_ Dónde?&lt;br /&gt;_ Basura, amigo! Con la comida que hay en las basuras americanas se podría hacer de África un continente de obesos… Y no solamente eso… Yo, de la basura como, me visto y saco utensilios que me son de gran utilidad como camas, sillas, esta cuchara…&lt;br /&gt;_ Podría cenar con usted hoy?&lt;br /&gt;_ Por supuesto! Es más, le invito con honores de jefe de estado!&lt;br /&gt;En poco menos de dos horas consiguieron reunir alimento para ellos dos, cortesía de un local de comida rápida cercano a la estación. Tan solo hubo que esperar a poco antes del cierre, que era cuando tiraban todo lo que los clientes habían dejado en sus bandejas. El menú fue variado, dentro de las posibilidades que ofrece este tipo de negocio, que coinciden con las posibilidades que ofrece la cocina americana_ qué suerte hubieran tenido los dos hombres de haber transcurrido esta historia en España!_, hamburguesas mordisqueadas, patatas, restos de ensalada, helados… No era lo más sano, pero cuando no hay dónde elegir, no se puede reprochar nada, así que esa noche llenaron el estómago, que era lo realmente importante.&lt;br /&gt;Terminado el banquete gratis, el indigente Harry Harry sacó un saquito de cuero lleno de tabaco y lió un cigarro. Era un tipo con recursos. Recogía colillas del suelo y sacaba el poco tabaco que les quedaba. Luego, lo juntaba todo y lo picaba en un viejo molinillo de café que encontró en un contenedor de basura en Alburquerque para quitarle la sequedad. De esta manera podía fumar después de cada comida que hacía. Horatio también fumó y aunque no era fumador habitual_ un puro de vez en cuando_ aquel pitillo que Harry lió para él le supo a gloria bendita allí tumbado bajo un manto de estrellas, sintiéndose verdaderamente libre por primera vez en mucho tiempo, justo como ese cowboy de Marlboro que encendía el cigarro a lomos de su caballo y a los pies de un lago precioso y tranquilo en las montañas rocosas.&lt;br /&gt;En poco tiempo al lado del indigente, Horatio aprendió más que en todos los días que llevaba caminando solo y pensó que era el tipo de hombre con el que merece la pena conversar y escuchar, así que inició la conversación.&lt;br /&gt;_ Y cuál es tu historia, Harry?&lt;br /&gt;_ Ufff…! Demasiado larga… pero yo no tengo prisa… Tú?&lt;br /&gt;_ Ninguna!&lt;br /&gt;_ Pues ahí va! Aunque parezca mentira, todo lo que te voy a decir es rigurosamente verdad. No creas que soy uno de esos “sintecho” que han perdido el juicio por estar solos… Mira, aquí donde me ves, soy un mago de las finanzas. Primero de mi promoción en Harvard, no me faltaron empresas en las que trabajar una vez me hube doctorado. Grande millonarios me invitaban a cenar y me sentaban a sus mesas con sus familias. Es una práctica habitual. Quieren saber de primera mano qué clase hombre eres. No quieren muchachos sanos y educados, con vocación o principios morales. Quieren hienas!! Muestras tu ambición desmedida, tu ausencia de moralidad y tu predisposición para la agresividad y los puestos de ayudante de dirección te llueven torrencialmente!!. Elegí un banco. Está bien ser el director de una multinacional de mil millones de dólares, pero si eres el director del banco que la financia serás el jefe del jefe. Subí como la espuma. El primer año, dupliqué los beneficios anuales. El segundo, los tripliqué. El tercero ya formaba parte del consejo de administración y era rico. Pasé a mover dinero de grandes inversores. Ya te digo que era un mago!! Me daban diez millones y devolvía quince en un año!! Me convertí en el hombre al que todos querían tener cerca, el rey Midas de la banca americana. Créeme o no, pero yo he desayunado caviar durante años, he vivido años en la suite presidencial del Waldorf Astoria de Nueva York, he conducido Ferraris y Rolls, he tenido un avión a mi disposición, me he acostado con las mejores mujeres que puedas imaginar, he vestido los trajes más caros, me he bañado en champán francés, he parado una Super Bowl porque tenía que ir a mear… …todo a base de destrozar familias… Y los inversores querían más y más, y para satisfacerles no vale con ser un hijo de puta sin escrúpulos, has de ser un hijo de puta sin escrúpulos sanguinario. Amigo Horatio, los jeques árabes no tienen límites. Te puedo decir que ellos son los dueños de este país porque tipos como yo y políticos como los que tenemos lo hemos posibilitado. Tuve que traspasar la frontera y meter los pies de lleno en el lodo más asqueroso y oscuro: armas, droga, tráfico de personas, petróleo… Todo, escúchame bien, todo sucede por algo, y ese algo es dinero para los ricos. Yo organicé ventas de armas a grupos terroristas anticomunistas, medié en la sombra para promover guerras para nuestro gobierno y sus amigos, promoví golpes de estado en Sudamérica… Tú sabes, supongo, que estados Unidos no puede sobrevivir sin mantener al menos una guerra activa…&lt;br /&gt;_ Y eso cómo puede ser?&lt;br /&gt;_ Arabia Saudí y los judíos controlan los bancos, que a su vez, financian a la industria armamentística americana, que a su vez, hace donativos para llevar a este o al otro a la casa blanca para que haga una guerra donde sea y ellos puedan tener beneficios con los que devolver el dinero con intereses a los bancos. Sin guerra, no hay beneficios y sin éstos, no hay devolución y sin ésta, no hay intereses… Si los bancos no ganan dinero, sus dueños retirarán sus activos en los demás sectores productivos y hundirán esta país…&lt;br /&gt;_ Joder!! Has dicho algo de tráfico de personas…?&lt;br /&gt;_ Ah si…! Simplemente dinero, más dinero… Verás, la inmigración es mano de obra barata, esclavos… o pensabas que hoy en día eso ya no existía?? Todo el mundo conoce los movimientos migratorios desde el sur de América hacia el norte, pero nadie conoce los movimientos que hay desde el norte de África, del Magreb, hacia Oriente Próximo y Medio. Las refinerías requieren esclavos para que los árabes y unos cuantos americanos ganen dinero. Esos “éxodos” se regulan y se negocian.&lt;br /&gt;_ Vamos, que se pagan…&lt;br /&gt;_ Tú lo has dicho… hay que pagar al gobierno “donante” y todo se organiza desde nuestros rascacielos… Eres de los que creen que el norte es mejor que el sur? No lo hagas porque eso es mentira. No es mejor ni peor, simplemente es igual. Aquí un paleto te puede pegar un tiro en la cabeza con su escopeta de cañones recortados. Allí, un paleto con traje y corbata te puede matar de hambre si no pagas…&lt;br /&gt;_ Me estás asustando…&lt;br /&gt;_ Lo imagino… pero sigo con mi historia. Todo aquello me empezó a afectar. Casi no dormía, tenía unas pesadillas horribles y estaba perdiendo a mi propia familia. Decidí abandonar, dejarlo, salir del negocio. La respuesta fue una bala en la cabeza de mi esposa, una bala en la cabeza de mi hija mayor Laura y una soga al cuello de mi hija menor Rose…&lt;br /&gt;_ Dios santo!! Quién? Por qué?&lt;br /&gt;_ Ya he respondido a esas preguntas…&lt;br /&gt;_ Y cómo lograste escapar??&lt;br /&gt;_ Un abogado me ayudó a fingir mi propia muerte a cambio de que le dejara en testamento mi fortuna. Intenté volarme la tapa de los sesos un par de veces, pero no tuve valor y accedí al trato. Puedes decir que estás hablando con un muerto oficial.&lt;br /&gt;_ Y me cuentas esto a mí que me acabas de conocer?? No temes que alguien descubra el engaño?&lt;br /&gt;_ Se lo he contado a medio estado y nadie me cree… Tú, de hacerlo, serías el primero…&lt;br /&gt;Harry aún tuvo un último gesto hacia Horatio prestándole una cama vieja que escondía bajo un arbusto. Era cómoda, al menos mucho más que el suelo, pero no pudo pegar ojo. No sé si le creyó o no y si esto fue la causa del desvelo, epro lo que sí sé es que Horatio mantuvo una actividad cerebral fuera de lo habitual que mantuvo sus párpados por encima de sus ojos hasta el amanecer. Todo lo que Harry dijo era sorprendente, pero no dejaba de tener algo de sentido. Una cosa estaba clara (y lo sigue estando) y era nadie amasa fortunas ingentes sin pisar el terreno de lo ilegal y que ese hombre bien podría haber hecho lo que dijo que hizo porque hay legiones de lacayos dispuestos a matar por un puñado de dólares, o por muchos puñados. Seguramente el indigente hubiera mentido, no en lo que dijo, que puede que ese tipo de prácticas sea una realidad espantosa, sino en que fuera él mismo el que llevara a cabo esas prácticas. Era un hombre solitario y pobre que buscaba algo de protagonismo y de ahí que soltara por la boca todo lo que soltó. Pero, y si era verdad? Y si estuvo hablando con la mano ejecutora de los desmanes ambiciosos de un ricachón americano y sus amigos saudíes? Y si, efectivamente, los americanos de a pie, no eran más que marionetas en manos de cuatro señores que los usaban para engordar sus ya gordas cuentas bancarias? Había cierto sentido en todo aquello. Venía a explicar lo que muchos americanos se preguntan de por qué se tiene tanta manga ancha con los judíos y el por qué no refinan el petróleo los trabajadores americanos de las empresas que lo explotan, a muchos padres de familia les vendría muy bien un empleo así aunque fuera a quince mil millas… Era un comecocos.&lt;br /&gt;Cansado de dar vueltas y vueltas sobre el mismo tema y de estar tumbado en el catre, se levantó y repuso la cama en su lugar. Buscó por los alrededores a su nuevo amigo. No le encontró, de hecho, no le volvería a ver nunca más. En cambio, encontró una bicicleta en buen estado. Quizá fuera otro regalo de Harry, quizá fuera propiedad de un niño del lugar que, confiado, la hubiera dejado allí la tarde anterior, quizá Dios Padre se la hubiera mandado como mandó el maná a los judíos a la salido de Egipto… Sopesó todas las posibilidades antes de cogerla y todas le agradaban porque todas justificaban el usarla. Y cuando digo todas, digo todas, incluso la del niño, porque sí, era un hurto, pero seguro que el niño, de haber sido esta la posibilidad, era el hijo de algún vecino que le hubiera negado la ayuda en el caso de habérsela solicitado, así que, que se jodiera si no encontraba su bicicleta. Además, hurtar a un insolidario es menos delito, al menos eso fue lo que pensó Horatio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-546355998094894755?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/546355998094894755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/un-paseo-por-el-sur-parte-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/546355998094894755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/546355998094894755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/04/un-paseo-por-el-sur-parte-iv.html' title='Un paseo por el sur (parte IV)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-6747931493306910912</id><published>2010-03-29T11:21:00.000-07:00</published><updated>2010-03-29T11:22:21.780-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>Un paseo por el sur (parte III)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El hogar de Leroy era radicalmente opuesto a lo que Horatio tenía en la cabeza. Los niños americanos blancos crecen escuchando historias de negros delincuentes procedentes de hogares infernales y desestructurados (nadie les cuenta nunca que es una verdad a medias y que los casos en los que es totalmente verdad, todo es producto de la pobreza asfixiante a la que son empujados los papás negros), pero el blanco no vio golpes o violencia o inestabilidad, todo lo contrario, sintió el amor y el cariño que rezumaba por las paredes de la casa. Se podía decir que era un “dulce” hogar_ o salado hogar, al gusto_. Sentados a la mesa junto a Jamal, Malcom, Amy, Winny, Lebron y Tacker, hermanos y hermanas de Leroy, por orden de nacimiento, el hombre blanco degustó un magistralmente elaborado estofado de carne. “No me denunciará usted, verdad señor Horatio?”, Preguntó el joven angustiado. Con un carrillo lleno de comida, el blanco contestó “denunciarte?? Hijo, si tu madre me sirve otro plato de este estofado, te levantaré un altar…!” Así, acabaron con el caldero que la mamá Johnson había preparado y llegó el momento de seguir con la marcha. Leroy, agradecido por la sencillez y la bondad, inusual para un hombre blanco, de Hoartio, se ofreció a llevarle en su camioneta. La verdad es que el golpe fue duro, no grave pero fuerte, y la rodilla del de Jacksonville se resentía. No le vendría nada mal unas cuantas millas sentado y una buena conversación amigable y distendida con un joven de la zona que le contara curiosidades y anécdotas. Leroy arrancó el motor, puso la primera velocidad, y salieron a la carretera.&lt;br /&gt;_ Y a qué te dedicas, hijo?_ preguntó Horatio.&lt;br /&gt;_Reparto mercaderías por los alrededores, de aquí hasta la frontera del estado. Es un buen empleo, me gusta conducir y nadie me molesta demasiado…&lt;br /&gt;_ Muy bien! Y tus hermanos estudian? Por cierto, muchos sois en casa…&lt;br /&gt;_Sí, muchos…! A los negros nos gusta mucho la cama y no nos paramos ante prejuicios religiosos o sociales… Y sí, si que estudian, yo me encargo de ello para que no desvíen su camino. Quiero que salgan de aquí y vayan al norte. En esta zona, no pasarán nunca de conducir esta camioneta… Algún día iré yo también, tengo planes, sabe?&lt;br /&gt;_ Ah si? Qué planes son esos? Se pueden contar?&lt;br /&gt;_ Claro que si, señor! Tengo un don, un regalo del cielo, y espero explotarlo. Ya le saco algún partido, pero es poco. Sé que puedo obtener mucho más. Mire…&lt;br /&gt;_ Dios santo!!! Todo eso es tuyo? El corazón te da para llenar eso a presión?&lt;br /&gt;_ Sí señor!! Soy un tipo fuerte y sano. Y no solo es el tamaño, también eyaculo cuando quiero. Comprenderá usted que con esto no puedo, ni debo, conformarme con esta camioneta a tres dólares la hora y el “extra”…&lt;br /&gt;_ El extra? Es lo que me imagino?&lt;br /&gt;_ Si se imagina usted que cobro por ofrecer orgasmos a maduritas y no tan maduritas blancas aburridas, sí, es lo que imagina. Aquí en Chinagroove tengo cuatro clientas, todas muy contentas, y otras cuantas en otros pueblos.&lt;br /&gt;_ Y disfrutas?? Quiero decir, serán feas y gordas y todo eso, no??&lt;br /&gt;_ Sí, algunas lo son, otras no… hay de todo… pero, sabe? Soy un poco vicioso, me gusta el tema muchísimo, y no sabe las cosas que me piden que les haga… No se trata de misionero y a casa, quieren el estilo perro, la puerta de atrás, en la mesa, en el sofá, vestidos… de todo! Y juegos, muchos juegos… chupar aquí y allí, con un dedo, con dos, con tres… A mi me ponen a mil…!&lt;br /&gt;_ Y cobras mucho?&lt;br /&gt;_ No… …unos cuantos dólares por servicio… cincuenta nada más. Demasiado poco para el trabajo que hago…&lt;br /&gt;_ Vaya… me acabo de quedar un poco angustiado… Llevo varios días fuera de casa y mi esposa seguro que no ha hecho ni ademán de buscarme… Posiblemente tenga un Leroy en Jacksonville…&lt;br /&gt;_ No le extrañe… con permiso, claro… Ustedes los blancos viven una doble vida: la recta y decente, de puertas hacia fuera, y la secreta, llena de depravaciones… No me explico cómo pueden creerse todavía ustedes los hombres blancos, que a sus mujeres no les gusta el sexo… Por mi experiencia le puedo decir que les gusta, les apasiona… Cree usted que si los maridos de mis clientas les dieran lo que yo les doy vendrían a mí?? Mire, primera parada, Mooresville. Hago el reparto y vuelvo.&lt;br /&gt;El chico negro bajó de la camioneta, cogió un paquete de la parte de atrás y le entregó en un comercio. El tendero, que parecía también ser el dueño del establecimiento, agarró el paquete y, con desprecio, tiró unos centavos al suelo a modo de propina. El chico dio las gracias y se agachó a recogerlos. Volvió silbando sonriente a la camioneta.&lt;br /&gt;_ Venga!! Vámonos!!&lt;br /&gt;_ Pero cómo aguantas eso, Leroy?&lt;br /&gt;_ De dónde sale usted…?? Lo aguanto porque no me queda más remedio. Si no lo hago, ese tipo llamará a mi jefe y le dirá que “el chico negro que reparte la faltó el respeto a su esposa” y me despedirán sin dudarlo. De todos modos, a su mujer yo no le falto el respeto, solamente me la follo… es buena clienta… por eso sonrio.&lt;br /&gt;_ Eres todo un personaje… Y dime, cuál es ese plan??&lt;br /&gt;_ Porno! Créame, soy una máquina. Ganaré un montón de dinero y me haré famoso y mi familia no tendrá que aguantar a cerdos como ese tendero o como mi jefe nunca más… Hay hermanos que juegan al baloncesto, otros al futbol (americano), yo me lo montaré con blanquitas delante de una cámara… “el gran rey africano” me llamaré…&lt;br /&gt;_ Suena bien… No veo mucho de eso, pero intentaré encontrarte…&lt;br /&gt;Continuaron el viaje en la lenta camioneta del padre postizo de superman y Leroy fue contándole a Horatio todas las mujeres que pagaban por sus servicios y qué hacía con cada una de ellas, cosa que hizo sonrojar al blanco en más de una ocasión, porque escuchó descripciones de posturas y prácticas que nunca habría imaginado por sí mismo que se pudieran llevar a cabo. En la larga lista de mujeres, las había escandalosamente pervertidas, como la esposa del reverendo de la iglesia metodista de Richfield, que no sólo quería a Leroy dentro de ella, sino que usaba un juguete erótico al mismo tiempo por otro orificio, juguete éste que competía con el chico en tamaño; o Mary McGillys, esposa del agente de policía de Chinagroove, una mujer oronda pero muy guapa, cuya obsesión era montar situaciones en las que un supuesto desconocido, interpretado por Leroy, la pillaba desprevenida y se lo hacía salvajemente al estilo “el cartero siempre llama dos veces” en la versión con Jack Nicholson y Jessica Lange; la señora Putwell, octogenaria ella, solamente buscaba una cosa que, al parecer, se llama “mouthfull” pero que Horatio no quiso ni escuchar de qué se trataba. También le dijo al blanco que no dijera nunca a nadie, en el estado de Carolina del Norte, todo aquello que estaba escuchando de su boca porque, literalmente, como no podía ser de otra manera cuando hablamos de que se están beneficiando a las esposas de otros, le iba la vida en ello.&lt;br /&gt;A los dos se les hizo el camino hasta Maiden muy corto, entretenidos como estaban uno hablando y el otro escuchando. Parecía un buen lugar para apearse de la camioneta, pero la verdad es que Leroy era un gran muchacho y sus relatos muy amenos y excitantes. Además, no todos los días uno tenía la ocasión de escuchar intimidades de señoras intachables, lo que abría la puerta a otra actividad aún más interesante que era imaginárselas en esas situaciones y en esas posturas gritando como decía Leroy que gritaban. Hacía mucho tiempo que Horatio no excitaba tanto como haciendo aquel ejercicio de imaginación, y el hecho de que nunca, nunca, hubiera escuchado a su esposa gemir (lo cual puede que fuera culpa del esposo) era algo que aumentaba su excitación al grado máximo. Así que se quedó. De Maiden a Connover y de Connover a Lenoir, final de reparto.&lt;br /&gt;_ Amigo Horatio, aquí me doy media vuelta… vuelvo a Chinagroove… Mire, siga aquel camino, siempre recto, y llegará a Blowingrock, Virginia.&lt;br /&gt;_ Muchas gracias, hijo! Ha sido un verdadero placer compartir contigo estas pocas millas… …y mil gracias por el estofado, lo recordaré toda la vida.&lt;br /&gt;_No, gracias a usted, señor, por no denunciarme… Es muy buen tipo, blanco, pero buen tipo… Quisiera regalarle algo más. Antes de volver, he de cubrir un servicio… más bien, lo que cubriré será a una blanca…(risas) Si quiere, le invito. Ella accederá seguro, es de las más viciosas, y yo podré cobrarle doble… qué me dice?&lt;br /&gt;Horatio Beetle no dudó. Excitado como nunca y después de haber perdido la oportunidad que la señora Pathwick le ofreció, no podía dejar escapar ese regalo, contando también con que, a su edad, no iba a encontrar otra ocasión igual para vivir un sexo que jamás había imaginado. Por la señora Beetle no se preocupó mucho. Nunca lo sabría y, después de todo, seguramente tendría un negrito dotado cerca de su cama desde hace tiempo, por qué no? Quizá el joven Billy, que saludaba siempre con mucho cariño a Sarah, o el jardinero, Mike, que con lo grande que era, si lo tuviera todo en proporción, podría ser el hermano mayor de Leroy… En cualquier caso, aquel maduro hombre blanco, ante la posibilidad que se le había presentado, hubiera emparejado a su esposa con Lucifer con tal de justificarse a sí mismo. Todo menos rechazar!!&lt;br /&gt;Fueron a una casa a las afueras de Lenoir, llegando hasta ella con los faros de la camioneta apagados para no levantar sospechas. En el interior, una mujer de unos cuarenta y muchos esperaba sentada en el único mueble que vestía la casa: la cama. No se alteró ni se puso nerviosa al ver a dos hombres en vez de a uno, y tampoco hizo un mal gesto al saber que tendría que pagar cien en vez de cincuenta. Simplemente se agachó antes ellos y se aplicó con lo que encontró debajo de sus pantalones, alternando uno con el otro. Hoartio se prometió a sí mismo antes de llegar a la casa que no miraría la herramienta de Leroy cuando estuviera erecta, por las comparaciones más que nada, pero no pudo evitar que sus ojos bajaran su mirada hasta ver la enormidad negra. Un sentimiento de inferioridad de apoderó de él consiguiendo acabar con la excitación que traía desde Maiden, aunque no del todo, ya que pronto le llegó de nuevo su turno ahí abajo y aquella mujer se encargó de hacerle olvidar el sentimiento de inferioridad, a Leroy, a su esposa Sarah e incluso su propio nombre.&lt;br /&gt;Los detalles de lo que ocurrió en esa cama me los voy a ahorrar porque ya sabemos todos, a estas alturas, lo que hubo y no quiero que esto, que es una simple historia de un hombre simple, se convierta en un relato erótico o incluso pornográfico, y si alguno que esté leyendo lo que escribo no sabe lo que sucedió y necesita que se lo cuente, que me permita decirle que tiene un problema serio en cuanto a relaciones se refiere si no sabe todo lo que pueden hacer un hombre y una mujer (o dos hombre, o dos mujeres) en una cama, simplemente porque no tiene imaginación y sin ésta, todo se vuelve rutinario y oscuro. Simplemente apuntar que, como es lógico, esa mujer agotó a Horatio mucho antes de que quedara satisfecha y tuvo que esperar a que fuera el “profesional” el que terminara el trabajo. Es cierto que no tenía por qué esperar y que se podía haber ido antes de que Leroy saliera, pero la verdad es que cobraría el doble gracias a él y albergó la esperanza de obtener algunos dólares, que no le vendrían nada mal. Y así fue. El dinero se repartió en un setenta-treinta y a Horatio le pareció bien, ya que estuvo dentro un tercio del tiempo nada más. Después de despedirse y cuando Leroy se hubo marchado en su camioneta, el hombre blanco pensó que podría dormir en esa cama si la mujer le daba permiso. Entró de nuevo y le preguntó a la mujer, que aún estaba terminándose de abrochar la blusa, si podría usar la cama cuando ella se fuera de allí. La mujer le miró, levantó una ceja, paró de abrocharse y le dijo “si, pero con una condición: que me des más antes de dormirte…” Horatio durmió allí.&lt;br /&gt;El despertar en Lenoir no tenía comparación con el despertar en las afueras de Aberdeen. Aquella mujer era insaciable y Horatio ya no estaba para tanto ajetreo, por eso incluso echó de menos los martillos percutores texanos cortesía de la cerveza ingerida. Cuando la tigresa desnuda de la cama exigió el segundo asalto matinal, el cowboy de media noche improvisado cogió su ropa y salió corriendo en busca del campo que Leroy le indicara el día anterior. Sin pantalones, al menos en su lugar natural, de adentró en él sin mirar atrás, no fuera a ser que la hembra corriera con el mismo aguante que demostraba en la cama (y sobre el suelo, contra la pared, de pie…) y entonces sí que estaría perdido, como la presa delante del lobo, condenada de antemano a la morir o por cansancio o por asesinato. En el caso del hombre, sería por agotamiento o por infarto de miocardio y, aunque también dicen que morir entre las piernas de una mujer es dulce, no era una opción que, en ese momento, le sedujera. Mejor correr, fuera esa mujer detrás o no, que no iba todo sea dicho, que más vale un sofoco a tiempo que tener que lamentar después.&lt;br /&gt;Sin darse cuenta, se vio en medio de la nada. El campo, que desde Lenoir parecía fácil de cruzar, era insospechadamente inmenso y le llevaría mucho tiempo atravesarlo. Cayó en la cuenta de la gran paradoja en la que se encontraba: había pasado pueblos y pueblos sin dinero y, ahora que lo tenía, sus treinta dólares ganados con esfuerzo sobrehumano, no había nada dónde gastarlos. Horatio era como el multimillanario que, una vez esquilmado el océano y arrasada la tierra, se dé cuenta de que el dinero no se come y que, sin los demás y sus manías, su dinero, su tesoro, no vale para nada. Treinta dólares, una fortuna en comparación a su saldo en los últimos días, para nada, inservible, inútil… Se quedarían en el bolsillo a la espera de mejor ocasión, si es lograba salir de aquel campo con vida.&lt;br /&gt;Para ello, tendría que fijar una dirección en la que andar y evitar así perderse o andar en círculos, que es el principio de toda muerte en los bosques, desiertos o campos inmensos. Pensó en Troy Brooks. Él sí que habría sabido encontrar algo en el cielo para hallar el camino, siempre y cuando hubiera salido del coma etílico en el que, seguramente, entró. Horatio era otro tipo de hombre. Cómo lo haría él? Cómo haría un ciudadano de Jacksonville que la primera semana que vivió en su nueva casa de casado se perdía para ir del salón a su habitación? “Sencillo”, pensó, “andaré y andaré y dormiré ni descansaré hasta que salga de este lugar”. Ocurre que, cuando uno está solo, todo lo que pasa por la cabeza parece ser muy buena idea sin argumentos en contra, habida cuenta de que no hay nadie cerca que pueda aportar dichos argumentos en contra, que siempre los hay, aunque lo que pase por nuestra cabeza sea inventar el celular… Estando solo se planean atracos perfectos, seducciones románticas a mujeres imposibles, el moso de convertirse en una estrella del rock, suicidios… cosas de esas que se ven equivocadas justo cuando te han puesto las esposas, cuando la mujer te está abofeteando, cuando te están abucheando en el karaoke de la esquina o cuando estás al lado de Jesús o de Satanás. Horatio estaba solo y llevó a cabo su idea maravillosa que nadie le rebatió. Anduvo y anduvo, y siguió andando, y más aún, hasta que no pudo más. Se tumbó con los pies en la dirección que había elegido para que, cuando se despertara, poder saber hacia dónde andar. Otra gran idea solitaria! Los picores le despertaron antes del amanecer y, sin tiempo que perder, hizo caso a sus pies y tomó el camino que le indicaban. Seis horas caminando y aquel campo no enseñaba el final por ningún lado. De nuevo exhausto, fue a tumbarse otra vez cuando le pareció ver algo en la lejanía. Mirño fijamente con los ojos achinados y ahí estaban: casas. Corrió hacia ellas felicitándose por el plan que él solito había desarrollado. Virginia estaba al alcance de la mano y él ansioso por llegar, no solamente por el hambre, también por comprobar de primera mano lo que, no sé cómo ni por qué, siempre había pensado del estado de Virginia. Quizá por el nombre o por las historias de la guerra, Horatio siempre pensó y creyó que en Virginia seguían vistiendo con esos atuendos horrorosos e incómodos, sobre todo para los amantes, del mítico y glorioso sur confederado. Pensaba en las mujeres, con esos corpiños y las faldas gigantes arrastrando por el suelo, los paraguas quita sol y las pamelas de circunferencias inauditas. Y que todas eran virginales y educadas, como Escarlet O´hara.&lt;br /&gt;Llegó a una de las casas y vio a un tipo. Era normal, quiero decir, no vestía como el General Lee. Se acercó a él y con voz pausada (no estaba seguro de que en Virginia entendieran su acento de Carolina del Norte) le habló:&lt;br /&gt;_Buenas tardes, amigo! Puede decirme dónde estamos?&lt;br /&gt;_Lenoir!&lt;br /&gt;_ Lenoir, Carolina del Norte?&lt;br /&gt;_ No, Lenoir, Francia… Usted que creé?&lt;br /&gt;Dios santo! Maldito plan de orientación! Debió moverse mientras dormía, cosa que hace el noventa por ciento de loas personas. Dos días perdidos en ese campo infernal. El mal menor fue que salió con vida y que tenía sus treinta dólares en el bolsillo, que habían recobrado su valor virtual que sólo el asfalto poblado le otorga. Entró en un bar no sin mirar antes por el ventanal a las personas que estaban dentro. Sería terrible encontrarse con la mujer insaciable y más aún estando tan débil como estaba. Por fortuna, no estaba. Hamburguesa de pollo, patatas francesas y una Pepsi gigante entraron por su esófago sin masticar apenas, todo por siete dólares. Con quince más, consiguió cama para dormir y un baño donde lavarse. Los ocho restantes, desayunó y fue a afeitarse. Saldo actual, cero, pero era un hombre nuevo. Pensó por un instante en los indigentes y en por qué no se lavan aún teniendo, en las ciudades, lugares gratuitos para hacerlo: “seguramente no lo hacen, justamente por esto, por no convertirse en hombres nuevos que tengan que volver a sentir la desesperación en sus carnes…”&lt;br /&gt;Saliendo de la barbería, pasó por delante de un escaparate y vio una brújula. Maldijo su mala cabeza por no haber pensado en ella antes de gastar todo su patrimonio. Con ella podría haberse enfrentado al campo aquel con alguna garantía. Sonó un claxon y una camioneta casi le atropella de nuevo. “Leroy”, grito Horatio contento de encontrarse de nuevo con su amigo negro, pero éste no parecía muy alegre.&lt;br /&gt;_ Pero qué hace usted aquí?_ preguntó_ ha de irse ya mismo de Lenoir…&lt;br /&gt;_ pero qué ocurre, amigo?&lt;br /&gt;_ Qué ocurre? Que nadie dice no a la mujer del juez, eso ocurre!!&lt;br /&gt;_ Pero si casi acaba conmigo….!&lt;br /&gt;_ Ahora es cuando acabará con usted! Le ha contado a su marido que un forastero la forzó antes de ayer… y si el juez le pone la mano encima, deseará no haber nacido…&lt;br /&gt;_Pero esa mujer está loca…&lt;br /&gt;_ Claro que está loca!! Pero ahora demuestre usted delante de un tribunal que no estuvo con ella y que no se la folló!! Vaya, y dígales que ella, la esposa decente del juez Rossmond, consintió… Mire, coja el primer bus para Blowingrock y desaparezca.&lt;br /&gt;_ No tengo dinero…&lt;br /&gt;_ Joder!! Y los treinta dólares?? Tome, compre el ticket… Lo nunca visto en el sur, un negro dando limosna a un blanco… Suerte señor Horatio!! Lárguese ya!! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-6747931493306910912?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/6747931493306910912/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-iii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6747931493306910912'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6747931493306910912'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-iii.html' title='Un paseo por el sur (parte III)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-5933195009212065234</id><published>2010-03-22T13:33:00.000-07:00</published><updated>2010-03-22T13:40:11.350-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>Un paseo por el sur (parte II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Aberdeen fue, literalmente, el paraíso, la tierra prometida, un oasis en medio del desierto sureño, Horatio, hombre optimista, confió en que allí fuera acogido_ más le valía_, teniendo en cuenta el nombre de la población, sucursal transoceánica de la última ciudad escocesa (inglesa para otros). Es habitual en los Estados Unidos el que ciertas comunidades con nombres de ciudades europeas se comporten como aquellos a los que “plagian” en nombre. Siendo esto así, era de suponer que Aberdeen, Carolina del Norte, estaría llena de pelirrojos en falda a cuadros, un tanto ebrios de cerveza o de whiskey escocés, abiertos y misteriosos, que recibirían al caminante con generosidad. Y no había que olvidar que alguna bisabuela o tatarabuela suya era de la isla, de arriba o de abajo, pero de la isla al fin y al cabo. Fueron muchas la suposiciones de Horatio Beetle. De faldas, cero; pelirrojos, uno; generosos, la mitad; abiertos y misteriosos, tres cuartas partes, ebrios, todos. Había una cafetería que parecía, más bien, el centro cívico de la localidad porque se daban cita allí, día tras día según se veía, la mayoría de los vecinos. Lógicamente, entró. La camarera, una mujer gorda, con los tobillos más grandes que sus rodillas y unos labios pequeños pintados de rojo pasión que se perdían en medio de una cara redonda y amplia como Australia, le sirvió, gratis, la especialidad de la casa, tarta de limón y cerveza. Aunque pueda parecer chocante o sorprendente, no había agua o refrescos o zumos y tampoco café, por mucho que el lugar se llamara cafetería. Pero, cuando hay hambre y sed y no se tiene dinero, cualquier cosa que te den es un manjar exquisito y, cierto es, que la cerveza hidrata igual que el agua y, por supuesto, mucho más que el café, sea éste de donde sea.&lt;br /&gt;Fueron tres tartas y dos pintas y media de cerveza. Era de ley rematar aquello con un buen postre, uno típico de Aberdeen, otra buena pinta de cerveza. Los alemanes toman el dulce antes de comer, los franceses toman el queso como postre, los españoles se comen las patas del cerdo crudas… Si todos hacen lo que quieren, por qué en Aberdeen, Carolina del Norte (y en Aberdeen, Escocia también) no pueden tomar pintas de cerveza de postre? Como no podía ser de otra manera, Horatio aceptó sus tradiciones y agarró su pinta con agradecimiento. Entonces ocurrió lo que suele ocurrir en un local lleno de hombres y cerveza. Que se pegaron? No… al menos aún. Que se pusieron a hablar con el extraño hambriento y sin dinero. Todos los habitantes ya se conocían de años y aprovecharon la oportunidad para volver a contar las historias de sus juventudes al forastero desconocido que seguro no había escuchado nunca. Cada uno fue narrando partes de su vida que eran interesantes y el caminante las absorbía como si de una esponja se tratase. Con el estómago lleno, medio borracho, sucio y demacrado, Horatio estaba obteniendo lo que siempre había querido, escuchar relatos de personajes “exóticos”. Hay que decir que en el sur, todo lo que sea salir del condado es ya territorio “exótico” y salvaje, casi otro planeta…&lt;br /&gt;Un hombre del local le habló de cómo hacer para sacarle el semen a un buen toro para inseminaciones artificiales, era un experto en esa materia; otro, que pasó diez años en Folsom porque robó una radio que resultó tener escondidos en el interior cinco mil dólares y le acusaron de hurto mayor; un tipo del fondo del local, sin levantar su cabeza de la barra, dijo que fue él y sólo él, el que pegó fuego a la comisaría de policía para dar un escarmiento al agente Whitten que, a su parecer, era un chulo que abusaba de su placa. Nadie le creyó; pero, sin duda alguna, el que más impresionó al peregrino fue Troy Brooks, “Popeye” para todo el mundo. Fue como si alguien de ahí arriba hubiera visto las situaciones que Horatio imaginaba y le hubiera concedido vivirlas, o como si Dios mismo lo hubiera dispuesto todo para que el viaje fuera pleno. Y es que el viejo Troy, Popeye, escocés de nacimiento, había sido marinero en un mercante vasco, vizcaíno para más señas. Relató cómo se enroló en ese barco, siendo un niño, como grumete en Southhampton, Inglaterra. Pasó miles de penurias y sufrió abusos a cientos. Para quitarle el miedo a las alturas, le obligaron a subir tres veces al día al palo mayor durante tres meses. Le contó que la tripulación era de lo más variopinta: había vascos, tipos duros y barbudos que solamente hablaban entre sí un idioma que no era de este mundo; había malayos, muy peligrosos, capaces de matar por una simple mala mirada; había un chino que les sacaba el dinero a todo el mundo con juegos de azar que él mismo inventaba; había ingleses, prepotentes y estirados, que estaban ahí porque habían sido expulsados de la marina de su majestad y que, cuando iban a Inglaterra, no bajaban del barco para no ser detenidos y ahorcados; había…&lt;br /&gt;Popeye, que entonces no le llamaban Popeye sino Cachorro, se hizo el niño de confianza del capitán, un tal Shanti Andía, con el que aprendió el oficio de marinero. El viejo había vivido mil y una aventuras en casi todos los mares del mundo, tormentas, asaltos, impagos a la tripulación, peleas, apuestas arriesgadas, mujeres de todos los sabores y enfermedades de todos los colores… Pero la mayor aventura de todas fue el motín. Troy siempre lo dijo: “si llevas a bordo a un puñado de ingleses expulsados del imperio por amotinamiento, es cuestión de tiempo que tú mismo sufras uno…”&lt;br /&gt;Durante mucho tiempo fueron minando las cabezas de sus compañeros con mentiras y, lo que es peor, con medias verdades: que si los oficiales comen mejor, que si se guardan parte de los salarios, que si pegan sin justificación, que si ellos eran más guapos y, por ser ingleses, estaban más preparados para gobernar el barco que esos vascos de Dios que no hay hijo de madre que los entienda… …cualquier cosa de esas absurdas y superficiales que hacen hervir la sangre de ignorantes que no ven más allá de sus narices… …para entendernos, argumentos republicanos, populistas y vacios, directos al estómago del incauto_ en este caso la tripulación_ que se cruzan en su camino. Dado el nivel de conocimientos de los marineros y la sed de sangre que tenían, los ingleses lograron su objetivo. Sólo había que esperar algún incidente insignificante que sirviera de justificación para el levantamiento y de esos sucedían todos los días por decenas. Un malayo de quejó de lo escasa que era la ración un día miércoles en medio del Índico. Aquel malayo malnacido era el tipo más despreciable que jamás había visto el, en aquel entonces, joven escocés y, aún así, el resto le siguieron. Todo vale, incluso vender el alma al demonio, para propiciar una situación en la que descargar todo el odio acumulado que provoca la propia ignorancia.&lt;br /&gt;Por la escotilla de la cubierta_ contó el viejo sin soltar su pinta_ subieron las pocas armas que había en la bodega obligando a la oficialía y a sus leales a su refugiarse en el castillo de popa, diseñado especialmente para defender la nave en situaciones de ese tipo. El joven Cachorro siguió a su maestro y fue armado para combatir a los rebeldes. Contaba solamente diez y siete años, lo que le convertía en el más joven de los encerrados y esto, sumado a que era el de menos graduación en el escalafón del barco, le llevaron a ser la mano ejecutora de todas y cada una de las órdenes que salían de la boca del capitán. En otras palabras, que se comió el marrón. Los cuatro primeros días su cometido era salir a hurtadillas del castillo por una trampilla secreta y “robar” el poco agua que pudieran tener los amotinados. Era una práctica tan común como peligrosa, sobre todo para el que salía del castillo, que debía andarse con exquisito cuidado porque, de ser descubierto, sería ejecutado al instante_ generalmente, los jefes usaban tres o cuatro de esos “rateros”, uno detrás de otro, a medida que iban cayendo_. Los oficiales guardaban la mayoría de las provisiones bajo llave en un almacén del castillo, el agua, la comida y el alcohol. En caso de motín, se encerraban allí y esperaban unos días, lo suficientes para que el hambre y la sed hicieran mella en los rebeldes y empezaran a pensarse la rendición como una opción. Pero en el motín que vivió el viejo Troy, su capitán usó algo nuevo para agilizar la reconquista de la nave y con ella, retomar el rumbo establecido: ordenó a su pupilo liberar un barril de alcohol del castillo y dejarlo en manos de la tripulación de cubierta. Uno no es capitán porque sí o porque es amigo de alguien o porque es guapo y atractivo. Uno es capitán porque es listo y no sólo sabe hacer navegar un barco sino que, además, sabe gobernarlo y desenvolverse en situaciones límite, claro, en aquella época. Hoy en día es otra cosa y los cargos de responsabilidad en cualquier lugar lo ocupan ineptos que lo mejor que saben hacer es cobrar a fin de mes, pero este es otro tema. El que nos ocupa, la narración del escocés, continua con su obediencia a las órdenes. Sacó el barril y esperó para seguir con la segunda parte. Con un cuchillo de grandes dimensiones, tan grandes que en algunos lugares a eso le llamarían espada, salió por su trampilla y, sin remordimientos, degolló a todos los borrachos que se iba encontrando tirados en cubierta. Al día siguiente volvió a hacer lo mismo. Su cuenta personal de pescuezos ascendió a veinticuatro. Lo contó sin hacer ni una mueca, sin mover ni un solo músculo de su cara llena de surcos, como si hubiera cortado cuellos de conejos en vez que de personas. Siguió hablando. Al séptimo día la rendición fue un hecho. Aunque borrachos, los que quedaron pensaron que era mejor terminar con aquello que ser degollado mientras se duerme la mona. Antes de hacer oficial el fin del motín, ellos mismos colgaron del palo mayor a los ingleses por haberles llevado a tan dramática situación. De haber triunfado, les hubieran alabado y servido, pero cuando se trata con personas poco cultivadas, a las que se les huele la villanía a millas de distancia, se pasa del altar a los infiernos en un abrir y cerrar de ojos.&lt;br /&gt;Troy Brooks apuró la pinta que tenía entre manos y no le faltó el tiempo para pedir otra, gesto éste que animó al resto del personal a hacer lo propio. Ya con los labios mojados por la fresca pinta, el escocés siguió diciendo que tuvo que dejar el barco nada más llegar a Filipinas y enrolarse en otro porque su lugar al lado de su amado capitán ya no era territorio seguro, algo normal después de haber degollado a amigos de una tripulación con la que debía convivir. Tan peligroso era el nuevo orden, que, desde el fin del motín y hasta llegar a Managua, tuvo que dormir en lo alto del palo mayor y armado, no fuera a ser que alguna noche sufriera un “fatal accidente”.&lt;br /&gt;_Amigo Troy_ interrumpió Horatio_ dime, qué hace un escocés marinero en un lugar tan, tan… …tan interior?&lt;br /&gt;_ Y qué coño hace un tipo de Jacksonville por aquí y sin dinero?_ replicó otro parroquiano de muy malas maneras.&lt;br /&gt;_ Para Billy…!_ dijo muy tranquilo el viejo_ Está hablando conmigo, no contigo, si? Amigo de Jacksonville y sin dinero, le voy a contestar. No suelo hacerlo, pero no sé que tengo hoy que me encuentro feliz. Verá, cuando me retiré de los barcos, tenía dos opciones: volver a Escocia o no volver. Yo quería terminar mis días en mi amada Aberdeen pero ese clima… … así que, cuando me enteré que aquí había una con muchísimo mejor clima que la original, no lo dudé y…&lt;br /&gt;El viejo Troy cayó al suelo inconsciente por el alcohol. El golpe fue tremendo pero no lo suficiente como para que un escocés suelte una pinta de cerveza de sus manos. Entre aquel alboroto de personas ebrias preocupadas por el aventurero marinero, Horatio, también borracho, acertó a levantarse del taburete y a salir del local por una de las tres puertas que veía. Un poco más allá del final del Aberdeen con mejor clima, el hombre se precipitó al suelo polvoriento noqueado por la Foster´s.&lt;br /&gt;Despertarse después de una buena borrachera es desagradable. También depende mucho de qué haya sido la melopea. De bourbon, bueno, se sobrelleva; de ron, igual; de cerveza es otra historia… Así que, despertarse después de una buena borrachera de cerveza y, además, hacerlo en medio de un camino de piedras y rodeado de arbustos de esos que tienen hojas con pinchos, bajo el sol sureño, es infernal. En toda su vida, Horatio había “pillado” una así y no estaba acostumbrado a las brocas giratorias percutoras que martilleaban su cabeza intentando perforarla como si fuera el estado de Texas. Quizá el viejo Troy sí estuviera hecho a ese estado de agonía que supone la resaca cervecera y aún así, él se despertaría en una cama, posiblemente pequeña y sucia, pero cama al fin y al cabo, y no en un páramo de los que ni los ladrones de caminos frecuentan porque hasta para ellos resultan duros.&lt;br /&gt;Todavía con el mareo zarandeando sus oídos y con unas ojeras que arrastraban por el suelo, el hombre puso rumbo de pies pesados hacia Candor. Su estado era más que lamentable. Hacía ya unos cuantos días que olía mal, sus ropas eran casi andrajos, pero aún tenían mejor aspecto que su cara, de muy mal semblante agravado por una barba de presidiario mitad negra mitad blanca. Lo peor de todo era no tener agua para beber. Su hígado estaba chupando todo el líquido de su cuerpo a marchas forzadas y la deshidratación empezaba a ser la opción por la que apostar. Y se orinaba, el lote completo para el señor. Esa sensación, la de deshidratarse, es realmente rara. Uno se queda como un vegetal y la conciencia parece irse a dar un paseo por Marte vía Mercurio. Dicen que es una muerte dulce, aunque tal comentario, el de muerte dulce, siempre lo hacen los que no se mueren. Para saberlo con certeza, si es dulce o no, habría que preguntarle al muerto, pero es complicado porque, generalmente, no contestan. Otro tema también es el de por qué ha de ser dulce. Yo, personalmente, prefiero el salado y una muerte dulce me “sabría” muy mal. Siempre se usa el dulce para acompañar a todo lo que se considera bueno, pero yo una vez probé el sabor sureño de una mujer del norte y era saladito y todavía no he encontrado a nadie que me asegure que eso es malo. Por lo tanto, para mí, la muerte, salada, por favor. Horatio, la verdad, no sé cómo la querrá. De momento va tan ausente que se ha pasado Candor, Troy y está a punto de entrar en Richfield.&lt;br /&gt;Era un muerto viviente, mejor dicho, andante. Perdido en la niebla de sus ojos, tuvo la suerte de tirar del cordel que encendía una lucecita ínfima en algún rincón de su cerebro. “Richfield”, pensó, “el campo rico… …y si es rico es porque hay agua… …y si hay agua es porque hay un rio…” Sí, sí, se cayó al rio. Afortunadamente, era de poca profundidad y de aguas frescas y cristalinas. Aquel hombre piltrafa volvió a nacer parido por ese rio salvador que posiblemente tuviera un nombre pero que a Horatio no le importaba porque él le llamaría “Mamá”. Bebió, se lavó él y lavó sus ropas, su cerebro pasó de uva pasa a uva gorda y sana, llena de vida. Contento como un crío, retozó largo tiempo en el agua mientras su vestido se secaba colgado de unas ramas cercanas. Era el momento idóneo para que apareciera por allí una mujer de buen ver y jugueteara con él en el agua fresca, pero no apareció porque eso es alfo que sólo sucede o en las películas pornográficas, donde la mujer se desnudaría al punto y follarían en medio del campo de mil posturas distintas, o en las películas románticas, con una mujer extremadamente bella que, escondida detrás de algún árbol, observaría el torso (y solamente el torso) desnudo del hombre y caería rendida a sus encantos. Hablando de películas románticas, resulta que el hombre del rio no solo estaría fuerte y bien moldeado, sino que también sería sincero, generoso, buena persona, honrado, decente, amable, sensible y adoraría a los niños, todo muy “dulce”. Si sucediera en la vida real esto de que un tipo se está bañando desnudo en un rio y aparece una mujer que se enamora de él, lo más probable es que el hombre, musculado por pasar largas horas en el gimnasio, fuera un cerdo narcisista, enamorado de sí mismo, que mentiría y mentiría hasta meterse en la cama de la mujer, y luego, “ciao amore”. Es algo común, desgraciadamente. Los gauperillas de gimnasio lo hacen casi a diario. Lo sorprendente es que las mujeres sigan tropezando, una y otra vez, con la misma piedra…_cuánto daño ha hecho la leyenda del príncipe azul!_. También entiendo que alguien pueda decir que la vida real es una cosa y que las “pelis” son otra distinta donde todo sale bien, y yo digo que “correcto, hasta ahí, bien”. Pero reivindico que el cine no nos venda eso de que Hollywood supera a la realidad, ya que no lo hace, porque no cuentan historias inimaginables, cuentan historias imposibles (lo inimaginable puede ser posible, de hecho hay otro Bush en la casa blanca) donde todo, absolutamente todo, es por guapos y para guapos y eso no es superar la realidad, es suplantarla creando una realidad paralela, beneficiosa para muchos, que venden como posible y al alcance de cualquier mano, y eso es mentira. Para imposibilidades, me quedo con el porno. Pero me estoy yendo. Decía que era un buen momento para que apareciese una mujer , aunque también era un buen momento para que apareciese un tipo con gorra de camionero y rifle al hombro que vigilase sus tierras, pero eso sería ser un poco “cabrón” con Horatio, así que no haré que aparezca nadie, ni para disfrute, ni para sufrimiento. El hombre se pudo vestir tranquilo y continuar con su maratón. Decidió no entrar en Richfiled, después de todo, no encontraría nada mejor que el rio. Quizá comida, pero ya había engañado al estómago con unas moras que encontró mientras paseaba desnudo esperando a que se secara la ropa.&lt;br /&gt;Con paso firme y renovado, limpio pero sin afeitar, entró en Chinagroove. Según su teoría para Aberdeen, Chinagroove debería estar llena de chinos o de americanos que los imitaran. Teoría errónea a todas luces. Como mucho abría un chino, o una familia de chinos que regentaran una tienda de “todo a un dólar” abierta treinta horas al día, pero poco más. Encontró lo mismo que en los lugares anteriores, caras de asombro, comentarios a su espalda y, bingo! un chino con un comercio que hizo que no entendía el inglés cuando el hombre le pidió algo de alimento gratis. Si le hubiera ofrecido dinero, el chino hubiera sabido hacer hasta un comentario de texto sobre Hamlet. Resignado a la realidad sureña, incapaz de ayudar a quien no se conoce y totalmente cerrada a lo que venga de fuera, Horatio puso sus ojos en el camino de salida. Debió ponerlos en el semáforo. Leroy Johnson conducía su camioneta y se llevó por delante al bueno de Horatio Beetle. Suerte que la camioneta era del año cero, una como la que levanta Superman de niño para rescatar a su padre postizo nada más llegar a la Tierra, que no alcanzaba ni las veinte millas por hora. Muy asustado, el joven Leroy fue a socorrer al recién atropellado. Antes, pensó en huir porque una situación en la que un negro arrolla a un blanco, en esta parte del mundo, suele saldarse con cárcel como mínimo, pero no huyó. Levantó a Horatio, le sacudió el polvo, se interesó por su estado y le dijo que le pidiera lo que quisiera, pero que, por lo que más amara en este mundo, no le denunciara. El hombre dijo “hijo, has de darme de comer!”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-5933195009212065234?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/5933195009212065234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/5933195009212065234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/5933195009212065234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-ii.html' title='Un paseo por el sur (parte II)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4578410950505959608</id><published>2010-03-15T09:26:00.000-07:00</published><updated>2010-03-15T09:27:24.372-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Un paseo por el sur'/><title type='text'>Un paseo por el sur (parte I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La verdad, no hay mucho que contar de Horatio Beetle. No era ni muy temperamental ni muy sereno, ni muy pasional ni muy frio. Era un tipo más o menos gris, como cualquier otro de su ciudad, un trabajador en la recta final de su vida laboral, ya demasiado extensa incluso para alguien acostumbrado a no hacer otra cosa. Se puede decir que era un hombre equilibrado mentalmente y con una vida equilibrada: su esposa, Sarah Beetle, sus hijos, ya fuera del hogar y haciendo su vida por algún lugar del norte, el perro en la caseta del jardín trasero, su oficio, unas cervezas en el bar los viernes noche… Tampoco es que hubiera mucho más que hacer en Jacksonville, al menos para alguien de su edad y Horatio no era de esos que, cuando llegan a cierta altura en sus vidas, se comportan como si fueran adolescentes e intentan hacer aquello que no hicieron en su día, todo lo contrario, este hombre había hecho todo lo que un americano decente podría haber hecho. Su infancia fue normal. Normal para esos años, claro, que empezó a trabajar con apenas trece años de edad, pero aún así nunca se quejó o dejó de tener tiempo para el cigarrillo a escondidas con los amigos que le robaran al viejo Polly, o para juguetear alrededor de alguna muchacha en busca del primer beso. A su tiempo pudo conducir la camioneta de la familia y en ella descubrió el cuerpo de su futura esposa y su propio cuerpo. Jugó al baloncesto, fue popular en alguna ocasión, le pegó Eddie Pollard, el joven de familia desestructurada que pegaba a todo el mundo… …vamos, que no se podía ser más normal. Y él estaba satisfecho con esa vida, que recordaba sentado en su sillón del salón por las noches, cuando se sentaba a reposar la cena y a leer un poco antes de acostarse&lt;br /&gt;Horatio quería a su esposa. Llevaban juntos casi todas sus vidas y no habían conocido otra cosa. Tampoco lo necesitaban. Con el tiempo, su relación fue decayendo, como es normal, y ya era más habitual verles separados en la casa, cada uno a sus cosas, que abrazaditos en cualquier rincón o tumbados en el sofá buscándose las cosquillas. Ella cosía y hacía tratas para el grupo de señoras de la iglesia y con eso tenía más que suficiente. Él metía mano a su coche más de lo que lo necesitaba. De cama, ya casi nada.&lt;br /&gt;El día del Señor, el domingo, se reservaba para ir al culto. Eran adventistas, bueno, más ella que él. Horatio en realidad no era nada. Creía y tenía fe, pero a su manera, lejos de reglamentos o doctrinas férreas que seguir. Decía que bastante tenía ya con su jefe como buscarse otro para los domingos que le estuviera diciendo a cada momento lo que podía y no podía hacer. Su medida era el sentido común, que era la mejor forma de gobernarse, así que, durante los sermones del pastor, su cabeza se iba a dar un paseo por ahí, a ver mundo como él decía, e imaginaba que hablaba con unos y con otros y que conocía opiniones distintas y que tomaba una tarta de arándanos mejor que la de su Sarah, que, para ser sinceros, no es que fuera una maravilla. Además, la política no le interesaba ni lo más mínimo y ya sabemos todos que desde los púlpitos se hace más política que religión. Después del sermón, de los cinco dólares en el cesto y de saludar a los vecinos en la puerta del templo, volvían a casa a comer y a relajarse un rato antes de ir a visitar a alguna amiga de su mujer. Con poco más, el domingo estaba agotado.&lt;br /&gt;Ése domingo, después de cenar y ya en su lugar preferido de la casa, Horatio se puso a imaginar como hacía en el banco de la iglesia. Buscó con la mirada a su esposa y vio que estaba entretenida con alguna cosa en la cocina lo que aprovechó para tomarse un par de sorbos de una petaca llena de bourbon que guardaba en un cajón de la mesa de escritorio que había en el salón. Saboreó el líquido como si fuera lo mejor que hubiera en este mundo y se volvió a sentar a imaginar cosas. Pensó en que llegaba a un bar en alguna carretera y pedía una botella de bourbon para él solo, pero que compartía con un parroquiano que estaba sentado en un taburete a la barra que, agradecido, le contaba una historia de cuando fue marinero en un mercante vasco en España y de los viajes que hacían Filipinas; imaginó también que la mujer más guapa de un pueblo se enamoraba de él perdidamente y que le agasajaba con postres dulcísimos hechos por ella misma, pero que finalmente tenía que rechazar para que no se pensara que él también quería relaciones con ella. Se fue animando con los relatos que se formaban en su cabeza y decidió darse otro homenaje con la petaca que, a final de cuentas, era domingo y ya aguantó lo indecible a la cotorra de Mrs. Steele despotricando de lo cortas que eran las faldas de las hijas  Paul Hickory. Bebió. Bebió más y se terminó el envase. “Demasiado pequeña la compré” pensó y tomó de nuevo asiento. Quiso montar una nueva imagen en su cabeza pero ya no pudo. Una necesidad le apremiaba y le impedía seguir su rutina dominical nocturna. Se levantó, se alivió, tiró de la cadena y se dijo a sí mismo “ya que me he levantado y he venido hasta aquí, por qué no salir y pasear un rato…” Y así lo hizo. Sin decir nada, agarró su chaqueta del perchero y salió al porche. Miró a un lado, miró al otro y empezó a andar, despacio, sin rumbo, con las manos en los bolsillos y mirando al horizonte. Las calles estaban desiertas y Horatio siguió andando sin que eso le importara. Jacksonville es grande, pero tampoco tanto y en poco tiempo estuvo en el límite de la cuidad. Lejos de estar cansado, continuó con su marcha. Para el amanecer, el hombre entraba en Greenevers.&lt;br /&gt;Sarah se despertó sola en la cama. No se alarmó ni nada por el estilo. Pensó que estaba mayor y que habría ido a correrse una juerguecilla de casi jubilado con algún amigo del trabajo, pero que, tarde o temprano, volvería demacrado y muerto de hambre, así que se hizo un café y se puso manos a la obra con sus costuras.&lt;br /&gt;La presencia de un extraño se hizo notar rápidamente en Greenevers. Un tipo maduro que andaba sin parar por las calles saludando, muy amablemente eso sí, a todo aquel que veía no era algo que sucediera muy a menudo allí. Pero bueno, era un americano y siendo así, tampoco es que hubiera mucho que temer. Horatio tuvo hambre. Mala cosa cuando uno ha salido con los bolsillos vacios. Se encomendó a la hospitalidad sureña y entró en una tienda a pedir algo para desayunar:&lt;br /&gt;            _ Buenos días, señor! Mire, yo soy de Jacksonville y paseando he llegado hasta aquí. Cuando salí, no pensé que tardaría mucho, así que no llevo ni un solo centavo encima… Sería usted tan amable de regalarme una galletas o algún donut, por favor?&lt;br /&gt;             _ Y qué hace un tipo de ciudad en un pueblo como este?&lt;br /&gt;            _ Ya le he dicho, pasear.&lt;br /&gt;            _ No, a mi no me engaña… usted es un federal, se le ve a la legua, un tipo sofisticado que vienen aquí a reírse de gentes humildes… qué busca?? Yo ya pagué por ese tema del banco… Venga, fuera de aquí, sin dinero no es bienvenido!&lt;br /&gt;Horatio salió del establecimiento contrariado. Bien es cierto que él hubiera dado de desayunar a aquel tipo y a todos cuantos fueran a su casa a pedírselo amablemente, pero también es igual de cierto que no todo el mundo es igual y que hay quien ve morir a alguien en la acera o a un lado del camino y no mueve ni una pestaña. Vagando de nuevo por las calles en busca de otro lugar donde poder pedir alimento, sintió las miradas penetrantes de los habitantes. Estaban todos allí, a ambos lados de la calle, cuchicheando de él, señalándole, “mira, ahí va el federal…” decían. Aunque el hambre era grande, la prudencia ganó la partida, que cuando uno es mirado de esa forma en Carolina del Norte, es mejor quitarse de en medio lo antes posible, no sea que uno encuentre lo que no busca, esto es, plomo. Con su paso tranquilo pero firme, el hombre salió del pueblo por la punta contraria por la que llegó. Anduvo y anduvo, sin mirar atrás, sin pensar en su estómago y sin hacer ni caso a la camioneta que le seguía de cerca con dos muchachos armados en lo alto. Horatio sabía perfectamente que sólo querían cerciorarse de que se alejaba del pueblo y que no se quedaba por ahí escondido para volver con la oscuridad a “hacerles daño”. En cuanto puso un pie en Magnolia, la camioneta dio media vuelta y se largó.&lt;br /&gt;Magnolia parecía otra cosa. Fue fría y distante cuando llegó, pero tampoco era algo que debiera tomarse como real, porque Greenevers fue cálida y pasó lo que pasó. Suele suceder que las gentes frías al comienzo resultan de lo más entrañables después y viceversa, que personas sonrientes y amigables, que parece que te lo van a dar todo, se convierten en estatuas de sal si uno les pide ayuda. Antes de llegar a mitad de la calle principal, un coche patrulla se le acercó. Su conductor, el sheriff, único policía de la zona, le informó de que era gentes de bien y que no querían tener ningún altercado, a lo que Horatio contestó que tan solo andaba y que si era tan amables de ofrecerle algo para acabar con el vacio estomacal que le venía importunando desde Greenevers. No teniendo dinero como no tenía y siendo un forastero, el agente le informó de que iba a tener bastante difícil el tener lo que buscaba, pero que, quizá, si la señora Pathwick estaba despierta, sería la única persona que le ayudaría.&lt;br /&gt;Había luz en la ventana. La casa era grande. La puerta estaba abierta pero, por cortesía, llamó al timbre. Abrió la puerta una mujer madura, muy guapa, vestida con una bata negra que mantenía cruzada alrededor de su cuerpo con sus brazos. El hombre expuso sus qüitas y ella atendió a razones. En la cocina, varios platos hicieron las delicias del estómago. Comió como si no hubiera comido en días mientras la mujer le miraba. Se la veía inteligente, más bien experta, y así resultó porque una vez hubo terminado de cenar, dos copas de bourbon se llenaron hasta la boca. Con la lengua caliente, como es normal, comenzaron a charlar. Horatio contó su parte, que era de Jacksonville, que empezó a andar sin rumbo, que estaba casado y que quería a su mujer, que tenía dos hijos y que su perro le estaría echando de menos. Ella escuchó atentamente y tomó su turno cuando le correspondió, contando lo que el hombre le pidió que le contara, cosas acerca del pueblo y de sus gentes, curiosidades. La señora Pathwick habló y habló. Parecía que tuviera ganas de hacerlo, como si llevara años sin hablar con nadie o como si no tuviera a nadie de confianza con el que hablar de ciertas cosas. Y es que, entre whiskey y whiskey, la mujer soltó por la boca cientos de secretos de muchos, por no decir todos, machos de Magnolia. Es normal que supiera tanto. Las meretrices es lo que tienen. Habló del sheriff, el gordo sheriff, tan cristiano como putero, un depravado que se excitaba recibiendo azotes en su amplio culo; también habló de su esposa, una señora intachable que se había cepillado a medio pueblo; o Bob McCormick, que había decidido hace años que viviría como si el sur hubiera ganado la guerra, así que tenía dos esclavos negros encerrados en el sótano de su casa, dos negros, por cierto, que la mujer del sheriff había probado…; habló del reverendo de la iglesia luterana de Magnolia, que lloraba cada vez que terminaba de acostarse con ella, no porque pensara que había pecado o porque Dios fuera a castigarle, sino porque pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a meterla en caliente ya que su esposa tenía algo en la cabeza que la hacía comportarse como una niña pequeña y claro, sexo con una niña no era lo más recomendable, unido esto a que andaba de fondos un poco corto porque su salario salía de los cestos y por más que pedía para el Señor no había manera de aumentarlos; nombró a un tal Kevin Patterson, un buen hombre padre de tres hijas tan guapas como malas y esposo de una mujer enamorada del dinero. Harto de ellas, se refugiaba en los brazos de la señora Pathwick simplemente para poder contarle a alguien sus penas. No se acostaban porque el tal Kevin era impotente, impotencia causada por el estrés, le dijeron en Richmond. Y así pasó la noche, lingotazo tras lingotazo, personaje tras personaje. A su debido momento (ella era muy profesional) cogió la mano del hombre y le sugirió regalarle algo más, pero Horatio rehusó tal ofrecimiento porque, aunque hubiera querido, no habría podido por la borrachera que llevaba encima. Apoyó su cabeza en la mesa y durmió allí su trancazo. A la mañana siguiente, pudo desayunar en condiciones y por un momento pensó en aceptar lo que rechazó horas antes, pero se quitó la idea de la cabeza para no disgustar a su benefactora, porque era muy probable que se le hubiera insinuado estando ella igualmente afectada por el bourbon y que, ya de mañana, recién duchada y despierta, le exigiera pagar su tarifa habitual. Igualmente, ella le sonrió pícaramente cuando le despidió en el umbral de la puerta.&lt;br /&gt;En el camino nuevamente, feliz por la noche pasada, una noche en la que hubo eso mismo que soñaba cada domingo durante el sermón, Horatio se sintió como aquellos jóvenes aventureros que recorrían el país en sus motos americanas, libres, salvajes, con sus melenas al viento. Él no tenía melena ni moto, pero caminaba contento y con fuerzas renovadas hacia ninguna parte en especial. Se mantuvo andando todo el día, sin para excepto para tomar aire o sentarse un par de minutos en alguna piedra. Atardeciendo, llegó a Salemburg e intentó buscar otra señora Pathwick que le cobijara y que llenara su buche. El cuerpo humano gasta más “gasolina” que un Mustang del sesenta y seis y hacia el medio día el hombre ya se quedó sin lo que le dio la mujer para el camino. Era normal que ya tuviera hambre de nuevo, pero allí no había señoras putas que le hicieran caso y tampoco personas caritativas, o al menos él no las vio. Haberlas, las habría, digo yo. Bebió agua en una fuente y siguió andando hasta cruzar, y dejar atrás, Salemburg. Su orientación era buena y la noche clara, lo que le ayudó a seguir su ruta. Qué se podía hacer mejor que seguir? Dormir, dirán algunos con mucho sentido común y es lo mismo que hubiera dicho nuestro amigo Horatio estando en las circunstancias que nos encontramos nosotros, es decir, leyendo este cuento, pero como Horatio no estaba en nuestros lugares, sino que estaba en el suyo, en medio de la noche a las afueras de Salemburg, y ya que había hecho la locura de ponerse a andar sin ton ni son, para qué se iba a echar a dormir al raso? No estando cansado, mejor moverse que tumbarse a escucharse sus propias tripas quejarse. Sin embargo, más le hubiera valido hacer caso a los que dijeron “dormir”, porque en el trayecto se cayó tres veces al suelo. Sí, sí, he dicho que la noche era clara, pero no deja de ser noche, y las noches claras son más oscuras que el más oscuro de los días y hay piedras que tirarían a la mejor montura del oeste americano. Tantas veces cayó, tantas veces se levantó. Unas cuantas palmadas para sacudirse el polvo y a andar, andar, andar… Todavía de noche (noche clara) vio a lo lejos luces de ciudad. Fayetteville. “Mejor rodearla” pensó. Si era difícil encontrar almas que le ayudaran en los pueblos pequeños, que están más acostumbrados a conocerse y a ayudarse, cuánto más sería en una ciudad grande, donde nadie conoce a nadie. Entrar allí era perder el tiempo. Se encontraría lo mismo que en su ciudad, en Jacksonville, indiferencia y, a lo peor, algún ladronzuelo dispuesto a quedarse con sus botas a falta de unos dólares. Despuntando el sol, rodeó Fayetteville y se encontró con tres caminos a elegir. Tomó el primero. Le gustaba hacer todo en orden. Con camino por delante y Fayetteville detrás, lo mejor que podía hacer era andar, así que anduvo.Mucha hambre, sed también, y camino, camino por delante… Silvercity, Pinebluff, más camino… Suerte que encontró otra fuente en la que refrescarse, pero de comer, ni hablar. En ese momento era más comprensible la actitud de las gentes hacia Horatio. Su aspecto era desastroso, sucio, pálido, flaco, porque había adelgazado bastante en tres días sin llevarse nada a la boca, sin un centavo… de haber sido negro, estaría en prisión seguro, o muerto. O para atrás o hacia delante, no tenía más opción, pero de una manera o de otra, tenía que andar sí o sí. Total, eso lo llevaba haciendo desde hace ya unos cuantos días… Pues anduvo más, un poco más, un paso más, luego otro más… Aberdeen!!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4578410950505959608?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4578410950505959608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4578410950505959608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4578410950505959608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/un-paseo-por-el-sur-parte-i.html' title='Un paseo por el sur (parte I)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4156302869709078797</id><published>2010-03-08T11:53:00.001-08:00</published><updated>2010-03-08T12:16:17.803-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El sorteo'/><title type='text'>El sorteo (parte II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El reloj seguía andando y el tiempo pasando. Corrió tanto, que el pueblo se encontró, casi sin reparar en ello, en precampaña electoral. Sí, ese año había elecciones. El pueblo se alegraba mucho con las elecciones y sus vecinos veían en ellas una fiesta más que un derecho o una responsabilidad: se bebía y bailaba en los mítines, se daban conciertos gratis de grupos que apoyaban a uno o a otro, en función de quién pagara, había degustaciones de productos de la tierra (hamburguesa con queso, hamburguesa sin queso, hamburguesa con beicon, hamburguesa vegetal, hamburguesa de pollo, hamburguesa de pavo, hamburguesa…). La víspera del día en que comenzaba oficialmente la campaña venía a ser como la noche de Navidad para los niños. Todos los vecinos se acostaban pensando en los carteles electorales que se encontrarían al día siguiente pegados por las calles, carteles con rostros amables, sonrientes y retocados al Photoshop y eslóganes populistas y pegadizos, tales como “Vosotros primero”, o “Más para ti”, o “El futuro garantizado” (el futuro de quién?), que hacían las delicias de los que nada más leen y escuchan aquello que quieren leer y escuchar.&lt;br /&gt;Con el sol, los vecinos despertaron impacientes por salir a la calle y ver la decoración electoral, pero se quedaron como el niño que busca sus regalos de Santa Klaus y no encuentra nada, que se queda paralizado de la decepción, más que nada por no tener a nadie a quien reclamar, y es que es sabido que Santa no tiene oficinas de atención al cliente. Las calles estaban vacías. Bueno, no estaban vacías en el sentido estricto de la palabra, estaba todo en su sitio, pero no había carteles, ni banderitas colgando de lado a lado de la calle, ni los tres colores por todos lados, ni las barras y estrellas… Sumidos en la más profunda indignación, decidieron ser pacientes y dar un voto de confianza a sus políticos, no fuera a ser que quisieran hacer la pega de carteles un día después para darles una sorpresa. Nada más lejos de la realidad. Al día siguiente no hubo ni carteles ni nada, y al otro tampoco, y el día siguiente tampoco… Parecía como si no estuvieran en elecciones, como si fuera una jornada normal cualquiera en la que no tendrían fiesta ni hamburguesas ni bebida ni nada. Dios santo, sin hamburguesas!!! El pueblo empezó a perder el control, estaban intranquilos, desconcertados, dolidos, nadie sabía qué sucedía. Pero tampoco nadie se le ocurría ir a preguntar a los responsables, que siempre es más fácil esperar a ver qué pasa que tomar la iniciativa.&lt;br /&gt;En este caos, dos vecinos dieron un paso al frente, Peter Boyle y Peter Sean Mills, maestro de la escuela y doctor en medicina, respectivamente. Convocaron al pueblo a una asamblea extraordinaria en el gimnasio del colegio. “Vecinos!”, dijo el primer Peter, “creemos que es evidente lo que sucede…”. “Y qué sucede??” gritó una voz desde el fondo del gimnasio y el segundo Peter intervino, “Pues sucede que, en este año de Charles Owen, nadie se presenta a las elecciones…”. “Y por qué?”, gritó la misma voz desde el fondo, “Porque los políticos no pueden cumplir la norma impuesta!” La asamblea saltó de asombro, hablaban los unos con los otros, gritaban, insultaban, babeaban… Unos tardaron más que otros, pero, al final, todos entendieron qué se les había dicho y qué suponía. La voz del fondo exclamó “a por ellos!!!” y fue el silbato de salida de la carrera popular hacia las sedes de los dos partidos.&lt;br /&gt;Republicanos y demócratas, demócratas y republicanos, mismos perros con distintos collares. Sendos carteles lucían en las puertas de las sedes. En los dos se leía lo mismo, “No estamos capacitados para gobernar, que gobiernen los otros”.&lt;br /&gt;El pueblo sin políticos. Lo que para mucha gente es un sueño, allí fue una catástrofe. No había autoridad a la que rendir cuentas o de la que tener miedo y la gente comenzó a gobernarse a sí misma, lo que puede ser bueno si uno piensa con la cabeza, pero que es terrorífico cuando se piensa con los genitales y, mucho peor, cuando se piensa con el estómago. A nadie se le ocurrió que, tal vez, podría gobernar otra persona que no fuera un político profesional de un partido, por ejemplo, el juez, o el médico, personas cultas y estudiadas, que conocían las leyes del estado y del país, y si se le ocurrió a alguien, ése no dijo ni media. Se gritó contra los políticos por no querer gobernar en el año Charles Owen, pero la verdad es que nadie quería hacerlo, ni aún teniendo la oportunidad al alcance de la mano. Así que el caos imperó en esas calles durante bastante tiempo. Era la jungla. El fuerte pisaba al débil, el menos escrupuloso, desplumaba al asustadizo, robos, violencia, y, cómo no, disparos, muchos disparos, al aire, a las piernas, a las tripas, a la cabeza…&lt;br /&gt;Y sucedió lo que sucede casi siempre con la masa se deshumaniza, que hay que buscar un culpable de todo ese esperpento. Con los políticos huidos y sus militantes desaparecidos, lo más fácil, lo que menos esfuerzo intelectual requería era Charly. La voz del fondo del gimnasio, pero esta vez desde el fondo de una tienda de ropa a la que habían roto el cristal del escaparate, gritó “Colguemos a ese comunista!” Es sorprendente lo que se puede conseguir en este país con la palabra “comunista”. Dices “comunista” y todo un ejército te respalda, aunque seas el mismísimo Satanás. La voz dijo “comunista” y los habitantes encendieron sus antorchas con el fusil colgado al hombro. Comenzó la caza, comenzó y terminó pronto. Sólo tuvieron que ir al pueblo de al lado, apuntar a la cabeza de la hija del jefe de Charly y obtener la información de dónde encontrarle. No se le puede reprochar nada al jefe. El comunista fue llevado al pueblo.&lt;br /&gt;Uno no sabe cómo o por dónde, pero un día baja al sótano de su casa y encuentra tres o cuatro ratas merodeando por ahí. Esto es lo que ocurrió con los políticos, que aparecieron en el pueblo de repente, como las ratas. Uno de ellos, el jefe de los republicanos, tomó la palabra:&lt;br /&gt;_ Contribuyentes!! Creo que ha quedado claro que nos necesitaís! Sí, es cierto, nos quedamos con algo de las arcas del ayuntamiento, pero qué es un puñado de dólares en comparación del caos en el que os hundís? He hablado con mi colega del partido demócrata y hemos convenido que seamos nosotros, los republicanos, los que gobernemos esta legislatura, sin necesidad de hacer elecciones. Yo creo que es preferible que os gobernemos, aunque nos quedemos con algunos billetes, a que os gobierne el deseo de un bobo comunista!!&lt;br /&gt;La gente enloqueció de placer. Los mismos que jalearon y ovacionaron a Charly, ahora gritaban y cantaban y bendecían al republicano.&lt;br /&gt;_ Escuchadme!_ continuó_ Tenemos que limpiar nuestra comunidad de indeseables como éste que ensucian las tradiciones que nuestros ancestros nos legaron! Propongo que sea él el que pruebe la guillotina…&lt;br /&gt;Con la masa entregada, la cuchilla pasó a través del cuello y las muñecas de Charly.&lt;br /&gt;El recién autoproclamado alcalde, pletórico, borracho de entusiasmo y de poder, guiño un ojo a su adversario político, que más que adversario era un compañero, un amigo, y éste, asintiendo con su cabeza, dio la aprobación de algo que ya traían hablado del agujero de donde salieron.&lt;br /&gt;_ Dadme un momento, hermanos!! Para que veaís que somos buenos con vosotros, romperemos la tradición tan solo por esta vez y celebraremos sorteo anticipado mañana, en esta misma plaza…!!!&lt;br /&gt;Llantos de alegría, abrazos, enhorabuenas por doquier, cánticos, trocitos de papel al aire, toque de trompetas, las abuelas bailaban, los abuelos agarraban por la cintura a las muchachas, los amantes se besaban, los que no eran amantes también se besaban, los niños correteaban sonriendo entre los mayores, los perros movían sus rabos, alguno de ellos lamía una de las manos del recién ejecutado….&lt;br /&gt;_ Y aún hay más… permitiremos, a partir de este sorteo, que los deseos de los premiados sean de cualquier naturaleza, sexuales incluidos, y protegeremos al premiado hasta el final de su año!!!&lt;br /&gt;La euforia y la locura poseyeron a las personas, especialmente a los hombres, que ya empezaron a mirar a las mujeres de su alrededor y a pensar en quién se llevarían a la cama, si a una o a todas…&lt;br /&gt;Aquella noche previa al sorteo adelantado, yo creo que no hubo individuo en ese lugar que pegara el ojo. Lo peor de todo es que el insomnio no lo producía el arrepentimiento por haber matado a un hombre, a un vecino suyo, ni por haber estado robando y humillando a sus otros vecinos los últimos meses, ni por permitir que sus políticos les robaran en sus barbas, no, el insomnio lo producía el anhelo de ser afortunado para tener a sus pies a todos sus paisanos. Alguno que otro, pensando en las mujeres de sus amigos y de los que no eran sus amigos, consiguió que la sangre de su cuerpo su agolpara, toda ella, en sus partes bajas, cosa que alegró a más de una esposa aburrida.&lt;br /&gt;_ Vecinos, hermanos!! Que hoy dé comienzo un nuevo periodo para nuestra comunidad, libre de tergiversadores, de pensadores, donde la grandeza de nuestra patria brille e ilumine nuestros caminos!! Que comience el sorteo!!_ dijo el alcalde desde el balcón del ayuntamiento, escoltado, como de costumbre, por su segundo, el notario, el adversario político democráta y el pastor metodista, que rezó dando gracias al altísimo por haber desenmascarado al maligno en forma de comunista que deprimía aquella comunidad. Por cierto, que este mismo pastor, el Reverendo Supp, el mismo que se oponía al lupanar y que odiaba a los gays, el mismo del gancho de buenas noches y del tomatazo, pidió, exigió, al nuevo alcalde tener parte en aquel puñado de dólares que desaparecía o, desde el púlpito, les echaría a los feligreses encima. Tiempo después, con el dinero extra, creo que montó un casino pequeño en Loussiana, con sus putas y todo.&lt;br /&gt;El bombo giró, una vez, dos, tres veces, cayó la bolita y rodó hasta la copa historiada enfrente del alcalde. La cogió, la giró, vio el número y, sin advertir nada anormal, gritó al micrófono “trescientos cincuenta y dos”. Recién terminó de pronunciar la última palabra, se encendió su memoria y palideció. Miró a su segundo de muy mala manera y le preguntó que qué coño era eso. En una comunidad tan supersticiosa como era ésa, un incidente como aquel dejaba su huella. El miedo a lo desconocido, a los muertos, se extendió sobre ellos como las nubes negras que anuncian tormentas y nadie se le ocurría abrir su boca o dejar de mirar al bombo.&lt;br /&gt;“Dame otra bola joder!!” le dijo el republicano a su lacayo. Sin girar el bombo, accionó el mecanismo que dejaba caer las bolas. Fue recogida de la copa, vista y lanzada con furia a los asistentes. “A mí no me jodaís!! Dame otra bola…” gritaba desencajado… “trescientos cincuenta y dos”. Otra bola, “trescientos cincuenta y dos”. Y otra bola más, “trescientos cincuenta y dos”&lt;br /&gt;_ Esto es cosa del cabrón ese demócrata, amigo de los negros!!!&lt;br /&gt;_ Ni hablar!! _ respondió el aludido_ es cosa tuya ladrón, que tú mataste al bobo…!!&lt;br /&gt;Observando el cruce de acusaciones delante del micrófono, la gente abajo reunida comenzó a tomar partido por uno o por el otro. Primero se gritaban, luego se golpeaban y acabaron disparándose, final éste muy lógico teniendo en cuenta la gran patria en la que se desarrollan los acontecimientos, donde si uno no dispara a su adversario parece como si fuera canadiense, o peor aún, europeo…Se formaron tres bandos: los demócratas, que presumen de progresistas pero que a la hora de desenfundar no se quedan atrás; los republicanos, grandes pistoleros, de los que disparan sin haber siquiera jarana; y los indecisos, o lo que es lo mismo, los que disparaban a todo el mundo, fueran demócratas, republicanos o incluso indecisos como ellos. Disparos, gritos, sangre, más disparos, silbidos de balas locas, agujeros en las paredes, más sangre… Viejos, mujeres, niños… todos escupían plomo, todos morían a manos de sus iguales. No duró mucho la batalla. En apenas media hora, el silencio se adueñó del pueblo. La plaza quedó inundada de sangre y cientos de cuerpos inertes flotaban a la deriva, alguno de ellos aún empuñando su arma. Un golpe de viento golpeó por la calle Washington moviendo el famoso bombo tradicional, tan querido, tan rezado, tan desgraciado… Cayó una bolita. “Trescientos cincuenta y dos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4156302869709078797?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4156302869709078797/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/el-sorteo-parte_08.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4156302869709078797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4156302869709078797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/el-sorteo-parte_08.html' title='El sorteo (parte II)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-8539967091196213091</id><published>2010-03-01T10:22:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T10:26:28.015-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El sorteo'/><title type='text'>El sorteo (parte I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Un pueblo muy peculiar. Sus gentes y los hábitos de éstos lo convertían en una comunidad especial, única… Perdidos en algún lugar de Texas (o quizá era en Oklahoma…?), la vida giraba en torno a una tradición, más que una tradición, una religión, ya que era lo más sagrado que había allí, muy por encima de la iglesia, muy por encima del presidente de los Estados Unidos, muy por encima de la alcaldía y sus componentes, muy por encima del equipo de futbol y, por supuesto, muy por encima del rodeo anual. Era una tradición sencilla que ninguno de sus habitantes obviaba y de ahí que se hubiera trasmitido, de padres a hijos, hasta nuestros tiempos desde que el primer irlandés borracho pusiera su pie en estas tierras de libertad. Cada año, con el pueblo reunido en la plaza del ayuntamiento, el alcalde sacaba una bolita numerada de un bombo gigante al que, previamente, habían hecho girar tres veces. El número de la bolita correspondía con un vecino en los listados del padrón y ese vecino tenía la obligación y el privilegio de dictar una norma que, durante todo un año, justo hasta el siguiente sorteo, toda la comunidad debería acatar como si del evangelio se tratase. Según dicen, esta práctica comenzó con los pioneros, cuando no había leyes ni normas ni nada, para que los nuevos habitantes se autogobernaran hasta el momento de tener un gobierno normalizado desde la capital, pero no consiguieron mucho, ya que la historia nos deja una larga lista de años realmente absurdos, fuera de toda lógica humana decente. En un lugar prominente de esa lista, estaba el año Richard O´Connell (los años tomaban el nombre del vecino afortunado) en el que hubo que sembrar la plaza del ayuntamiento para que él llevara allí a sus reses a pastar, ya que le gustaba jugar una manos de póker mientras las cuidaba; o el año Sarah Jane Wattson, en el que los hombres estuvieron los trescientos sesenta y cinco días del año bajando al rio a lavar la ropa y luego subiendo a la colina a tenderla; o el segundo año Richard O´Conell, (un tipo con suerte) que mandó trasladar la taberna a su campo para que su propósito, que era el mismo de su primer año, se cumpliera de nuevo.&lt;br /&gt;Con el avance del tiempo, la pérdida del miedo y de la inocencia y las tecnologías nuevas, fueron llegando años más impertinentes e incluso desagradables, aunque igualmente egoístas, porque, a final de cuentas, cada premiado no miraba por el bien común, como se pretendía en un principio, sino que daba rienda suelta a sus deseos y sus sueños más oscuros. Ya se sabe, el modernismo nos hace cada vez más egoístas, lo que, lejos de ser un avance, es un retroceso. En esta época, hubo años para el olvido, pero que nadie podrá olvidar nunca, como el año Frank “Ugly” McCormick, que pidió, y se le concedió (las tradiciones, a veces, por no decir todas las veces, están por encima del sentido común y de la educación), acostarse con la esposa de James Peakmichael cuando él quisiera y donde él quisiera, lo que hizo que aquel año terminara con el funeral de “Ugly”. Por suerte, el resto de la comunidad aprendió la lección y no hubo nada parecido después de aquello, pero, aún así, siguieron llegando normas que sólo podían salir de mentes retorcidas y enfermas. Ahí está el año Lily Rodgers sin ir más lejos, en el que todas las mujeres del pueblo, excepto ella, por supuesto, no podían lavarse nada más que una vez al mes porque pensaba que su marido, Mr. Rodgers, se acostaba con todas ellas. Esto condujo a los machos del lugar a un estado de irascibilidad insostenible, ya que sólo tenían “cama” una vez al mes, y los hombres, ya se sabe, o fornican, o se pelean…&lt;br /&gt;Hablando de esto, me viene a la cabeza el año Paul Jones, en el que todo el pueblo debía animar a los Dodgers de Nueva York y vestir sus colores al menos una vez al día. De nuevo hubo puñetazos por doquier. Está comprobado, tocando las mujeres y el futbol, los hombres pierden los papeles. Con el trabajo esto no sucede, porque hubo un año en el que no se escuchó ni un solo disparo (cosa rara en este país) ni una sola pelea. Fue el año Peter Moore. Éste pidió trabajar junto con su familia, sus tierras y el veinticinco por ciento de la de los demás. Por supuesto, los beneficios de ese porcentaje irían para su cuenta. Nadie dijo nada.&lt;br /&gt;Pasaron los años, con decenas, cientos, de deseos revelados: un año en el que el pastor de la iglesia metodista tuvo que vestir como los patriarcas de la biblia; otro el que el tabernero debía invitar a un trago cada hora; el año en el que hubo rodeos todos los viernes, con su baile correspondiente; otro año en el que todos debían asistir dos veces al día a la iglesia y participar en sus actividades (éste fue el año del pastor); el año de la natalidad, donde cada familia tenía la obligación de engendrar un hijo (el alcalde); el año de bajar a lavarse al rio desnudos, todos, sin excepción…; y así podría estar páginas y páginas y no terminaría nunca.&lt;br /&gt;En el orgasmo de tradición que se vivía en ese pueblo, no faltaba la intervención de la política, y es que los que se dedicaban a ella, y para no perder la práctica, se llenaban los bolsillos en las mismas narices de los contribuyentes. No hay nada como tener al rebaño atontado con tradiciones estúpidas para poder hacer lo que se quiera sin que nadie rechiste lo más mínimo: que no había alumbrado público en tal calle, sin problemas, la gente loca con las nuevas bailarinas de la taberna impuestas por Jack Pools; que no había limpieza en las calles, igual, nada de nada y la gente en los desfiles diarios del Cuatro de Julio con su banderita en la mano; que no hay… Todo estaba atado y bien atado, sin fisuras y muy fácil de controlar en una población pequeña como aquella. Lo peor que le podía pasar al gobernante de turno es que le tocara la bolita a alguno de sus adversarios políticos y no porque fuera a desvelar el desfalco, que no, sino porque le obligaría a dejar el ayuntamiento durante un año para ponerse él y seguir robando. Hubo un año en el que coincidían elecciones y sorteo de la bolita. Los políticos pensaron que lo coherente era posponer las elecciones o incluso no hacerlas porque, a final de cuentas, lo importante para el pueblo eran las tradiciones de sus abuelos. No hubo elecciones, simplemente, en un pleno, se jugaron la alcaldía al póker.&lt;br /&gt;El día previo al sorteo el pueblo era una fiesta tan grande, casi, como la del mismo día del sorteo. Había música y baile y toda la comunidad se reunía para disfrutar, soñar y charlar sobre lo que cada haría si le tocara. Había también algún desconfiado que pedía coger las bolas una a una para comprobar que el peso era el mismo, y se lo dejaban hacer, total, qué ganaban los políticos amañando ese sorteo, el negocio dependía de su buen funcionamiento…&lt;br /&gt;Cuando llegaba el día “D”, las familias, juntas y vestidas de “culto”, se dirigían, pronto en la mañana, hacia la plaza, pensando que las probabilidades de triunfo dependían directamente de la distancia que se estuviera del bombo, y se agolpaban en las cuatro calles que confluían allí. Y como la tradición nunca está sola, esos habitantes sufrían de “supersticionitis” y dejaban ver un sinfín de amuletos colgados a sus cuellos o de sus muñecas. Se charlaba, se ligaba, se bebía en las horas previas al sorteo, llegaban los nervios, la impaciencia y los primeros gritos del público asistente que llevaban un año esperando el acontecimiento.&lt;br /&gt;Aquella mañana fue como las últimas cien. El portón del balcón del ayuntamiento se abrió y salieron los cargos electos y la autoridad religiosa generando una gran ovación entre el respetable. Para que todo saliera bien, el pastor metodista alzó sus manos y pronunció una oración pidiendo a dios que les ayudara y que le diera sabiduría al afortunado para que pusiera en primer plano el bien de la comunidad y no el propio. Se conoce que, o bien oraba mal o bien dios no le hacía mucho caso, porque nunca, nunca, ni él mismo, hicieron eso de favorecer a los demás.&lt;br /&gt;Concluida la oración, un notario daba fe del buen estado del bombo y del estado correcto de las bolitas. Comprobaba el número de habitantes en el padrón y daba el visto bueno para que el sorteo comenzara. Tres vueltas exactas y se dejaba caer la bola. El silencio era sepulcral mientras la bola corría por un canalón hasta una copa muy historiada enfrente del alcalde.Cogió la bola, la miró, miró a su segundo, miró de nuevo la bola… “Trescientos cincuenta y dos! “ gritó al micrófono. El segundo se apresuró a buscar el número en el padrón. Cuando lo encontró, se lo enseñó al alcalde y luego al notario. El munícipe volvió al micrófono y dijo “trescientos cincuenta y dos, Charles Xavier Owen”.&lt;br /&gt;Charles Xavier Owen, Charly, era un muchacho del pueblo. Como a su padre antes que a él, y a su abuelo antes que a su padre, a Charly le llamaban “el Bobo”, más por convenio social que por ser una realidad, ya se sabe que en los pueblos y en las comunidades pequeñas se tiende a otorgar ciertos “personajes” a algunos vecinos por pensar que resultan imprescindibles para una vida plena, y estaban el loco, el pandillero con malas pulgas y el bobo, entre otros, personajes éstos que eran hereditarios, que no era plan tampoco de ponerse a elegir cada cierto tiempo a uno nuevo. Aparte de considerarle tonto, Charly era un tipo que no caía bien a la gente. No era antipático o maleducado o desagradable, simplemente no hacía lo que el resto de los habitantes solían hacer. No frecuentaba la taberna, no jugaba a cartas, no acudía a los bailes ni a los rodeos y, lo peor de todo, no vestía sombrero vaquero y le gustaba leer. Las mujeres de cierta edad decían que nada bueno puede esconder un muchacho que prefiere un libro a una buena monta de vaca salvaje. Pero a Charly no le afectaba nada de esas habladurías. Él vivía en su mundo, un mundo que se había creado para él solo y que sólo existía en su cabeza, pero que le permitía mantenerse a salvo de las insidias de los que le rodeaban.&lt;br /&gt;Ese día, tuvieron que mandar una comitiva a buscarle porque no había ido a la plaza a ver el sorteo “en directo” y era necesario que aceptara, ante notario, el encargo de dictar la norma que regiría todo el siguiente año. Estaba en el rio, debajo de un árbol, leyendo, como si fuera el único ser del planeta. “Tú, imbécil, que “ta tocao…!” dijo uno de los emisarios. El muchacho le miró despreocupado y, sin mostrar el más mínimo gesto de entusiasmo, se levantó y fue a la ceremonia. Llegó a la plaza y la gente le abrió paso hasta la escalera que conducía al balcón entre gritos, insultos y risas envenenadas. Subió, estrechó la mano del alcalde, la mano del segundo, la mano del pastor y la mano del notario. Firmó el acta y tomó el micrófono:&lt;br /&gt;_ Vecinos! Lo primero que he decir es que no me importa que os riaís de mí, porque no hace daño quien quiere sino quien puede y vosotros no podeís…&lt;br /&gt;Una avalancha de abucheos arrasó el balcón e incluso algún tomate voló hasta allí en busca del rostro del afortunado, pero era un tomate despistado que no llegó a su destino original sino que alcanzó el objetivo menos indicado, el pecho del pastor, que lanzó las maldiciones de su dios, ése que él administraba con eficacia, hacia la masa enfurecida. “Un poco de silencio!! Tranquilidad!! Continúe usted Charles…” dijo el notario evitando que el altercado fuera a mayores.&lt;br /&gt;_ Gracias!! Bueno, y ahora, os diré mi deseo, que durante mi año será ley: deseo que se instale una guillotina en el centro de esta misma plaza y que se auditen las cuentas del ayuntamiento un día antes del fin de mi año. Si en esa auditoría, externa claro está, se demuestra que se ha “enajenado” un solo centavo o que aún queda dinero en la caja que no se ha gastado a favor del pueblo, el alcalde y su equipo de gobierno deberán probar el filo de la cuchilla.&lt;br /&gt;El silencio fue rotundo y largo. Tan sólo se escuchó el viento soplar y se vieron pasar dos raíces redondas de esas de las películas del oeste. Un millón de miradas se cruzaron entre los asistentes, miradas de miedo, de incredulidad, de estupor, de esperanza… Y la plaza estalló con aplausos y vítores a Charly. Coreaban su nombre y cantaban y seguían aplaudiendo y volvían a corear el nombre de su vecino. Era la primera vez en toda la historia de esa tradición, que la norma tenía una acogida tan calurosa y tan unánime, como era la primera vez en que se deseaba algo que beneficiaría a la comunidad. Charly pasó de “Bobo” a “Prohombre” en un instante, de villano a héroe en menos de lo que se tarda en chasquear los dedos, que es lo que suele ocurrir cuando tales “cargos” los otorga la masa ignorante, voluble e interesada.&lt;br /&gt;El ambiente en el balcón era la otra cara de la moneda. El alcalde intentó agredir al trescientos cincuenta y dos del padrón, cosa que evitó el pastor poniéndose entre éste y el agresor, recibiendo la agresión en forma de “gancho de buenas noches”… bye, bye pastor!! El segundo de a bordo parecía una estatua de granito, tiesa y helada, en estado de “shock”, de “supershock”, de “megashock”. El parecido era tal que hasta un pájaro se posó en su hombre y defecó. Repuesto del sobresalto de haber noqueado al director espiritual de la comunidad, el alcalde, presa de los nervios, acertó a agarrar a Charly por la pechera. “Qué has hecho, insensato?? Qué coño has hecho??” le dijo enseñándole los dientes y babeando por la comisura de sus labios. Una voz serena y firme salió de la boca del afortunado y se metió, como un cuchillo, en los oídos del munícipe y, martilleando su cerebro, retumbó como el eco en las montañas: “He dictado la ley… la ley… la ley… ley”. El político se agarró el corazón con fuerza, sus ojos se salían de las órbitas, dio unos pasos hacia atrás cayendo de espaldas encima del pastor que seguía allí ”soñando”. Charly pensó lo que cualquiera pensaría en esa situación, que debía ser un infarto, pero, aunque el alcalde lo deseara con todas sus fuerzas, se quedó en un amago. No morir de infarto, en contra de lo que todo el mundo opina y en casos similares a éste, es muy mala suerte, porque, entre un infarto, doloroso pero rápido, y perder la cabeza en la guillotina, personalmente, me quedo con el infarto, aún no sabiendo lo que es sufrirlo ni lo que es perder la cabeza en una guillotina, que es igualmente rápido, pero los momentos antes de subir al cadalso y cuando se tiene la cabeza y las muñecas en el cepo han de ser terribles… Charly vio que quedaba vida en el cuerpo caído y, sonriendo, se agachó y le dijo al oído “no se preocupe, los justos y decentes no han de temer la ley, así como no han de temer el infierno”.&lt;br /&gt;Pasó el primer mes desde el sorteo. Aún se comentaba en las calles lo ocurrido y, entre murmullo y murmullo, fue cuando los habitantes comenzaron a darse cuenta de lo que realmente suponía el deseo del bobo. Tendrían aquello que verdaderamente necesitaban, el alumbrado público en Folsom Street, el asfaltado en White Lane Avenue, las señales de tráfico, el paso a nivel del ferrocarril, todo aquello que todos querían pero que nadie pedía aún cuando dichas ausencias habían costado ya un par de vidas. Si, los vecinos hablaban y soñaban, los más sensatos al menos (o los menos egoístas, según se mire), porque también hubo quien seguía maldiciendo su mala suerte por no haber salido del bombo, como John M. Colymore que tenía previsto haber pedido un prostíbulo para el pueblo, con tres o cuatro chicas, donde él fuera cliente “vip”, vamos, donde no pagara, ni más ni menos, ya que no existían locales de ese tipo en muchas millas a la redonda que era la zona de influencia del pastor Reverendo Supp (el del gancho de buenas noches), cuyos mayores enemigos, y los de toda la humanidad según él, eran el tabaco (incluido el de mascar), el alcohol, el juego y las mujeres. Curiosamente, las armas de fuego no eran “enemigo” del alma para él. La verdad sea dicha, John Colymore era feo, intensamente feo, y el hecho de que no viera el agua ni para beber y que, según decían, durmiera con sus vacas, hacían esa fealdad aún más espeluznante y el pobre hombre no encontraba una mujer “gratis” para “aliviarse” ni en el más optimista de sus sueños. He oído que una vez viajó a Nueva Orleans para un negocio y se gastó todo el dinero en chicas y que ésa fue la única vez que había conocido hembra. Desde entonces, soñaba con un lupanar en su misma calle.&lt;br /&gt;Otro que siguió tirándose de los pelos por no haber ganado el juego de la norma anual fue Derek Smith, que, al igual que el feo John, tenía en el reverendo su mayor obstáculo y es que Derek era homosexual (supongo que lo seguirá siendo) pero no podía ni siquiera pensarlo. Su mandato sería que le dejaran “ejercer” de homo libremente. Después de su año se iría del pueblo. Como es normal, alguno que esté leyendo esto se preguntará por qué no se fue antes o por qué esperar a que le tocara el premio y la respuesta es que Derek creía que Dan Harper, el más fornido de los vaqueros, era tan o más gay que él. En su año, paseando su homosexualidad libremente por el pueblo, le tiraría los tejos y estaba convencido de que lograría meterle en su cama.&lt;br /&gt;En ese primer mes, Charly continuó con su vida de “ausente” de la vorágine social, lejos de todos, en su terrenito pequeño a las afueras del núcleo urbano. En la parte trasera de casita tenía un huerto modesto para autoabastecimiento y un pozo natural de agua. La idea de tener aquello fue de su padre, que nunca se fió de nadie del pueblo y siempre decía que era mejor no tener que depender nunca de gentes de las que no te fíes. Hasta ese momento, Charly no alcanzó a entender tal actitud, pero rápidamente estuvo de acuerdo con su progenitor y brindó al viento por su “visión”, y es que no dejaron de intentar perjudicar al premiado desde la cúpula del poder: cortes de agua corriente, requerimientos de licencias, impuestos especiales por yo qué sé que… No pudieron, en ese primer mes ni en los siguientes, “pillar” a Charly en algo, y no pudieron porque Charly no tenía absolutamente nada. Trabajaba por cuenta ajena, como peón de vaquerizas para un tipo de otro pueblo, su casita era en propiedad, no tenía coche o moto o caballo y, lo más importante de todo, no tenía ni un solo centavo en ningún banco del estado. Con sus libros y sus tomates tenía más que suficiente y eso era algo que llegaron a saber en el ayuntamiento. Siendo legalmente intocable como era, optar por maniobras, digamos, “extraoficiales” no era ningún problema y mucho menos para aquellos que sólo sabían hacer las cosas de esa manera, así que, una noche unas sombras saltaron la cerca del terreno de Charly y pisotearon su huerto hasta convertirlo en puré de verduras. Tampoco consiguieron mucho, porque cuando uno es una buena persona, siempre hay alguien que lo advierte y que no duda en ayudar en los momentos difíciles. Ese alguien fue su jefe, que no sólo dio de comer a Charly en su rancho, sino que le ayudó a replantar su huerto, enseñándole incluso la manera de hacerlo más grande y productivo.Ante todo esto, Charles Xavier Owen, hijo de Charles Michael Owen, no dijo absolutamente nada. No protestó, no gritó, no maldijo, no se lo contó a nadie del pueblo. Simplemente, apretó los dientes y continuó con su rutina, sabiendo que llegaría el tiempo en que muchos pagarían por todo aquello que hicieron y que hacían, aunque que no dijera nada no quería decir que no hiciera cosas. En alerta constante después de lo del puré, el muchacho tomó sus medidas. La primera y fundamental, sacó todos sus libros de su casa y los llevó a un cobertizo que le prestó su jefe. La segunda, se mudó allí. La misma noche en que iba a tomar la tercera medida, que no era más que instalar un pastor eléctrico alrededor de su nuevo huerto, se encontró su casita envuelta en llamas. No iban a por él, el que lo hizo sabía perfectamente que Charly no estaba dentro y, además, el fallecimiento del premiado no eliminaba la norma impuesta según decían los estatutos del sorteo. Se trataba de una amenaza, de un susto, de intentar hacer un infierno de la vida del chico, cosas de lo políticos…&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-8539967091196213091?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/8539967091196213091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/el-sorteo-parte-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8539967091196213091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/8539967091196213091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/03/el-sorteo-parte-i.html' title='El sorteo (parte I)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-3122500472068399930</id><published>2010-02-23T08:50:00.000-08:00</published><updated>2010-02-23T08:53:03.340-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El manicomio'/><title type='text'>El manicomio (parte IV)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mr. Keagan hizo todo tal y como se lo habían mandado. Era un tipo habilidoso con las manos y no le costaba ningún esfuerzo el tener que correr o saltar o lo que fuera, ya lo había hecho muchas veces, en el barrio, delante de jaurías de vecinos que querían lincharle, así que tuvo su número en la cabeza, Número cinco su satisfacción por el bochorno del director y la gobernanta un hilo del que ir tirando hasta deshacer el ovillo.&lt;br /&gt;No hay que decir, pero lo voy a hacer, que esa noche, Bob durmió con una maravillosa y asfixiante camisa de fuerza por expreso deseo del director, además de llevarse un buen número de golpes que hicieron que se orinara encima. Pero todo pasa y esa noche pasó y llegó el día y el patio con Número cinco en esa sombrita…&lt;br /&gt;_ Vaya… Bob, lo siento de veras…&lt;br /&gt;_ No te preocupes Cinco, no es la primera vez y esos sádicos lo hubieran hecho de todos modos… Dime algo de lo mío y se me pasarán las penas…&lt;br /&gt;_ Tienes las pastillas que te dije que tenias que robar? De qué color son?&lt;br /&gt;_ Sí, las tengo. Son rojas.&lt;br /&gt;_ Joder, Bob, eres bueno… Mira, las pastillas rojas son calmantes y las azules, excitantes. A ti te dan azules porque quieren que te aceleres, a ver si tienes un brote…&lt;br /&gt;_ Un brote de qué…&lt;br /&gt;_ De soja… Pues de qué va a ser, psicótico!!… Bueno, a lo que iba. Intercambia el contenido, vamos, que las rojas sean excitantes y que las azules calmantes y se las das al Gritos ese y al Patton, a cada uno su color. Ahí sabrás por qué le llaman gritos. Lo del Patton es para nota. Toma excitantes para que no se hunda y se suicide, así que, ya ves lo que vas a provocar. Muy importante, esto has de hacerlo la noche en que te vayas de aquí, nunca antes, entendido?&lt;br /&gt;_ Entendido! Y cuando será esa noche?&lt;br /&gt;_ Aún no, aguanta! Bueno, ahora me toca a mí. Tienes que volver a hablar con los celadores a solas, con los dos. Has de hacer de “correveydile”. Vas a uno y le dices que el otro lleva un micro cada vez que hablan; Luego vas al otro y le dices que el uno ha escrito una declaración para la poli que guarda en una caja de seguridad de un banco; Vuelves al primero, y le dices que el otro tiene sífilis y que, por ende, él también, ya que violaron juntos a la misma interna, Carol Ann no, otra; de nuevo con el otro y le dices que su compañero visita su casa cuando él no está pero su esposa sí… Parece todo increíble, pero es verdad, así no has de temer nada.&lt;br /&gt;_ Esto no es una misión, son muchas… Quiero algo más de fuga!&lt;br /&gt;_ Es justo… La gobernanta de la nota se lo monta con el vigilante de pasillo de noche, un jovencito medio tonto que no sirve para nada… Casi todas las noches, se ven en el cuarto de la limpieza y allí follan como si fuera la última vez que lo fueran a hacer. Vas allí y te haces con la llave maestra de las celdas (siempre hay una llave maestra, qué de problemas soluciona una llave de ésas…) de los pantalones del vigilante. No es difícil, que se desnudan y todo como si estuvieran en un hotelito… Hazlo rápido, así que no te quedes mirando mucho rato, que te conozco y la gobernanta, aunque madura, está muy buena… Por cierto, si quieres que mañana nos riamos un poco, pilla también las bragas de la mujer y se las metes al directorucho ese en un bolsillo de la chaqueta… Va a ser el descojone…!&lt;br /&gt;Era algo increíble, inusual, sorprendente y extraordinario, pero todo sucedía exactamente como lo disponía Número cinco, como si fuera un vidente o un brujo de alguna tribu, de esos que toman una raíz o fuman de un palo y ven todo lo que ha de venir, gurús, éstos últimos, a los que no hay que tomar muy en serio porque si vieran el futuro de verdad, creo yo que sus tribus, o ellos mismos, no estarían como están. Pero el tal Cinco era distinto, ése no fallaba nada, nunca, siempre tan seguro de sí mismo, tan tranquilo y pausado. No es de extrañar que, para esas alturas, Bob confiara en él más que en sí mismo, consiguiendo que ese chico de barrio se superara cada día en su inventiva para desarrollar ingenios con los que llevar a cabo las misiones que se le ordenaban. Era tal su habilidad, que una vez robó el tabaco del celador fumador y le escribió en los cigarrillos lo que le tenía que contar. La verdad es que formaban un equipo perfecto Bob y su amigo Número cinco, un equipo al que nada se le resistía y, así, tuvieron la llave maestra de las celdas y la ropa interior de la gobernanta viciosilla. Bob lo hizo tan bien y tan rápido, que tuvo tiempo incluso para observar un buen rato a los dos amantes en el cuarto de la limpieza, cuarto éste al que sacaban todo el partido del mundo, todo sea dicho de paso, porque no había rincón que no usaran ni utensilio de limpieza que no les hiciera “los coros”. Y sí, la gobernanta estaba realmente bien y mejoraba mucho desnuda, tanto que Bob pensó en posponer su huida e intentar ligársela él para poder disfrutar de aquellas carnes en ese mismo cuarto. Una vez hubieron terminado de jadear, aunque fuera simplemente para tomarse un respiro o fumarse un cigarro, Bob desechó su última y lasciva idea ya que pensó, esta vez con la cabeza, que fuera de allí también había mujeres así e incluso mejores, la dependienta de la frutería del barrio, una latina maciza con la voz muy dulce y un acento que quitaba el sentido, sin ir más lejos…&lt;br /&gt;Y qué decir del viejo psiquiatra y del regalo en su chaqueta… De nuevo Número cinco acertó y ese día todo el centro pudo reír a carcajadas durante un buen rato. Hubo quien lloró de risa… Y es que no pudo ser más cómica la situación. La gobernanta fue al despacho del director para hablar con él y cuando entró _sin llamar, por cierto. No le tenía mucho respeto._ pilló al viejo con las bragas en la cara poniendo a prueba sus fosas nasales. Ella las reconoció rápidamente, al fin y al cabo, eran las bragas que llevaba el día anterior y, además, pocas mujeres de cuarentaymuchos, cincuentaypocos según las malas lenguas, vestirían unas bragas de diseño tan provocativo. Los gritos llegaron hasta el último rincón de centro y no hubo pasillo que no recorriera el director con la gobernanta detrás empuñando una de las porras de los brutos, detalle éste que provocaba un espectacular rejuvenecimiento en las piernas del director que corría como un adolescente. Al final recibió.&lt;br /&gt;Robert Keagan sentía que el final estaba cerca. Las ayudas de su amigo del patio eran inconexas y no podía aún hilvanarlas en su cabeza, pero los acontecimientos ocurridos en contra del Mr. Director y lo siguiente que sucedió, le hacían percibir ese final como algo cercano. La misma noche de las risas a costa de “Women´s secret” estalló una bomba dentro de uno de los celadores que, con los ojos inyectados en sangre, golpeó hasta la muerte a su querido compañero del alma. Era algo previsible y justamente lo que Número cinco buscaba con esos mensajes que Bob extendía. Si uno tiene pensado delinquir, lo mejor es hacerlo solo para no hundirte en la desconfianza ni ser esclavo de nadie. Esto fue algo que ninguno de los dos animales pensó como no piensan aquellos que necesitan del amparo del grupo para sentirse importantes o fuertes y hacer así el mal a otros más débiles que ellos. Con uno de los brutos sin cabeza, el otro no dudó un instante, se subió a la azotea del edificio y se lanzó al vacío, final muy usual en todos esos que quieren evadirse de sus responsabilidades penales una vez han sido descubiertos, convirtiéndoles en unos cobardes. Nadie los echó de menos.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, Bob se despertó en su celda antes del timbrazo por el alboroto que había en el pasillo a causa de la muerte de los celadores. Podía haber salido a echar un vistazo ya que tenía la llave maestra, pero era mejor no levantar ninguna sospecha. Esta lucidez le duró muy poco. Los seres humanos somos bastante curiosos y si ocurre algo en alguna parte, que no sabemos pero queremos saberlo, haremos lo que sea para enterarnos, incluso poner en peligro lo más preciado que tengamos. Esto fue lo que le sucedió a Bob. Con el “qué pasará” en su cabeza, abrió desde dentro la puerta de la celda y sacó la cabeza. Miró a un lado, miró al otro y vio policías, camillas, médicos, un tipo vestido con traje negro, muy serio, que debía ser el juez y a Número cinco sentado en un banco de los que hay para las visitas. “Pero qué haces insensato…! dijo Número cinco empujando a Bob hacia dentro de la celda y cerrando detrás de él.&lt;br /&gt;_ Pero estás loco??&lt;br /&gt;_ Joder Cinco…! Tenía curiosidad…&lt;br /&gt;_ Estamos muy cerca del final… Yo ya he conseguido uno de mis objetivos…!! Han caído los dos cabrones esos…!! Muertos!!&lt;br /&gt;_ Muertos?? Joder….&lt;br /&gt;_ Venga, hoy mismo terminará todo esto… Mira, tu terapia de esta mañana será definitiva. Escribirás una nota que entregarás, en mano, de nuevo a la gobernanta. Cuando estés con el nazi, le dices lo mismo que escribiste en la nota. Si la cosa se pone fea, que se pondrá, empieza a hablar en voz alta, muy alta y sin parar, diciendo lo que yo te diga… Escucha…&lt;br /&gt;El día era raro, siempre son raros si hay dos muertos cerca, pero los trabajadores del centro intentaron aislar lo más posible a los internos de todo aquel asunto feo, así que el desayuno se celebró, si es que se le puede llamar celebración a ese café y a esas tostadas, con total normalidad. Fue ahí donde la gobernanta recibió la nota. La leyó, levantó su mirada del papel hacia Bob, la volvió a leer y dijo con voz muy dulce “gracias nuevo, muy amable…” En ese momento, mirando los ojos de esa mujer, Bob supo que, de haberse quedado allí, hubiera tenía su ración de cuarto de la limpieza con ella… maldita sea…!&lt;br /&gt;Del desayuno, al patio y de ahí, a la terapia. Esta vez se dirigía a ella realmente nervioso, no en vano, aquel viejo despeinado era un delincuente cualquiera, un violador asqueroso y sin piedad capaz de cualquier cosa con tal de salvar su culo de doctor en psiquiatría. Entró en el despacho y notó cómo se le clavaba la mirada asesina del hombre que estaba detrás de la mesa. Sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo y por un momento se quedó paralizado. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza, pasaban a toda velocidad y no podía reaccionar, pero se sacudió el pánico del cuerpo y acertó a decir “me gustaría leer Crimen y castigo… me lo deja??” El psiquiatra frunció el ceño y sacó los dientes como un lobo amenazante y dijo “cómo, cómo sabes tú tanto, cabrón??&lt;br /&gt;Inmediatamente después, la puerta del despacho se abrió sin llamada previa. La gobernanta entró y con su voz dulce, no tan dulce cuando se dirigía al cerdo que, según ella había robado sus ropa interior, dijo “me han recomendado Crimen y castigo, especialmente la copia que tú tienes en tu estantería…”&lt;br /&gt;El doctor, con los ojos fuera de las órbitas, abrió un cajón de su mesa y sacó un cuchillo con un filo que daba escalofríos, y se abalanzó sobre Bob. Éste, que ya había sido prevenido por su amigo, dando un salto hacia atrás, se apartó y comenzó a correr alrededor de la mesa. El viejo le seguía, cuchillo en mano, muy de cerca y en algún momento llegó a cortar la ropa del paciente. La gobernanta estaba en el umbral de la puerta, atónita por lo que estaba presenciando. Bob, recordó y se puso a hablar en voz alta al mismo tiempo que corría: “Doctor Michael B. Bayley, doctor en psiquiatría, colegiado número noventa y tres mil novecientos cuarenta y cinco, director de este centro, ha violado y golpeado, repetidas veces, a varias internas, Carol Ann Dixon, Sarah Connors, Rachel Parker y Melysa Jones… Además, ha probado fármacos experimentales en internos masculinos, Paul Groove, James Taylor, Maurice… … no se vaya gobernanta, por lo que más quiera, que me mata…!!!”.&lt;br /&gt;Varias vueltas alrededor de la mesa después, el viejo no puedo con su corazón y tuvo que parar. Jadeando como un perro, con la lengua casi en los tobillos y con el cuchillo aún en la mano, le dijo a la gobernanta que no iba a creer a un loco, que deliraba, que era un paciente peligroso, pero la mujer no dudó. Entre un paciente y un viejo con un cuchillo, que le robó las bragas, no había color… “Ni se acerque a mí, cerdo!!” le gritó y, estirando el brazo, tomó de la estantería el famoso libro. El viejo quiso reaccionar, pero no pudo, estaba agotado, exhausto, apenas podía ni levantar la cabeza de entre sus piernas. Bob no andaba mucho mejor, físicamente, que el doctor, pero al menos le quedaron fuerzas para coger una silla y estampársela en la cabeza para evitar cualquier acción suicida u homicida. El libro se abrió en las manos de la mujer y cayeron al suelo tres “dvd´s”. Días más tarde, la gobernanta y todo el centro, supieron que era grabaciones de seguridad del centro que el doctor había escondido. El por qué lo había hecho era algo evidente. Llegó la policía, se llevaron al médico y dijeron que volverían al día siguiente para tomar declaración a la gobernanta y a Bob, que asintió sin revelar en ningún momento que, para entonces, él ya no estaría en su celda, ni el comedor, ni el patio, ni en las duchas, ni en ningún lado.&lt;br /&gt;Esa noche, Bob estuvo muy entretenido. Cuando los hubieron metido en sus celdas, el nuevo salió de la suya con sigilo y fue a hacer una visita al Gritos. Le dio “sus pastillas” y de ahí, a la celda de Patton para lo mismo. Volvió a su celda y cerró la puerta con llave. Esperó a la toma nocturna y a que las píldoras hicieran efecto. No se hizo esperar. Los alaridos y bramidos del Gritos eran como juntar a trece cantantes de ópera en una misma garganta y no había fuerza humana capaz de parar ese chorro de voz salvaje. Los dos nuevos celadores, que no eran ni la mitad de grandes que los anteriores, eran como peleles, como marionetas intentando sujetar a “la voz” y no sabían lo que aún les esperaba, porque con los locos sucede como con los lobos, que cuando uno aúlla, los demás también lo hacen. Todo el ala masculino gritaba al unísono, cada uno con su tono particular, interpretando una pieza coral que no se estrenaría ni en el infierno. Patton murió, suicidio, una pena… El escándalo era salvaje, cosa que Bob aprovechó para salir de su celda sin que nadie se diera cuenta, e ir a la garita de los celadores. No sabía por qué, pero Cinco le dijo que fuera y memorizara otra serie de cifras debajo de la palabra “caja”. Una vez lo hizo, enfiló el pasillo a su izquierda, justo en sentido contrario del pasillo que llevaba a su, hasta entonces, “suite”, llegó a unas escaleras, las bajó y continuó por otro pasillo unos cuantos metros. Al final de éste, se topó con una puerta, bastante gorda, con un cartel en lo alto que decía “manicomio” y un teclado a su derecha. Parecía claro, y así lo vio Bob, que tecleó el primer número que memorizó en la garita. Exacto!! La puerta de abrió y dejó ver otro pasillo, esta vez más corto y con otra puerta en su otro extremo. Lo recorrió y abrió la puerta, que, por suerte, era antipánico, de esas que se pueden abrir de dentro hacia fuera con toda comodidad, tampoco era plan de complicarle más las cosas a ese chico de barrio, que bastante había pasado ya. Detrás de la puerta, la calle, el aire fresco, la luz, de las farolas, pero luz al fin y al cabo. Tenía ya un pie fuera cuando escuchó que le llamaban por su espalda. “Vaya, por Dios… demasiado fácil parecía esto…” pensó, pero se equivocaba. Era su amigo, Número cinco.&lt;br /&gt;_ Te vas a ir sin despedirte??_ le dijo con una sonrisa en la boca.&lt;br /&gt;_ Claro que no Cinco… venga un abrazo, compañero!! Oye!! Y por qué no vienes conmigo?&lt;br /&gt;_ No Bob, no, yo allí ya no hago nada… no te sería útil..&lt;br /&gt;_ Un amigo como tú siempre es útil.&lt;br /&gt;_ Muchas gracias por considerarme tú amigo!! Pero no, de aquí no puedo moverme… Por cierto, memorizaste el número que te dije?&lt;br /&gt;_ Sí… … bueno, como tú quieras… Dime, antes de irme, una cosa. Por qué no llevas tú pulsera como yo y los demás?? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;_ Muy simple. Tu cabeza no puede crear ciertos detalles… Déjame darte un consejo: Vete lejos de aquí, no vuelvas a tu barrio. Y juégate esos números a la loteria...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-3122500472068399930?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/3122500472068399930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/3122500472068399930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/3122500472068399930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-iv.html' title='El manicomio (parte IV)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-6872763616808717404</id><published>2010-02-13T09:09:00.000-08:00</published><updated>2010-02-13T09:10:37.378-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El manicomio'/><title type='text'>El manicomio (parte III)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;            _ Hola, buenos días Bob!_ dijo el psiquiatra desde el otro lado de la mesa una vez tuvo a su paciente delante, justo después del desayuno.&lt;br /&gt;            _ Buenos días! Y hoy, qué toca?_ preguntó Bob con desgana.&lt;br /&gt;            _ Me puedes explicar qué hacías anoche, antes de dormirte?&lt;br /&gt;Bob se quedó helado, no por lo que hubiera hecho, que no hizo nada punible, sino porque en aquel instante se dio cuenta de los vigilaban con cámaras. No le duró mucho la sorpresa y respondió:&lt;br /&gt;            _ Escuchar música…&lt;br /&gt;            _ Música? Y cómo? Y por qué movías los brazos?&lt;br /&gt;            _Sí, música, aquí, en mi cabeza… Y movía los brazos porque estaba dirigiendo a la orquesta, a la Filarmónica de Berlín. No querrá usted que dirija parado?&lt;br /&gt;            _ Y veías tú a la orquesta?&lt;br /&gt;            _ Ya entiendo lo que ocurre aquí… claro, sus espías me ven mover los brazos en el silencio de la noche y, como llevo este pijama feo y estoy en una de sus celdas, es porque estoy loco, no es eso? Pero si le hubieran visto a usted, con su traje, en este despacho, hubieran dicho que es usted un melómano…&lt;br /&gt;            _ Bueno, no te pongas así, no eres el primer paciente que dirige orquestas, sabes?&lt;br /&gt;            _ Pero sí soy el único que sabe que no hay orquesta y que no es director…&lt;br /&gt;            _ Mira, creo que me estás vacilando y no me gusta nada esa actitud… No creas que eres más listo que yo o que cualquiera que trabaje aquí!&lt;br /&gt;            _ Que usted, no sé, quizá… Que muchos de los trabajan aquí, sí que lo creo, estoy convencido de ello, empezando por esos dos sicarios suyos…&lt;br /&gt;            _ No vas por muy buen camino. Quieres estar aquí mucho tiempo? Porque te puedes hacer viejo aquí si sigues por ahí…&lt;br /&gt;            _ Y que se supone que debo hacer?? Debo decirle que sí, que veo tipos raros que me hablan?? Que usted me ha curado…? Mire, lo que le voy a decir es esto, escuche bien: la interna Carol Ann Dixon tiene el pijama manchado de semen y la gobernanta lo ha visto.&lt;br /&gt;El rostro del viejo palideció. Se podría decir que envejeció veinte años de golpe, incluso las arrugas de su cara parecieron hacerse más profundas. Un temblor recorría su cuerpo hasta el punto de no dejarle controlar sus propias manos y el cuello de su camisa y de su bata de doctor se empaparon de sudor, de un sudor frio, helado. Bob tuvo miedo porque, era evidente, que lo que le había dicho, aquello que Número cinco le dijo que dijera, era verdad. De no haberlo sido, no hubiera reaccionado así, y pensó que el director podría tomar represalias contra él, pero tampoco le importó mucho, podría soportar cualquier cosa simplemente pensando en la cara de susto del malnacido ése.&lt;br /&gt;            _ Se puede saber qué has dicho… Quién coño te ha dicho eso?&lt;br /&gt;            _ Yo sé muchas cosas, hablo con tanta gente…&lt;br /&gt;            _ Venga cabrón, dime quién te lo ha dicho o verás…!!&lt;br /&gt;            _ No me lo ha dicho nadie, aquí no conozco a nadie… Simplemente, lo sé…&lt;br /&gt;El botón de la mesa de madera trajo a los celadores y éstos, sus correas, y las correas el castigo del paciente. Estuvo atado el resto del día y fue golpeado. Los dos sicarios esa vez sí que lo fueron de verdad e intentaron sacarle la información para su jefe, pero no consiguieron nada, Bob era un tipo de barrio y allí se aprenden muchas cosas y una de ellas es no chivarse nunca de nada ni de nadie, nunca, aunque te peguen.&lt;br /&gt;Con el nuevo fuera de juego por el resto del día, parece ser que hubo bastante movimiento en el centro. Los dos celadores (es curioso, pero en este centro sólo hay dos celadores, de mañana y de noche… lo que decía, los dueños son europeos, españoles para más señas…) buscaron a Carol Ann y, con algún pretexto barato, consiguieron cambiarle el pijama y ponerle uno nuevo y limpio. El viejo fue pasto de las llamas en las calderas del manicomio, aunque el trabajo no terminó ahí. Junto con el director, estuvieron viendo las cintas de seguridad de los últimos días, desde que Bob llegó al centro, para ver con quién había hablado. Vieron al Gritos y a la élite, pero era imposible que esos pobres diablos pudieran saber algo. Aún así, tuvieron su ración de correas, por si acaso… En la última cinta, localizaron de nuevo a Bob en el patio, pero estaba solo. Movía la boca, gesticulaba y miraba repetidas veces hacia su derecha, pero allí no había nadie más que él, él y su sombra.&lt;br /&gt;Al día siguiente, Bob fue el centro de atención del comedor en el desayuno. Su cara presentaba un ojo hinchado y morado y todo el mundo allí sabía quién se lo había hecho, todos, excepto las que servían el desayuno y las gobernantas, tanto la del ala masculino como la del ala femenino, que, o no lo sabían o no querían saberlo, pero aquí sucedía como en las películas de miedo o de intriga, como en “Brubaker” por ejemplo, que los más cercanos a los “malos”, sus compañeros, son los últimos en enterarse del lio. De cualquier manera, fue la segunda vez en tres días que Mr. Keagan era el foco de todas las miradas, la primera fue por nuevo y ésta por magullado, claro que no duró mucho la expectación del auditorio sobre él. Duró justo hasta que entraron el Gritos y su banda, que también tuvieron su momento “warholiano”.&lt;br /&gt;En el patio, era ya la hora de que sonara el altavoz y anunciara la terapia, pero ese día no sonó. Bob pensó que el director no quería verle y así fue mucho mejor, porque él tampoco estaba de ánimo para sentarse delante del viejo, mucho menos después de lo que ordenó hacerle. Así que se encontró con la mañana entera para él solito, para su plan de libertad, que podría seguir desarrollando en el mismo lugar del primer día, en su lugar. Se sentó y empezó a pensar: “necesito la llave de la puerta… y una escalera alta para la verja… y resolver lo de salir de la celda por la noche…” Los pensamientos no fluían bien por su cerebro, no sabía si por el ojo hinchado y morado o porque la noche anterior se tuvo que tomar las malditas pastillas, pero estaba muy espeso. Se golpeó un par de veces la cabeza con la mano pero nada, no se espabilaba. En eso, que llegó Número cinco al rescate. Sin saludarle, le preguntó si había cumplido con su parte del trato, a lo que Bob respondió que sí y le contó la cara que había puesto el viejo y lo que le habían hecho los celadores. Su nuevo amigo sin pulsera disfrutó con aquello, aunque se disculpó por el resto del relato. “Debí advertírtelo antes” le dijo.&lt;br /&gt;            _ Bueno, ahora te toca a ti. Dime algo de lo mío…&lt;br /&gt;            _ He deseado durante años poder emular al caníbal y decir esto… “Quid pro quo…” está bien Bob, escucha: has de fijarte muy bien en el color de las pastillas que toma ese tal Gritos, y cuando lo sepas, procúrate tres o cuatro y escóndetelas, ok?&lt;br /&gt;            _ Y?&lt;br /&gt;            _ Shhhhh… quieto…! Tú, yo, tú, yo… así es el juego… Tu siguiente trabajo será peligroso, atento: tienes que ingeniártelas para hablar con uno de los celadores, da igual uno que otro, y tienes que decirle que el otro, su compañero, guarda una porra con sus huellas llena de sangre del “Sapo”.&lt;br /&gt;            _ Y quién es el Sapo, si puede saberse?&lt;br /&gt;            _ Un pobrecillo al que dieron una paliza, por diversión, y se les fue la mano, más bien la porra… Infarto dijeron al resto de reclusos… Cuídate mucho tú de no acabar igual!!&lt;br /&gt;Esta nueva misión era mucho más complicada que la anterior, no sólo había que separar a los celadores sino que había que hablar, cara a cara, con uno de ellos, que venía a ser como si Kunta Kinte tuviera que hablar con su capataz… Un golpe (o dos) seguro que se llevaría… Se puso manos a la obra con ello: primero, separarlos. Iba a ser igualmente difícil porque esos dos parecían siameses, así que habría que hacer de detective y observar mucho para encontrar algo que le sirviera.&lt;br /&gt;Tardó tres largos días pero, finalmente, tuvo resultados muy satisfactorios. Cada tarde-noche, después de la cena y cuando aún los locos permanecían sentados, los dos celadores salían del comedor juntos. Poco después, volvía uno solo y el otro tardaba más. Bob, que era un tipo de barrio y que había hablado y visto a mucha gente, imaginó que el que volvía pronto salía fumar un cigarrillo y que el otro, el que tardaba más, o bien iba a evacuar (o mandar unos troncos al aserradero, como decían en su barrio) o bien aprovechaba para ir a ligar un poco con la recepcionista que, según decían, era una chica fácil, lo cual es algo peligroso, porque las que suelen decir de ellas que son fáciles, generalmente, cuando uno se lo cree, le resultan de los más difíciles, pero bueno, el celador sabrá, si es que es ésta la opción que tomaba y no la de ir retrete.&lt;br /&gt;Esa misma tarde, Bob se la jugó. En los postres, pidió permiso a su gobernanta para ir al váter. Dos sonoros y olorosos gases ayudaron a que se lo concedieran y acudió corriendo para que creyeran que realmente tenía la urgencia. Una vez allí, en las letrinas, se metió en una y esperó. Podía ser que el celador eligiera la opción de la fácil que, as u vez, era la más difícil para Bob, pero, Bingo!! El animal aquel no iba a ligar, sino a cagar, seguramente porque ya se habría cepillado a la recepcionista, lo que demostraba que, efectivamente, no sólo era fácil sino que, además, no tenía escrúpulos.&lt;br /&gt;Se sentó en el retrete de al lado y cerró con el pestillo. Bob, muy hábil, espero a escuchar los primeros gemidos que acompañan a cada empujón y entonces habló:&lt;br /&gt;            _Escucha bien!! Parece que tu amigo, tu siamés, anda un poco nervioso, no lo has notado??&lt;br /&gt;            _ Quién cojones eres tú? Qué cojones dices?&lt;br /&gt;            _ Que tu amigo está nervioso por algo y ha guardado la porra con la que matasteis al Sapo, manchada de su sangre y con tus huellas… por si le traicionas supongo…&lt;br /&gt;            _ Quién eres?? Chico, vas a recibir una buena tunda…!!&lt;br /&gt;Para cuando el bruto pronunció el “chico”, Bob ya estaba entrando por la puerta del comedor y sentándose en su lugar, incluso antes que el bruto fumador volviera. Se felicitó por la hazaña que había conseguido, alegrándose de tal modo, que hasta la gelatina con tropezones que tenían de postre le supo bien.&lt;br /&gt;El bullicio del comedor paró cuando dos hombres empezaron a discutir con violencia fuera. No hay que ir a Yale para saber que aquellos dos hombres eran los celadores, que se pedían explicaciones el uno al otro y el otro al uno sin reparar en que los estaba escuchando hasta el último mono del centro, incluso las gobernantas, a no ser que llevaran tapones, que es muy probable. Después de un “bueno, bueno… ya hablaremos…” entraron de nuevo al salón, muy enfados y dirigiéndose miradas recelosas a distancia.&lt;br /&gt;Con el timbre infernal de la mañana, que sonaba justo después del milagro, llegó un nuevo día en el manicomio, un nuevo día que de nuevo no tenía nada, porque, si la rutina es algo soporífero y alienante, allí dentro se convertía en algo maligno, que volvía más locos a los cuerdos y más cuerdos a los locos, generando un desorden digno del mismísimo Satanás y provocando que el número de locos en la sociedad no descendiera nunca, porque donde se regeneran unos, se convierten otros. Desayuno, patio, terapia. Para ser sincero, terapia, lo que se dice terapia, Bob, no tenía, porque desde que le dijo lo que le dijo, Mr. Director del centro y su psiquiatra no hacía más que intentar sonsacarle quién le había dicho lo de Carol Ann, lo cual era un alivio para él, dado que mantenía su postura de que no estaba loco.&lt;br /&gt;El patio era otra cosa. Allí ocurrían cosas, bueno, en realidad, ocurría sólo una cosa, ocurría Número cinco. Hacía unos días que no le veía, ni en el patio, ni en el comedor, ni en las duchas, ni en ningún lado, pero aquel día apareció donde siempre, en el sitio de Bob.&lt;br /&gt;Sin saludos previos, sin un “qué tal” de cortesía, el amigo del patio entró directamente al tema que se tenían entre manos. Le dijo a Bob que con la siguiente misión que tenía para él, matarían dos pájaros de un tiro, porque servía también para su plan. Habló muy despacio y claro, pues esta vez había que entrar en terrenos de acción y no podía fallar absolutamente nada. Le dijo que escribiera una nota con muy mala letra, como si la hubiera escrito un niño, y que se asegurase de que llegara a manos de la gobernanta del ala de las mujeres. Al día siguiente, cuando estuviera en la terapia o lo que fuera aquello, era cuando debía emular al Mr. Jones, a Indiana, y entrar en el templo, llevarse el ídolo de oro y salir de allí sano y salvo. Su trabajo no era tan lucrativo como los del héroe de película, pero le ayudaría mucho. Debería decirle al viejo que la gobernanta sabía, con pelos y señales, lo de la interna, Era de suponer que el afectado en el caso, saldría corriendo despavorido en busca de la gobernanta, lo que aprovecharía Bob para buscar un libro gordo, cualquiera pero gordo, que se hallase en las estanterías del despacho, libro que debería lanzar desde la puerta sobre la mesa, justo encima del famoso y terrible botón. Eso traería a los brutos de Paulov, que, tan solícitos como eran con ese botoncito, dejarían su garita vacía. Bob tendría que darse mucha prisa porque debería ir a esa garita y buscar un panel con nombres escritos y números debajo de cada nombre. Debería aprenderse de memoria los números debajo de la palabra “manicomio”.El plan era perfecto, al menos teóricamente, aunque faltaba un pequeño detalle, detalle que todos nos hemos dado cuenta que falta, por otro lado. Eso es, faltaba el texto de la nota a la gobernanta. El mansaje debería decir “mañana, un delincuente correrá hacia usted con el rostro desencajado. No le pierda de vista”&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-6872763616808717404?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/6872763616808717404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-iii.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6872763616808717404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6872763616808717404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-iii.html' title='El manicomio (parte III)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-6695381595677821339</id><published>2010-02-08T10:54:00.000-08:00</published><updated>2010-02-08T10:55:31.209-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El manicomio'/><title type='text'>El manicomio (parte II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            _Y tú quién eres?_ preguntó un tipo bajito y con gafas de culo de vaso que tenía sentado al lado.&lt;br /&gt;            _Yo? Robert Keagan, Bob_ respondió él con mucha naturalidad.&lt;br /&gt;            _Y qué haces aquí, Bob? _ Volvió a preguntar el bajito de gafas.&lt;br /&gt;            _ Nada, poca cosa... que dicen que veo personajes y que los escucho...&lt;br /&gt;            _ Y las ves de verdad?&lt;br /&gt;            _  A ti te estoy viendo y te estoy escuchando, no?&lt;br /&gt;            _ Bueno, supongo que si… De cualquier manera, yo soy “Gritos”_ extendió su mano en busca de la mano del nuevo_ claro, que no me llamo a sí de verdad, es un apodo que me han puesto aquí… En realidad me llamo Paul.&lt;br /&gt;            _ Y lo de gritos? Gritas mucho?&lt;br /&gt;            _ Sí, tengo muy buena voz y me gusta mucho hacerlo, pero no puedo,  porque cada vez que practico aparecen los dos animales de blanco y me pinchan para dormirme…&lt;br /&gt;            _ Por desgracia ya los conozco… Menudos gilipollas!!&lt;br /&gt;            _ No!! No les insultes Bob, que como te tomen manía es mucho peor!!&lt;br /&gt;Después del desayuno y del encuentro de su primer “amigo”, Bob y todos los demás fueron conducidos al patio, como si fueran colegiales, al recreo. Allí, un lugar, la verdad, bastante agradable, con muchos árboles que daban muy buenas sombras donde sentarse a tomar el fresco, los dejaban totalmente sueltos y cada uno hiciera lo que le venía en gana, dentro de un orden. Había algunos que daban vueltas alrededor de la fuente del centro del patio; otros, simplemente, se quedaban quietos, parados, mirando al cielo, como si estuvieran haciendo la fotosíntesis; y el resto buscaba a los demás para hablar de cualquier cosa que habían visto la noche anterior en la televisión o que habían visto únicamente en su cabeza. Bob anduvo de aquí para allá, miró las plantas, los árboles, observó a otros reclusos como él. Le llamó mucho la a tención uno que nada más que gruñía si alguien se le acercaba, excepto cuando lo hacía otro individuo que llevaba pañales por encima del pijama feo (horroroso) y que le pasaba la mano por el pelo como si acariciara a un perro. No era un buen panorama y mucho menos para estar allí como cliente, pero como ya no quedaba otro remedio que aguantar, Bob se sentó en un rincón aparte de todos los demás e intentó abstraerse de todo aquello. Ni modo! Apareció el llamado “Gritos” como su banda, otros cinco locos más que miraban al recién llegado con cara de desconfianza. “Mira Bob, estos son mi grupo, la élite del centro, los mejores, los putos amos…”_ dijo el Gritos guiñando su ojo derecho_ “los demás están todos como cabras. Te voy a presentar: mira, éste es el “General”, éste “Tony”, que no se llama así, es el apodo, se llama Anthony, y éste otro “Juan”…&lt;br /&gt;El último en ser presentado giró su cabeza hacia el Gritos y, muy enfadado, le dijo que no volviera a llamarle “Juan” a secas, que dijera su nombre completo que si no, perdía cachet. El gritos se disculpó inmediatamente y corrigió la presentación_ “perdón… …”San Juan Bautista”… y aquí Robert, Bob para los colegas. Bob dice que los animales son unos giliyloquesigue…”&lt;br /&gt;            _ Y por qué les insultas de ese modo tan gratuito?_ gritó el General.&lt;br /&gt;            _Gratuito? Nada de gratuito, ya he tenido mis más y mis menos con ellos… Además, nosotros somos muchos más que ellos. Son ellos los que deberían temernos a nosotros…_ respondió Bob al que parecía ser el listillo de la élite.&lt;br /&gt;            _ Ya hijo, ya sé que somos más, pero como en Francia, atacan en Bliztkrieg, como esos alemanes nazis malnacidos…&lt;br /&gt;            _ Parece que lo conoce bien… estuvo allí? Muy joven para haber estado allí, no?&lt;br /&gt;            _ Muchas gracias por el cumplido de “joven”, hijo pero veo que no ha reparado en las cicatrices que me delatan… Yo soy el general Patton, hijo, para servirle a usted y a los gloriosos Estados Unidos de América, especialmente a su magnífico y gran Sur! Y sí, estuve allí… Qué desembarco!! Qué aguerridos eran mis muchachos!! Lástima que llegaran esos comunistas a Berlín antes que yo…&lt;br /&gt;Bob miró a un lado, miró al otro y pensó “ qué demonios hago ya aquí!” Una sensación de desasosiego le invadió, pero no se dejó vencer por ella y su cerebro alcanzó a auto-imponerse una misión, una meta, algo en lo que ocuparse de forma muy activa para no tener que relacionarse mucho con el General y compañía y tampoco con ninguno del resto de reclusos, porque sabía que si lo hacía, acabaría igual o peor que ellos.&lt;br /&gt;Pensó un poco e inventó una excusa para zafarse de la élite. “Discúlpenme, pero he de prepararme para mi encuentro con el “Marqués de Sade”, que hace ya rato que aceptó mi súplica de audiencia” _les dijo y le resultó. Ahora que estaba solo, desde el primer día, podría emplear tiempo, primero en dar forma a su nueva meta y segundo en pensar cómo llevarla a cabo, pero una voz metálica que salió de un altavoz y que dijo su nombre, le interrumpió.&lt;br /&gt;Un pasillo, giro a la derecha, otro pasillo, puerta a la derecha. Allí estaba el despacho del director del centro. Le sentaron en un sillón delante de una mesa inmensa de madera y, muy poco después, llegó el viejo, que se sentó enfrente de él, al otro lado de la mesa.&lt;br /&gt;            _ Buenos días Bob! Hoy vamos a empezar tu terapia. Dime, cómo te encuentras? Cómo encuentras este lugar?&lt;br /&gt;            _ La verdad, he estado mejor y hay lugares mejores… por ejemplo, mi casa. Y no me gusta este vestido, quiero mis vaqueros, que no creo que le hagan mal a nadie que yo los lleve puestos, no? Ah! Y las pastillas, no me gustó nada lo de las pastillas de ayer!&lt;br /&gt;            _Pero Bob, amigo… son necesarias, créeme… Ves personas que te hablan…&lt;br /&gt;            _ Usted me está viendo a mí y yo le estoy hablando… Tómeselas usted!!&lt;br /&gt;            _ Ya, pero las personas que yo veo son reales, Bob.&lt;br /&gt;            _Y las que yo veo no? Usted no es real? Los locos ésos no son reales?&lt;br /&gt;            _ Sí, ésos sí, pero tú ves a otros que no lo son…&lt;br /&gt;            _ Ah, claro…! Supongo que se refiere a personas como el verdugo que estoy viendo ahora mismo detrás de usted con ánimo de cortarle el pescuezo…&lt;br /&gt;            _ Ves un verdugo detrás de mi ahora mismo, Bob?&lt;br /&gt;            _ Que no, hombre! Cómo voy a ver n verdugo? Pero bueno, para ser sinceros, sí es verdad que ha habido veces que he visto a gentes un tanto extrañas que me han dicho cosas más extrañas todavía.&lt;br /&gt;            _ Qué personas? Qué cosas?&lt;br /&gt;            _ Pues verá, un día que estaba yo en mi casa, llamó a mi puerta una mujer, bastante fea por cierto, y me preguntó si yo querría estar entre los ciento cuarenta y cuatro mil elegidos… Verdad que es raro!? Otro día, un tipo se me acercó en la calle y, con mucho misterio, me dijo si quería caballo. Yo le dije que prefería una moto, porque para la ciudad es mucho mejor y más práctica. Y otro día, estaba yo sentado en un banco del parque que está enfrente de mi casa y se sentó una mujer que me dijo que la niña que estaba en el columpio se iba a caer y, acto seguido, se cayó. Pero lo raro no es esto, lo raro es que, siendo la mujer muy guapa, se sentara a mi lado y me hablara…&lt;br /&gt;            _ Ya, ya… Y nada más?&lt;br /&gt;            _ Joder! Tengo treinta y cinco años, fíjese usted si he visto y hablado con gente… Como le tenga que contar todos, me estoy aquí cien años…&lt;br /&gt;            _ Y qué me dices de Tirso de Molina?&lt;br /&gt;            _ Muy buen literato!! Hablo mucho con él, es un gran amigo.&lt;br /&gt;            _ Y sabes que Tirso…&lt;br /&gt;            _ Don Tirso, por favor, don Tirso… un poco de respeto!&lt;br /&gt;            _ Ya, don Tirso… sabes que está muerto, que murió hace cientos de años?&lt;br /&gt;            _ No…! No puede ser! Los genios son eternos.&lt;br /&gt;            _ Su obra es eterna, Bob, su obra…&lt;br /&gt;            _ Y ellos en su obra, don Director del centro y mi psiquiatra. Don Tirso me habla cada vez que le leo, y Lope de Vega, y Shakespeare, y Oscar Wilde…&lt;br /&gt;            _ Bueno, por hoy vale… venga, sal de aquí!&lt;br /&gt;El psiquiatra apretó un botón de su mesa e, inmediatamente, aparecieron los animales de blanco para devolver a Bob al patio. Se le vino a la memoria Paulov y su perro y es que esos sicarios se comportaron como el can cuando el viejo tocó ese botón. Pensó en que, posiblemente, hasta salivarían también.&lt;br /&gt;En el patio todo seguía igual que cuando se fue, cada loco con su tema pero, dentro de lo malo, el sitio que dejó en la sombra, estaba aún libre y era un buen sitio, alejado de los demás y de la visión de las cuidadoras. Allí retomó su trabajo de desarrollo de un plan para no volverse loco, aunque no avanzó mucho ya que no tardó en arrimarse otro huésped del centro.&lt;br /&gt;            _ Hola, qué tal? _preguntó el arrimado muy alegre.&lt;br /&gt;            _ Y tú quien eres? Perdóname, pero estoy pensando…&lt;br /&gt;            _ Yo soy “Número cinco”. Esos dos animales de blanco se ríen de mí y me dicen “Chanel”… hijos de puta…!&lt;br /&gt;            _ Yo Bob, pero es que estoy realmente ocupado, de veras.&lt;br /&gt;            _ Y qué piensas? Si me lo dices, me voy.&lt;br /&gt;            _ Joder…! Pienso en un plan que tengo que desarrollar…&lt;br /&gt;            _ Y para qué?&lt;br /&gt;            _ Para no volverme loco aquí dentro… Para mantener mi cabeza distraída de todo esto.&lt;br /&gt;            _ Ah…! Y en qué consiste?&lt;br /&gt;            _ Pues consiste en… …no se lo cuentes a nadie… …consiste en escaparme de aquí y volver a mi barrio.&lt;br /&gt;            _ Wow!! Escaparte de aquí!! Es posible que pueda ayudarte, siempre y cuando tú me ayudes a mí.&lt;br /&gt;            _ Bueno… y qué tendría que hacer? Si es sexual, olvídate, que a mí me van las mujeres… y mucho además…&lt;br /&gt;            _ No, nada de sexo… Sólo quiero vengarme de esos cerdos de blanco y del nazi del director.&lt;br /&gt;            _ Y por qué?&lt;br /&gt;            _ Porque se ríen de mí, ya te lo he dicho!! Y además, golpean a la gente y la pinchan y la atan… y sé de buena tinta, que ese director nazi visita mucho, por las noches, el ala de las internas…&lt;br /&gt;            _ Eso es muy grave Número cinco!! Dime, cómo te puedo ayudar yo?&lt;br /&gt;            _ Mira Bob, yo sé que tú no estás loco y que lees mucho y que eres muy inteligente. Quiero que les digas, al director y a los brutos, ciertas cosas que yo te iré contando… Con eso, ya verás cómo me vengo de esos salvajes!!&lt;br /&gt;            _ No parece muy difícil… pero, por qué no se las dices tú?&lt;br /&gt;            _ Porque yo no puedo acercarme a ellos y tú sí… Mira, escucha bien Bob, lo primero que has de decir al director, mañana, cuando estés en terapia con él, es que la interna Carol Ann Dixon tiene una mancha de semen en su pijama y que, además, la gobernanta del ala femenino se ha dado cuenta. No olvides decírselo, ok?&lt;br /&gt;El día continuó su curso con la comida (igual de mala que el desayuno), la siesta, unos juegos de mesa aburridísimos, un poco de caja tonta y la cama. La hora de acostarse era muy pronto, mucho más de lo que Bob solía hacer en su casa y eso hizo que estuviera un buen rato con los ojos como platos, tumbado encima de la cama, hasta que llegó el momento de las pastillas. Era sólo la segunda noche, pero el nuevo estuvo listo ya, y se las tomó, sin rechistar, delante de los animales de Paulov, que, orgullosos del miedo que infundían, no repararon en que no llegaron a pasar de su boca hacia su garganta. Después, las machacó con los pies y las espolvoreó por la ventana. Igual de despierto que antes de la visita, comprobó cómo eran las noches en ese lugar. Ya son duras cuando uno está fuera de su casa contra su voluntad, pero allí eran un verdadero infierno, lleno de alaridos, de golpes de cabezas contra las puertas, de rozar porras en las paredes del pasillo y de risas de voces feroces que provocaban la humillación de los que estaban dentro de las celdas, porque eso es lo que eran, celdas blancas en una cárcel blanca. Bob, finalmente, se durmió, más por aburrimiento que por sueño.Unas horas después, abrió los ojos, un poco antes del milagro. Bob llamaba así a los amaneceres, “el milagro”, porque pensaba que, efectivamente, lo era, ya que nadie, absolutamente nadie, podía asegurar que el sol fuera a salir cada mañana. Simplemente sale y no caemos en la cuenta de que han de suceder un montón de cosas extraordinarias para que eso suceda, pero Mr. Keagan  si pensaba en ello, de ahí que observara los amaneceres como si fuera un ciego que acaba de recobrar la vista y el milagro de aquel día no fue distinto a los demás. Mirando el naranja del cielo, pensó en Número cinco. No era un tipo como los otros que había en aquel sitio, era distinto, le faltaba en su expresión la inocencia que se puede ver a los locos. Es cierto que la locura llega a dar miedo, pero los que la padecen, son, se quiera o no, inocentes, y eso se nota en sus ojos cuando se los mira detenidamente. Número cinco tenía cara y mirada de resabiado, de hombre experimentado y curtido por la vida y había algo especialmente peculiar en él, y es que no llevaba la maldita pulsera. Sería, acaso, un trabajador del centro? Un voluntario de alguna organización de ayuda? Las preguntas llegaban solas a Bob, pero tampoco puso empeño en intentar responderlas porque, realmente, no importaba ni lo más mínimo. Lo que importaba es que Número cinco le ayudaría a salir de allí.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-6695381595677821339?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/6695381595677821339/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6695381595677821339'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6695381595677821339'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-ii.html' title='El manicomio (parte II)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-6743294477726736220</id><published>2010-02-02T11:29:00.000-08:00</published><updated>2010-02-02T11:30:28.024-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El manicomio'/><title type='text'>El manicomio, parte I</title><content type='html'>Después de treinta y cinco años, Bob Keagan ingresó en un centro psiquiátrico. Decía que veía y hablaba con personas que le contaban cosas, secretos de todos aquellos que le rodeaban. Una vez, hacía ya un par de años, subió al ático de su edificio y, sin motivo alguno, le dijo a su vecino que su esposa le engañaba con otro, así, sin más. Él no lo sabía con seguridad, simplemente vio a un tipo sentado en su sofá después de comer que se lo contó. Ese día recibió una buena mano de bofetadas, pero ya estaba acostumbrado porque no era la primera y, de seguir así, no sería la última vez que contara aquellos "secretos" que, por otra parte, resultaba que eran verdad, porque la esposa del vecino del ático era más fina que el coral y hacía ya unos cuantos meses que andaba beneficiándose a un repartidor del mercado...&lt;br /&gt;Bob no sabía por qué le llevaban a aquel lugar, no se sentía mal, no era violento, no se comportaba como el típico loco, pero bueno, ya se sabe, las cosas de los vecinos de los barrios pequeños... " que si ese tipo mira mal...", "que si juega sospechosamente con los niños en el parque...", "que si su casa huele mal...", "que si vive solo y nunca recibe a nadie..." Este último rumor Bob nunca lo entendió, porque a su casa llegaban montones y montones de personas para charlar pero se conoce que debían subir justo cuando nadie los veía.. De todos modos, Bob aceptó sin quejas el ir al centro municipal, incluso se podría decir que con alegría, porque pensó que sería como vivir una aventura lejos de su barrio del que nunca salió.&lt;br /&gt;No tardaron mucho en llegar al centro, no hay nada como una buena sirena para ir rápido por Nueva York. Le hicieron esperar en una sala fría y desangelada, escoltado por dos hombres, realmente grandes y fuertes, que vestían de blanco de los pies a la cabeza. La espera no fue larga y, de un golpe en la puerta, apareció otro hombre, también vestido de blanco, aunque éste era delgado y viejo, con la nariz aguileña, como un gancho de colgar cerdos, y con los cuatro pelos que le quedaban muy despeinados. Éste sí que tenía cara de loco y fue algo que puso realmente contento a Bob que por fin podría decir que una vez vio un loco de verdad.&lt;br /&gt;El viejo loco y despeinado, con desprecio, le plantó unos papeles a Bob delante de las narices con un bolígrafo que los sujetaba. Aunque no dijo ni una sola palabra, Bob pensó que era evidente lo que el "zumbao" quería y firmó. Una vez lo hubo hecho, el viejo hizo un gesto a las dos torres aquellas que no perdieron ni un solo instante y agarraron al recién interno por los brazos y lo arrastraron hasta otra sala, igual de fría y desangelada pero además, con duchas y una camilla que, la verdad, daba grima solo de verla. Le desnudaron, le ducharon con una manguera_ "como el acorralado..." pensó Bob_ y le examinaron a fondo. Ese " a fondo" fue un complemento circunstancial de modo que ya no le gustó tanto a Bob porque, hasta donde él había visto, en "Acorralado" no le practicaron a Silvester un tacto rectal tan... tan... tan rectal... Pero lo que más le molestó no fue eso, que, a final de cuantas, tan sólo duró unos segundos. Lo que le molestó, lo que le enfadó es que no le devolvieron su ropa, sus Levi´s que tanto amaba y, en cambio, le vistieron con un pijama de abuelo color, yo que sé qué color, que además era feísimo, con el que se encontraba muy incómodo, y mucho más incómodo que se sintió cuando le pusieron una pulsera de plástico con un código de barras en la muñeca, como si fuera un grillete. Cuando acabó ese ritual de higiene, vestimenta y esclavitud, los hombres grandes de blanco empezaron a soltar carcajadas y, entre bromas y miradas cómplices, preguntaron "qué? Y a ti, cómo quieres que te llamemos? Napoleón o Ben Franklin?" Bob los miró con cara de muy pocos amigos y en un tono muy sobrio les dijo " para vosotros Mr. Keagan".&lt;br /&gt;Ya en la habitación que le asignaron, observó que la diminuta ventana de la que podía disfrutar, tenía unos barrotes gordos pintados de blanco. Se giró hacia los dos animales aquellos y, esta vez en un tono sereno y educado, les dijo que los barrotes los podían quitar, que no tenía ninguna intención de escapar, que nunca escapó de aquello que tenía delante y que no iba a ser ésa la primera vez. Uno de los celadores, también muy amable y sereno, respondió "mire Mr. Keagan, esos barrotes los mandó instalar el último inquilino de esta "suite", nada más y nada menos que el general Lee y no querrá usted desairar al general Lee.." e inmediatamente después rompieron a reír como si estuvieran en un circo o en el show de Letterman. Fue ahí cuando Bob Keagan supo que no se iba a llevar nada bien con aquellos dos negreros y mucho menos aún después de que escucharan lo que les contestó: "Miren, si quieren y disponen de tiempo, yo creo que, por las tardes, les puedo dar unas lecciones de historia americana, que creo que las necesitan... El general Lee... hay que joderse...!! Fue también ahí cuando Bob Keagan conoció las correas de cuero con las que le amenazaron y que, desde ese momento, estarían como la espada de Damocles, sobre su cabeza.&lt;br /&gt;Sólo llevaba unos minutos a solas en su habitación, cuando se abrió la puerta después del ruido de tres cerraduras. Era el viejo loco de nuevo. Le saludó y le dijo que era el director del centro y su psiquiatra,  que charlarían todos los días una hora o así por las mañanas y que debía tomarse un par de pastillas que dejó caer en su mano.&lt;br /&gt;Bob se negó. Nunca le habían gustado los medicamentos, decía que tanta química en el cuerpo no podía ser buena, así que, con su tono sereno, ya casi famoso en aquel centro, dijo " no se moleste Mr. Director del centro y mi psiquiatra, no me las voy a tomar, no creo que las necesite en absol.." Una mano gigante le agarró la cara y, a base de apretar, consiguió que Bob abriera la boca lo suficiente como para que el Mr. Director del centro y su psiquiatra lanzara esas dos bombitas químicas directamente al esófago. Este último episodio dejó muy intranquilo al nuevo huésped, que apenas pudo pegar ojo dándole vueltas una y otra vez al concepto que se había instalado en su cabeza: cárcel! No importaba que fuera educado o tranquilo o amable, siempre sería tratado como un recluso más, mucho peor de como le trataban los vecinos de su querido barrio, ese mismo barrio al que esa noche echó de menos más que nunca, no por acordarse mucho de él, sino porque era la primera vez que lo había dejado, por lo tanto era la primera y única vez que lo echaba de menos, de ahí el "más que nunca".&lt;br /&gt;Un timbre ensordecedor sonó muy pronto, demasiado pronto, porque apenas despuntaba el sol y, aunque aquel estruendo hubiera despertado a los muertos del cementerio, a Bob no le causó ningún efecto, dado que no había dormido... En cualquier caso, le despertó aún más. Estaba muy demacrado, se conoce que el sufrimiento nocturno había sido intenso pensando en que se iba a encontrar en aquella aventura que sus queridísimos vecinos le habían proporcionado totalmente gratis y lo primero que se encontró fue una nueva toma de "Acorralado" en las duchas, esta vez, con otros nueve tipos más que únicamente soltaron por la boca unos alaridos espeluznantes. Bob quizá estuviera loco, pero de tonto no tenía nada de nada y se fijó en que los otros nueve reclusos tenían también pulseras, pero ellos de distinto color que la suya... Serían peligrosos? Serían sodomitas y los animales de los celadores se querían vengar por lo del día anterior? Éstas y otras preguntas se agolparon en la cabeza del nuevo y allí se quedaron, porque ese nuevo ya aprendió a no decir ni "esta boca es mía" delante del escuadrón de la muerte de Mr. Director del centro y su psiquiatra, así que, calló, se frotó bien detrás de las orejitas, vigiló su retaguardia por si la respuesta era afirmativa a alguna de sus preguntas y se volvió a poner el pijama de preso que le habían dado, uno igualito que el de los otros nueve. "Qué desgracia...!"_ pensó_ "parecemos los judíos en Auschwitz..."Fueron llevados al comedor del centro. En realidad, fue llevado Bob solamente, que los otros ya sabían de sobra el camino. El comedor estaba atestado de gente y el ruido de las cucharillas en las tazas hacía que no se oyera ni una sola voz humana ni nada que pueda salir de la boca de un humano. El menú era simple: Zumo de naranja de bote (malísimo), taza de café descafeinado medio aguado con leche desnatada (peor aún que el zumo)  y unas tostadas a medio hacer, ya untadas de una pasta violeta. Bob se hizo fuerte y comió, aunque pensó que los dueños de aquella cárcel-centro debían ser europeos porque un americano nunca desayunaría tan poco ni tan malo... Bueno, posiblemente alguno de Georgia sí, que allí con beber y masturbarse pensando en sus hermanas tienen bastante. Rumiando un bocado de la tostada que le tocó en suerte, tuvo el primer contacto con un igual, con un preso, con un loco con pulsera del mismo color que la suya.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-6743294477726736220?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/6743294477726736220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6743294477726736220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/6743294477726736220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/02/el-manicomio-parte-i.html' title='El manicomio, parte I'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-4972822771183796675</id><published>2010-01-25T09:30:00.000-08:00</published><updated>2010-01-25T09:34:39.130-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Siete años'/><title type='text'>Siete años</title><content type='html'>"Siete años... Siete años trabajando como un animal, de sol a sol, metido en este agujero con asientos de cuero, no perdiendo de vista ni un solo instante la pantalla del ordenador... Siete largos años con la corbata al cuello, haciendo crecer más y más sus ya grandes cuentas, gota a gota, con la calderilla de todos estos pobrecillos. Siete años localizando y mordiendo yugulares y saboreando la sangre de esos vencidos hasta llegar a amar ese sabor, el sabor de la jungla, el sabor del triunfador, del sistema definitivo... Siete años siendo juez de la vida de los demás, decidiendo dónde dormirían los hijos de los hipotecados. Siete años abandonando a mi familia, siete años de la vida de mi hijo al que no vi crecer por estar aquí metido con el teléfono en la oreja. Siete años de cenas, comidas, copas, regalos, adulaciones, de manos por la espalda, por la mía y por las de otros, notando el tacto de esos trajes caros y de otros no tan caros.. Siete años de "venga usted mañana", de "están los papeles arriba, ellos deciden", de "el ordenador no me deja autorizar esa operación..." Siete años metiendo la cabeza pelada por agujeros infectos en busca de jirones de carne semiputrefacta, Siete años aguantando llantos y babas de paletos a los que les quité todo, haciendo de la eficiencia una forma de vida. Siete años anulando mi propio cerebro para sustituirlo por el suyo, viendo, oyendo, callando y ejecutando, engañando, robando, mintiendo, retorciendo y tergiversando, amasando su pan y obedeciendo sin escrúpulos... Joder, siete años!! No faltando ni un solo segundo, haciendo aquello que me pidieron multiplicado por cien, e incluso haciendo lo que no pidieron y que yo les regalé...&lt;br /&gt;Es el momento de tomar mi tajada, de mi parte del pastel, ese pastel que yo ayudé a crear. Es mío también y lo quiero ya... no mañana, ni pasado mañana o el mes que viene o el año que viene... lo quiero ahora, quiero eso que me diferencie de una vez por todas de todos esos pobres diablos con los he tenido que tratar hasta hoy, eso que me ponga en el lugar que realmente merezco. Quiero mi dinero, joder!! He trabajado muy duro para eso y, joder, estamos en América!! Siempre hay un buen pellizco para la gente competente y patriota como yo...&lt;br /&gt;Pero basta ya de pensar en lo que pasó porque aquí está, encima de mi mesa... Ya no más mirar a atrás, ya no más discusiones en casa ni más de ese maldito Volvo ranchera al que le suenan todas las tuercas..."&lt;br /&gt;Tembloroso, cogió el sobre de encima de la mesa. Lo miró por delante, lo miró por detrás, lo levantó y lo volvió a mirar al trasluz en la ventana de su despacho. Se lo llevó a la cara, lo besó, lo abrazó, lo olió, "huele a éxito, a triunfo en la batalla, huele a trabajo bien hecho... huele... huele a mi!" exclamó en voz muy alta.&lt;br /&gt;Finalmente, lo abrió. Desdobló el folio que había dentro y leyó con atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                        THE SOUTHERN BANK OF AMERICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         _Muy estimado Mr. Willard:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son ya siete años de muy eficiente servicio suyo a esta empresa y es algo que no pasa desapercibido a la Junta Directiva que administra el futuro de nuestro proyecto.&lt;br /&gt;Elegidos de entre muchos candidatos, personas como usted, comprometidos con la Compañía y con esta gran Nación, han hecho más grande nuestro horizonte con gran esfuerzo y una dedicación sin precedentes, y es por esto, que, la Junta Directiva y su Presidente al frente, quieren mostrar su más profundo agradecimiento a su extraordinaria labor.&lt;br /&gt;Michael Alexander Willard ha sido y será, siempre, un ejemplo para las nuevas incorporaciones al proyecto, jóvenes que crecerán sanos reflejados en su figura.&lt;br /&gt;Creemos, sinceramente, que una persona de su valía merece algo mejor en esta vida y esa es la oportunidad que deseamos, fervientemente, darle.&lt;br /&gt;Aprovechando un reajuste que nos vemos obligados a ejecutar en nuestro organigrama, queremos notificarle, Michale A. Willard, que queda usted despedido, abriéndole así las puertas a un mundo lleno de posibilidades, que no quedará indiferente cuando le observe.&lt;br /&gt;Esperamos, como gesto de agradecimiento por la confianza depositada en usted estos siete años, que renuncie al paquete de acciones que adquirió en la ampliación de capital del último ejercicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin más por el momento, reciba usted un cordial saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                        Henry H. Douglas.- Jefe de personal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-4972822771183796675?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/4972822771183796675/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/01/siete-anos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4972822771183796675'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/4972822771183796675'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/01/siete-anos.html' title='Siete años'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6562346184262280718.post-7109789895840617660</id><published>2010-01-17T11:39:00.000-08:00</published><updated>2010-01-24T02:23:22.040-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Introducción'/><title type='text'>Introducción (Los textos de James Stapleton)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Querer y no poder, tener las fuerzas, la disposición pero no las oportunidades, y con la frustración añadida de saber que existen y que están por ahí, a millones, pero que son intocables, inalcanzables, que te quedan tan lejos que te resultaría más fácil subir a la luna... Es como morirse de sed en medio del océano entre billones y billones de litros de agua que no puedes llevarte a la boca. O como caminar por una calle vacía bajo una lluvia torrencial y no encontrarte a nadie que te abra la puerta de su casa a pesar de aporrearlas con desesperación.&lt;br /&gt;Así se sentía James Stapleton y lo hacía porque era su realidad, objetiva, cruda y sin paliativos, como si fuera el dueño de una tienda de zapatos donde, día tras día, nadie entrara, ni aun a mirar, tan sólo el cartero para traer cartas de los bancos.&lt;br /&gt;James Stapleton era un neoyorquino que vivía en Irvington, al suroeste de Nueva York. Se fue allí intentando huir del bullicio y de la velocidad de la gran metrópoli, buscando algo más de humanidad en alguna población que anduviera en adagio. No encontró esa humanidad, porque la ausencia de relojes deshumaniza tanto como la dependencia de ellos; y es que el problema no son los relojes sino la gente que los lleva, o que no los lleva y el uso o no uso que hacen del tiempo que tienen.&lt;br /&gt;Él podía tener tanto o más que cualquiera. Tenía aptitudes y, a pesar de su circunstancia, actitud. Era inteligente, profundo, atractivo, amable, honesto y generoso pero era algo que nadie sabía, no porque no lo enseñara, sino porque nadie emplea tiempo para profundizar en los demás. Es muy curioso. La gran mayoría de la gente viaja, hace cursos, sale al campo, usa foros de internet... y todo con el único objetivo de "conocer gente" (eso dicen), pero todos, sin excepción, niegan la oportunidad a los demás de darse a conocer absolutamente preocupados en maquillar su propia realidad hablando continuamente de ellos mismos.&lt;br /&gt;James Stapleton jamás hablaba de sí mismo (ni aún con él mismo, que ya se conocía demasiado bien) porque le parecía algo pedante y engreído hacerlo. Siempre pensó que lo justo y deseable era que los demás le conocieran por lo que hacía, pensaba y sentía y no por lo que decía, porque uno puede decir cualquier cosa de sí mismo, pero, inevitablemente, terminará haciendo y sintiendo aquello que corresponde con su verdadero yo. Así, James Stapleton nunca contó a nadie que recorrió Sudamérica o que conoció al Subcomandante Marcos en Chiapas o que hablaba un castellano fluido o que había cruzado el Atlas en bicicleta, y no lo hizo porque no eran cosas que le definieran.&lt;br /&gt;James Stapleton, Mr. Stapleton , como le decían en el trabajo, ocupaba un puesto en el servicio de control del tráfico de su ciudad, en una oficina dependiente del ayuntamiento de Nueva York, más concretamente, se dedicaba a controlar los semáforos de Irvington. Su día a día se basaba en estar delante de un panel lleno de luces blancas y dar un aviso cuando alguna de ellas se volviera roja, algo digno de alguien que leía a Nietzche, como él mismo solía apuntar de vez en cuando.&lt;br /&gt;Aparte de esto, que era con lo que comía, ocupaba el resto de su tiempo en escribir. Escribía cuentos, relatos, ensayos y pensamientos sobre él mismo, pero nunca consiguió que le publicaran nada aunque eran trabajos de alta calidad literaria, tanto estilística como conceptualmente. Aquí, como en las demás facetas de su vida, las puertas permanecían cerradas aún cuando era mucho mejor escritor que muchos a los que se les recibía con los brazos abiertos en la editoras. Era otro motivo de frustración, pero no por ello dejó de escribir ya que no lo hacía por el cheque sino por necesidad intelectual, por calmar inquietudes interiores que continuamente crecían dentro de él.&lt;br /&gt;Pero, en este mundo que llamamos justo y libre, el mercado manda, es decir, que el mundo ya no es tan justo ni tan libre porque los mandatos del mercado son muy claros y precisos: dinero y superficie. James Stapleton no cumplía, en ningún caso, con el segundo mandato y eso le cerraba las puertas a intentar cumplir con el primero. El mercado penaliza severamente a quienes no cumplen con sus exigencias, hasta el punto de destruirlos socialmente, aunque no fue el caso de James Stapleton, que, a fuerza de desventura, se acomodó en el desierto, que es un lugar que el mercado creó para hacinar a todos aquellos que no entraban por su aro pero donde no tiene ninguna autoridad.&lt;br /&gt;De esa manera, Mr. Stapleton era libre de escribir todo lo que él quería y era justamente lo que hacía: escribía sobre sus sentimientos, sobre la tristeza y la soledad que le aplastaba, sobre la oportunidad que le brindaban éstas para aprender; escribía sobre los comportamientos humanos, siempre sujetos a prejuicios y al nivel de autoestima, que hacen que los adultos sean niños y que los niños sean adultos y que elimina cualquier posibilidad de sensatez y lógica en favor de un sistema que promueve la felicidad eterna basada en lo material; escribía sobre el amor verdadero, ese que no hace que se sientan mariposas en el estómago pero que te enseña a entender, a escuchar y a respetar a la otra parte, ese amor que conocen muchos solteros y que desconocen muchos casados, un amor libre de príncipes azules y de princesas encantadas, libre de convenciones sociales y de protocolos, libre de egoísmo; escribía sobre política, donde, sin ser un experto politólogo, simplemente aplicando un poco de sentido común, encontraba los motivos y los métodos de la corrupción galopante, pilar fundamental en el que se apoyaba aquel mercado que le obviaba.&lt;br /&gt;James Stapleton era un hombre cansado, exhausto, agotado por tener que luchar, hasta la muerte casi, por una simple bocanada de aire fresco; era como un Sísifo moderno, pero sin haber violado ninguna norma del Olimpo y llevaba tanto tiempo tirando de la gran piedra que ya casi la amaba.&lt;br /&gt;Una mañana cualquiera, James Stapleton se levantó, se duchó, fue a trabajar y a la salida se pasó por Strassberg Jellewery en Lyons Ave con Union Ave, fue a correos y envió más de cinco mil folios escritos a mano; volvió a su casa, se miró al espejo, abrió el paquete que compró en Strassberg´s y se pegó un tiro en la boca. Es un dilema, lo fue y lo será, si ese acto es un acto de valentía o de cobardía. Los que siempre huyen de sus propios problemas dicen que es cobardía.&lt;br /&gt;Que cómo sé yo todo esto? Conocí a James Stapleton en Madrid y tuve ocasión de hablar mucho con él, acompañados por un amigo común, un tal Jhonny Walker. Varios meses después, por suerte o por desgracia, fui yo el que recibió esos cinco mil folios manuscritos en castellano y fui yo el que cambió su manera de ver la vida después de haberlos leído; de ahí que emplee mi tiempo ahora en publicar, poco a poco, los escritos de James Stapleton.&lt;br /&gt;Es probable que, ahora que Mr. Stapleton se ha ido, todas las letras que juntó en estos folios empiecen a valorarse, porque en este mundo que vivimos, en este mundo que hemos creado, lleno de contradicciones, incongruente, superficial y engordado artificialmente con leyendas y mitos, valemos más muertos que vivos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6562346184262280718-7109789895840617660?l=losescritosdestapleton.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/feeds/7109789895840617660/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/01/introduccion-los-textos-de-james.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7109789895840617660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6562346184262280718/posts/default/7109789895840617660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://losescritosdestapleton.blogspot.com/2010/01/introduccion-los-textos-de-james.html' title='Introducción (Los textos de James Stapleton)'/><author><name>benjaminlois</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00189242338267913712</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_c_7umwhgYkw/SU_Ib7jMkRI/AAAAAAAAABk/UQhLYsEbGoA/S220/DE+NIRO.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
